sábado, 12 de abril de 2014

El ruego por el pecador

En Sueño Profético decían:

Es cumplir una obediencia el rogar por los pecadores y quitarlos del pecado.

Si vives amando a Dios, tú ya irás buscando para quitar de pecar.

Dijo uno que ya Dios le deja el Mando:

El que ama a Dios, sufre por el que está pecando, porque ve que sufre Dios.

Si esto lo cogiera el hombre como el médico coge la enfermedad de la carne, ¡cuántos verían el pecado como la lepra y el cáncer, o cuando el cerebro dice: “por aquí no pasa la sangre”!

El médico cura al hombre sin conocerlo y sin quererlo. Mayoría de las veces, si el médico curara al que quisiera por cariño, se morían los pacientes. El médico que es de Dios, cura con el “Sí” que Dios le manda.

Pues el que quite de pecar –aunque al pecador no quiera–, Dios ya le dará buena renta. Porque la otra curación, ¿qué importancia tiene a ésta?, y Dios se la está mandando de segundo en segundo para no quedar la carne muerta.

Desperté, oí:

El hombre,
en vez de pedir por el pecador,
lo maldice y se aparta,
y esto ya no es de Dios.

Si Dios apartara al que pecó
o al que está para pecar,
a muy pocos verían con Él.

El ruego por el pecador
debía de hacerlo el hombre
como la comida que come.

Como un trabajo que obliga
el dueño que está pagando.

Es un deber de pedir a Dios
por los pecadores.

Y maldecir los espíritus
que en contra de Dios los ponen.

Los demonios tienen fuerza
porque no aman los hombres.


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Libro 16 - Dios No Quiere, Permite - Tomo II - Pág. 168-169-170