martes, 6 de mayo de 2014

A mi Dios sentí ahí y con mi Dios vivo Aquí

En este Sueño Profético hablaban de la publicación del Mensaje. Decían:

Esta publicación no es que sea necesaria, es que es imprescindible. Sin publicación, abandonaría ella la materia y quedaría el Mensaje oído por un número pequeñísimo. Para esto no se comunica Dios. Este Mensaje: “Que me ves dilo, publícalo”, ya debía de ser conocido por todo el mundo, una vez que su Comunicación no es para el que la recibe. El que recibe la Comunicación no puede detener palabra, y sí almacenar sufrimientos. Este sufrimiento es: Dios diciendo, y el hombre queriendo callar a Dios. Esto es, el cristal quererle impedir al sol que entre en su vivienda. El hombre habla mucho de Dios, pero el hombre no tiene ganas de saber de Dios.

Despierta, oí:

Piensa que no vives para morir,
y que sí vives cuando mueres.

Y en este vivir Aquí,
ya tu lucha ha cesado,
porque en la Gloria de Dios
sólo contempla el Amado.

Este Amado, que Él te busca
y que tú no quieres hallarlo.

Él te deja en Libertad,
pero te ofrece su Gloria,
y si tú Lo amas,
este ofrecer que es Amor,
es el que te entra en su Gloria.

Dios no obliga,
pero su Amor es tan grande,
que si tú dices “Señor, te amo”,
Él te acerca, te acerca
arrobándote tu espíritu
hasta elevarte a la cima.

Yo, Teresa de Ávila,
a mi Dios sentí ahí
y con mi Dios vivo Aquí.


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Libro 12 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo II - Pág. 205-206