viernes, 26 de junio de 2015

La siembra del pecado

En Sueño Profético decían:

El Poder de Dios es viento,
que por muchos palos
que le pegue el hombre,
él sigue arrollando
todo lo que salga a su encuentro,
y ya quedará cansado
el que se enfrente al viento.

Hablaban de los Elegidos que el hombre les decía santos. Que el oír lo que les hicieron, te hacía sufrir, si este oír era con cuerpo.

Contaban, que dándoles los martirios, nombraban a Dios del Cielo –se oía dar latigazos–. Esto sí se puede decir que eran otros tiempos. Porque esto es del hombre, vanidoso y soberbio, sin querer que nadie se iguale a él, y mucho menos le adelante en sabiduría.

En esto si han cambiado los tiempos: en dar los martirios para que el “Sí” de Dios no se vea. Que todo viene del diablo, de su misma sementera, de donde viene lo malo para que a Dios no se quiera, tirando de ti el pecado.

Dijo uno:

Pues todo queda pisado,
como manada que entra
estando el trigo sembrado;
que si el tallo no nació,
el grano queda enterrado.

Y si el tallo nació,
lo verán pisoteado,
y será confirmación
de la fuerza que pasó
por encima del sembrado.

Esto es Palabra de Dios,
y el mundo querer callarlo 
de las mil formas y maneras
que el mundo el martirio ha dado.

Desperté, oí:


¡Cómo se vale el demonio,
primero de los que él
tiene a su servicio diabólico!

¡Que éstos hacen más daño
en los tibios y en los tontos!

En los que no cogen fuerza
de la Palabra de Dios
para resistir con fuerza
lo que no viene de Dios,
lo que viene del pecado.

Que en esto se ve regocijo
cuando el sufrir lo están dando.

Los martirios los daba el hombre
con la horca o latigazos,
para quedar en los libros:
“Éste si es hombre santo”.

Todo es soberbia y maldad
de la siembra del pecado.

Aquí ya está la siembra en espiga,
y sólo falta segarlo.

Que aseguró la cosecha
el Dueño del mundo
y el Dueño de todos los mandos.

Lo que sí pasa al sufrir
es que te crees abandonado.

Pero luego no es así.

Dios Hombre llama a Dios Padre
en su grande Sufrimiento.

Y un momento, en su Sufrir,
el hombre Le oye el lamento:

“Padre,
¿por qué Me has abandonado?”.
  

Esto lo dijo el Sufrir
de su corona y sus pinchos,
y de lo que oía decir.

Luego, los que más dijeron,
más pronto Perdón pidieron.


***

Libro 16 - Dios No Quiere, Permite - Tomo II - C8