martes, 24 de junio de 2014

Dios Naturaleza

En Sueño Profético decían:

Hoy dictaremos este Arrobo cuando esté espíritu con materia. Sólo si el hombre se detuviera a leerlo y creyera en Dios, veía esta Verdad, Comunicación del Cielo.

Dijo uno:

El que crea y no ame, tiene que sentir miedo. En este Arrobo hoy le habla Dios, pero Naturaleza.

Apareció el campo, y el mismo explicaba:

Todo esto, si lo miras,
lo verás humilde,
lo verás con pena,
lo verás esperando
a un Dios Naturaleza,
a un Dios que por ser Dueño,
ha de cuidar como quiera,
sin oír las alabanzas,
porque antes no oyó quimeras.

Este campo tiene dueños
de ahí de la misma Tierra,
pero ellos no los tienen
porque éstos dueños sean.

Estos campos obedecen
al Dueño cuando los siembran,
al Dueño pero no dueño
del que la labra y la siega.

Estos campos obedecen
al que manda la cosecha
cuando les llena el granero;
cuando les llena el granero
o cuando lluvia les echa,
o cuando llega la nube
y se acabó la cosecha.

Todo lo hace este Dueño
que es Dios y Naturaleza,
que sabe mejor que nadie
lo que los campos quisieran,
pero tienen que esperar
como el nido a la cigüeña,
que nadie le podrá dar,
por la altura que se encuentra.
Que esto ha sido un comparar.

Si el hombre mirara al campo,
vería al campo llamar a Dios,
Dueño de los aires,
Dueño de la lluvia,
del rocío que riega con suavidad.

El hombre le manda a Dios
para la tierra cuidar,
y no sabe que la tierra
obedece a Dios “na” más.

Desperté, oí:

¡Qué arrobo y qué Dictado
de Poder de Dios del Cielo!

¡Cómo te habla de los campos
y te dice que lo pienses,
de quién es este Dictado!

Este Dictado es de Dios,
como son también los campos.

Dios quiere que el hombre diga:
“Siembro porque quiere el Amo”.

Dios quiere que piense el hombre,
al decir Naturaleza
“¡Tan sólo Dios la ha cuidado!”.

Cuando yo falte de aquí,
otro ya vendrá sembrando,
y Dios le dará cosecha.

Ama a Dios ahí en la Tierra,
y Dios cuidará tus campos.

Que si tú creces en Amor,
cosecha irá aumentando.

Dios quiere que el hombre diga:
“Sin Dios, no vivía el campo”.


***

Libro 9 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo I - Pag. 80-81-82