domingo, 18 de mayo de 2014

Caridad, palabra que huele a Gloria

En Sueño Profético decían:

El que ama practica la caridad. Caridad, palabra que huele a Gloria.

Yo tuve grande amistad con uno que siempre andaba oliendo dónde podría consolar con su ayuda: en la enfermedad, en la falta de salario y en apaciguar al espíritu para que viviera con la Paz que Dios manda que viva.

Todo el que diga “yo a Dios amo”, no puede quedar desconectado del afligido.

Este grande Juan al que refiero, siempre iba en mi busca y éstas eran sus palabras: “¿Puedes darme para este enfermo que no tiene donde recostarse y ni pizca de alimento?”. Ya nos contaba la historia, y como a él veías tan bueno, se te salía el “San” antes que el Juan lo dijeras. Ya que le daba el apaño y el caso lo resolvía, me decía: “Hasta mañana, que vendré a verte otra vez porque sé fijo que si yo rezo, a ti te lo manda, para que a mí me lo des. Yo no pago, pero paga Él”.

No he visto cara más contenta que la que se le veía a él. Yo creo que yo le daba, por verlo a él correr, con el bolsillo sonando en forma de cascabel. Unos amigos y yo le hacíamos buen papel. No hacíamos grandes gastos sin ir primero donde él. Ya nos quitábamos peso cuando dejábamos a él contando: “Éste “pa” éste; éste “pa” aquél”.

Desperté, oí:

Si ves que hacen caridad,
cree ya lo demás.

Si caridad no la hiciera,
óyelo como un cualquiera.

Dios nunca puede hablar
al que caridad no haya practicado ya.

Primero la practicó
aquella que el hombre no vio.

Fue caridad espiritual,
caridad que esto es silencio,
y es cuando se ama más.

Dios quiere que sea el espíritu
el que tiene caridad.

Todo el que esto practique,
Dios tiene en él que hablar.

Porque Él Allí te espera,
en los sitios que tú vas.


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Libro 9 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo I - Pág. 195-196-197