viernes, 5 de mayo de 2017

El cosario

En Sueño Profético decían:

¡Qué vacío y qué frialdad tiene que vivir el hombre que alejado de Dios está! Porque el vivir de la Tierra, sin Dios, pocas alegrías da, y lo que crees alegría, en lágrimas puede quedar.

Dijo uno:

Yo, cuando viví con materia, aprendí mucho de las vidas que vivían gente mala y gente buena, dado a mi profesión, que desde niño era cosario.

Mi padre, cuando murió, me dejó bien enseñado cómo tratar al pudiente y al que vivía avergonzado. Éstas eran sus palabras:

“El nombre de Dios, primero. El que más rato te admita, más cerca está del Cielo. Y en tu bolsillo verás que Dios te entra el dinero. El que ofenda a Dios, que busque otro recadero”.

Una mañana iba yo en mi mulo, canturreando, de la alegría tan grande que por dentro iba guardando, hasta llegar al camino. Yo creía que mi canto sólo lo oían los sembrados y los pajarillos.

Salió a mi camino un hombre que parecía que había dejado el palacio o un despacho de orientar derechos o aclarar testamentos, y me dijo medio llorando:

   –¿Siempre llevas esa alegría?

Me paré y fui a saludarlo. Me abrazó con ganas, y ya rompió en llanto:

   –Vivo teniendo lo que no gasto, pero me retiré de Dios hace varios años, y mi vida ya no es vida, siento algo de la vida cuando estoy en el campo.

Desperté, oí:

El cosario siempre iba cantando,
y casi siempre empezaba o terminaba
con el nombre de Dios,
Gloria, Providencia o Cielo.
La alegría lo acompañaba de música,
y su nombre se iba cundiendo.

Este hombre que vivía de las letras,
va en busca del corsario.
Vivía vida sin Dios,
y su vida era un calvario.

Pero calvario sin Dios.
Porque si vives calvario
y a Dios Lo sientes contigo,
es dolor ya sin dolor.

Si la vida de la Tierra
te ofreciera pozos llenos de monedas,
si te retiran de Dios,
hazte cosario,
y ya Le sirves a Dios.
Si sientes a Dios por dentro,
son las monedas que sirven
para entregar en el Cielo.

Estas monedas ya igualan
al culto, al rudo,
al rico y al pordiosero,
sin diferencias de sitios.


***

Libro 25 - Meditaciones y Palabras Directas con El Padre Eterno - Tomo III - C6