lunes, 23 de enero de 2017

El Mando de Dios

En Sueño Profético decían:

Dios elige al que a Él se ofrece.

Dios enseña al que enseñar de Él quiere.

Y Dios manda al que su Mando pidió haciendo lo que Dios manda.

Dijo uno:

El hombre se ofrece al hombre,
si el hombre es importante.
Y no se ofrece a Dios,
para que este Dios le mande.
Luego está el mando con Mando,
que Dios manda y tú haces.
Esto ya es Mando que llega
como el que muere o el que nace,
que no muere cuando quiere,
ni tú puedes decir “mañana nace”.

Yo siempre Le pedí Mando
cuando pisaba la Tierra,
porque su Mando era Vida,
cuando yo me sentía presa.
Presa no es la palabra,
si es Dios el que te encarcela.
Lo que sí sentía yo
en aquel Mando del Cielo,
eran fuerzas sin temor,  
ni a mi espíritu, ni a mi cuerpo.

Mi cuerpo,
lo dominaba mi espíritu,
sintiendo a Dios del Cielo.
A este Dios Lo sentía cerca,
nada veía yo lejos.
A este Dios yo Le pedí
que dispusiera de mí
dentro y fuera del convento.

Desperté, oí:

Muchas veces me oyeron decir,
contenta o llorando:
“Yo no podría vivir
si no sintiera este Mando”.

Este Mando, más acampa
en tu “sí” que llevas dentro.

Este Mando, si lo sientes,
no se te acaba el contento.

Este Mando, cuando llega,
tú, Mando, ya has deseado.

Este Mando lleva fuerza
de algo que tú no ves,
que no puedes compararlo
con el mando que es cumplido
o con mando que es pagado.

Es ofrecer que tú haces,
que no sabías el pago.

¡Ay Pago de mi Señor,
que siendo el mayor Pago,
el hombre Te lo interpreta,
porque el Amor no ha llegado!

TERESA DE ÁVILA


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Libro 26 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo III - C4