jueves, 23 de febrero de 2017

El Amor a Dios al hombre

En Sueño Profético hablaban del Poder de Dios, de su Sabiduría, del Amor tan grande que le tiene al hombre.

Ya sigue Teresa de Ávila:

El que su Amor sienta,
tiene que hacerlo sentir
a gente mala y a gente buena,
que a veces este sentir
te hace pensar:

“Yo no quería a Dios,
aunque nadie lo supiera,
cuando de Él me tapaba
y le huía a las penas
que yo podía socorrer
y me alejaba de ellas.

Tengo que cambiar mi vida
y entregarme,
para que todos lo vean,
que mi Amor a Dios es tan grande
que ocultarlo no pudiera”.

Estas confesiones me hacían
que yo contestara,
y si no daba mi nombre,
ya sabían quién hablaba.

Yo nunca llegué a decir:
“Señor, yo estoy cansada”.

Yo no podía estar en reposo
por la fuerza que me empujaba,
para que todos oyeran mi nombre,
y luego, si sentían Amor a Dios,
me llamaran.
Y el que ni lo sentía ni quería,
de palabras me maltrataba.

Yo, las veces que lloré,
no eché por mí las lágrimas,
las eché por el que a mí
me mandaba con sus Palabras.

Desperté, oí:

Cuando por dentro te sientes
este Amor con tanta Fuerza,
tanto Fuego, y tanta alegría,
ya lo ves todo inservible,
si no es para acarrear
a esta Vida.

A mí me veían rara
en opiniones que me pedían.
Si no me nombraban a Dios,
ya diálogo no había.

Yo tenía que dialogar
para contagiar mi vida.

Yo tenía que estar hablando
de mis éxtasis dormida.

¡Ay Sueños que yo pedía
para que Dios me riñera,
si no debía de ser
de aquella forma que era!

Yo primero decía:
Sueñas despierta,
y no mandas en tu acción
y te quedas como muerta,
viendo y oyendo,
sin yo poder contestar
para recoger respuesta
que yo luego quería dar.

El que tenga este contacto,
más habla después de muerta.

Porque muerta ven ahí,
la ropa de Vida Eterna,
que es la vida que viene Aquí.

TERESA DE ÁVILA


***

Libro 26 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo III - C6