lunes, 20 de abril de 2015

Refugio del Universo

En Sueño Profético decían:

No hay quien quiera ver a Dios, sigas sus Pasos y no Lo encuentre. No hay quien quiera sentirse acompañado de Él, Lo llame y no Lo sienta dentro de su mismo cuerpo como la sangre que hierve, que este “hervir” es la vida.

Dijo uno:

Es pena, y antes de pena vergüenza, que el hombre –mayoría– busque a Dios en el sufrir de la vida, en el sufrir suyo, no en el sufrir del Prójimo.

En el suyo hace el ruego sin descanso. El sufrimiento en el Prójimo molesta oírlo y, a veces, da risa en vez de llanto, para apartarte tú mismo de la ayuda que hubieras dado.

Al que sigue los Pasos de Dios, Dios le vuelve la Cara, y tú sientes que Él te abraza. Y en este abrazo de espíritu, que a veces alborota al cuerpo, dices: “¡Gracias Dios mío, Refugio del Universo!”.

Yo dije esta palabras un día que Lo llamé en un sufrimiento grande, que no podía con él. Desde ese mismo momento noté que quitaban carga y achicaban sufrimiento.

Esto nadie podía hacerlo, si no entra su Mando dentro de mi mismo cuerpo. Era ir quitando carga, y ocupaba el sitio la alegría que este Dios manda. Que esta alegría no sabrías explicarla.

Desperté, oí:

Yo me sentí avergonzado
cuando en el sufrir Lo llamé,
y en la alegría
muy poco iba a buscarlo.    

Y con lo que Él me daba,
nada al Prójimo iba a entregarle.

¡Qué cierto que el hombre pide
con ansias a Dios para él,
y con olvido para el Prójimo!

Por eso, es pena y vergüenza
el no vivir en el Prójimo.

Pena, porque a Dios haces sufrir.

Es vergüenza cuando tengas que pedir
lo que en la Tierra no encuentras.


***

Libro 19 - Dios Manda en Su Gloria, que Enseñen - Tomo III - C6