martes, 16 de junio de 2015

No hay comparación

En Sueño Profético decían:

Dios no tiene comparaciones en lo que hizo, está haciendo o hará. A Dios no puedes decirle: “Allí hizo esto, aquí esto hará, allí por qué lo hizo y aquí no lo ha hecho ya”. A Dios no puedes mandarle, ni saber lo que Él hará.

La Virgen, siendo la Madre, no sabía su caminar: lo que ocurrió en el Templo, en las bodas de Caná, la resurrección de Lázaro, y Judas su falsedad. Esto no supo la Virgen, no por secreto guardar, fue por ser Omnipotente en crear, en Poder y en amar. Su Perdón cubre la Tierra; y su espera, al perdonar. Si esto no fuera Dios, habría Cielo nada más.

El hombre nunca podrá lo de Dios comparar. Dios no tiene medida para premiar ni para apartar.

Dijo uno:

Siendo el mismo Dios, elige con diferencia de Mando o de acción. El Mando es la inteligencia, es escala mayor. El Mando a la carne, puede no tener Mando de inteligencia: nube que pasa y agua no echa. Pero sí tapa el sol y sombra deja.

Rudo, con Mando de Dios a la inteligencia, puede mover al mundo, explicando lo que a él le enseñan, al espíritu sin cuerpo, y luego, con facilidad lo aprende el cuerpo, para poder explicar a teólogos y a hombres que entregarían su talento a lo que dictan en Gloria, que nadie puede saberlo, sea de la rama que sea.

¡Hombres investigadores, que pasan horas del día discutiendo las estrellas y visitando la Luna; buscando en alta mar, para sacar unas piedras que luego valor les dan; y en el fondo de la mina discuten el mineral; y lo de Dios no investigan!

Desperté, oí:

Se ha dicho investigar,
por decir una palabra;
que el nombre es no aceptar
al que diga: “Dios me habla”.

Aquí la investigación pone amén,
que esto es “sí” sin “sí”,
porque el amén es el que manda.

De este Mensaje
sacarían grandes temas:
teólogos, literatos y escritores,
que amaran y párvulos se sintieran.

¡Gran Mando manda Dios,
y no necesita letras!

El cuaderno es el Amor.

Y obediencia hace letras.

El amén se le oye en el eco,
al que párvulo se sienta.


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Libro 16 - Dios No Quiere, Permite - Tomo II - C2