domingo, 27 de abril de 2014

El Arrobo no necesita horas

En Sueño Profético decían:

El Arrobo no necesita horas; en segundos es sacado el espíritu de la carne; ha visto, ha oído y ha vuelto otra vez a la materia, pero aunque rapidez es Poder, el Poder de Dios hace muchas veces demora para que el arrobado tenga más Visión y más explicaciones para enseñar a la materia.

Dijo uno:

Visión para el espíritu no necesita las explicaciones que cuando es Visión para que otros sepan y aprendan por las explicaciones que dé el arrobado. Esto es Visión igual, pero explicación distinta. La Visión que no tienes que transmitir a otros, no manda Dios explicación tenga.

Estos Arrobos, cuando más han durado, más Enseñanza; Espíritu sin materia, es rápida su ida y más pesado su retorno a la materia; si la materia está pesada, el espíritu la despierta y va acoplando Enseñanza y acaparando materia.

Es curioso que diga el hombre “yo amo”, y que en nada de esto crea, porque si dice que cree, Aquí le dan la respuesta:

“Busca donde te digan la Verdad de Cielo o Tierra, la Verdad para tus dudas, porque la Verdad de Dios puedes verla cuando quieras”.

Con que te mires tus pies, piensa quién te los maneja. Si el espíritu te falta y de pie así te vieran, ¿quién movería tus pies, ni tus brazos, ni tu lengua?

Pues leyendo estas frases que Aquí dictan, ves lo que es vida y lo que es carne muerta, que siendo el mismo hombre, respiración y vaho no deja.

Desperté, oí:

Si al nacer, Dios da vida
sin que nadie vida diera,
¿qué más puedes tener duda
de todo lo que Dios hiciera?

Si la muerte no se detiene
cuando su minuto llega,
¿qué más puedes pedir ver
para creer lo que hiciera?  

Las dudas que pone el hombre,
siempre estarán mal puestas.

Porque si amas te olvidas,
cuando la actuación es perfecta.

El que duda y no busca Verdad,
no quiere saberla.

Y el que cree estos Dictados,
es Vida oír a ella.

Porque sabe que Dios habla
dando Vida al que quiera.

Si sus Palabras abrigas,
ya vives la Gloria en Tierra.


***

Libro 11 - Te Habla el Profeta - Tomo II - Pag. 10-11-12