jueves, 26 de junio de 2014

El gentil

En Sueño Profético contaban, que un día fue un gentil a la casa del Maestro a invitarlo a que acudiera a una reunión para que les hablara del Padre y de lo que sí o no tenían que hacer para ganar la Gloria que por Él tenían prometida. Fue difícil este gentil hablar con el Maestro, por difícil el cogerlo en su casa, y la Madre Virgen, con grande Amor queda con el encargo del gentil, al que después da aún con más Amor a su Hijo, éste, Dios Hombre.

Fue ver salir al gentil de la casa de José, y unos de igual clase que éstos, preguntarle:

   –Tú, Ginés, ¿tienes amistad o quieres, con Ése que tanta revolución está formando con sus Palabras?

   –Decirte que no, miento, y sería pedir yo mismo el desprecio de Dios, que firmemente así lo creo.

   –No sigamos el uno en contra del otro, que yo me uno a tu firmeza. Si te faltara local, cambia la cita a mi casa, ya que mis salones son inmensos y mis criados tienen ganas de Servirlo y Oírlo hablar de cerca.

Desperté, oí:

Con entrar el gentil en casa del Maestro, ¡a cuántos hizo que al Maestro oyeran!

Esto hacía falta para el que no amaba.

Pero cuando amaban, iban al encuentro del Maestro para oír sus Palabras, que daban Vida sin ayuda material.

Había quien Lo seguía y se olvidaba de la comida y el sueño.

El primer gentil ama, el segundo quiere seguirlo para ver si él también ama.

Los criados del segundo gentil amaban antes de que su amo amara.

Los criados, al enterarse de que había ofrecido local, antes de ver al Maestro, la fiesta la forman ya.

¡Qué poquito hizo el gentil para lo que Dios le daría!: ofrecer un gran salón, y ya era Gloria segura.

El primero Lo invitó, y al segundo convirtió.

El que mucho ama a Dios, olvida la posición.

Porque en la Gloria de Dios tan sólo cabe el Amor.


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Libro 10 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo I - Pag. 25-26