viernes, 23 de junio de 2017

Pon tu espíritu al mando de Dios

En Sueño Profético vi una nave grande y en el centro una mesa. Esta mesa era estrecha y larga, y una jarra encima de la mesa. Esta nave tenía unas ventanas que al mirarlas te decían la anchura de los muros. El suelo era enladrillado, y los asientos estaban debajo de la mesa, o sea, que cuando no servían, ese era su sitio.

Ya dijo uno:

Aquí se reunían los Discípulos en espera de su Maestro, y también fueron algunos admitidos de los que Lo buscaban con la firmeza de que era Dios en la Tierra.

Yo Le oí Palabras que sentías alimento en tu cuerpo y no echabas de menos la comida, que son estas que mandan que queden escritas.

Entristeceos cuando mi Mando no os llegue. Y si mi Mando doy a otro, es porque en su espíritu hay deseos de obediencia a mi Mando. Yo Mando cuando tengo que mandar, pero si mi Mando es deseado, llegan más glorias a mi Gloria, y mi Padre en Mí, manda más Mando”.

Desperté, oí:

Cuando oías estas Palabras
te sobraba la comida
que ya habías preparado.

No porque no quisieras,
era que el olvido había llegado.

Nunca los veías tristes
ni oías: “estoy cansado”.

Este Mando daba Vida
y Vida iba dejando
en los sitios que decían:
“El Maestro nos ha mandado”.

Si quieres que Dios te mande,
pon tu espíritu a su Mando.

Y siempre estarás contento
y no te llegará cansancio.


***

Libro 28 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo V - C2