jueves, 1 de junio de 2017

El espíritu vive sin cuerpo

En Sueño Profético hablaban de las heridas de la carne y de las heridas del espíritu. Decían:

Aquí se da preferencia a las del espíritu. Ahí, a las de la carne: cuerpo que vive para él y abandona al espíritu. En cambio, el espíritu que es de Dios, que en Dios confía, no deja de vigilar al cuerpo para que sirva de ejemplo la vida que haga ese cuerpo, si sabe que el espíritu tiene heridas de sufrimiento.

Dijo uno:

El que tenga esta herida, y heridas vaya curando, no dudes si ves algo sobrenatural en la vida que está pasando. El sufrimiento del espíritu, el hombre no sabe curarlo, porque no cree que la vida del cuerpo la dé el espíritu. El espíritu vive sin cuerpo; el cuerpo no vive sin el espíritu. Una muerte repentina en cuerpo y carne sana, ¿qué diagnóstico darían las carreras de medicina que han llegado a especializarse en distintas ramas? La respuesta sería: se ha llevado la vida del cuerpo el espíritu, que es el que manda.

Desperté, oí:

No hay quien dé esta respuesta, porque falta enseñanza y creer que esa vida es lumbre de papel, que se apaga pronto sin que le eches agua.

En la muerte que se ha puesto como ejemplo, el hombre destroza el cuerpo, como el de un animal, para ver de qué ha muerto.

Que este destrozo no devuelve vida ni enseña a los cuerpos que la vida del espíritu es la que le da movimiento al cuerpo y jamás tiene para Dios entierro.

Entendido queda, si tú, antes de morir, quisiste Vida Eterna del Cielo.

Si este Reino no quisiste, tu espíritu tampoco muere, pero ya va al cementerio del Infierno.

Si ves herida de espíritu, pon el bálsamo primero que en las heridas del cuerpo.

Y verán curaciones que no tienen remedio.

Pero para curar estas heridas, tienes que entregarte a este Reino.

Reino que no te exige título, edad ni dinero.

Exige Amor, querer o arrepentimiento.


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Libro 32 - La Palabra del Creador - Tomo III - C3