martes, 6 de febrero de 2018

Señor, no Te enfades por lo que pienso

Quedé dormida pensando a dónde ir para cundir y dar a conocer estos Escritos, que si el hombre quiere leerlos, ve que no son del hombre. Pensaba tantas cosas que me dormí diciendo: “Señor, no Te enfades por lo que pienso. ¡Si yo tuviera poder como Tú tienes…!”.

En Sueño Profético daban contestación:

Si recibieras el Mensaje con lentitud y viendo bien el desprecio del hombre, no hubieras llegado a tener el tercer Mensaje, porque el silencio habría ido en contra del Mando de Dios.

Dios no podía decir, cuando se hizo Hombre, que no era Dios, porque el hombre no quisiera su Presencia. No la quería ni la quiere.

El Nombre de Dios formaba la guerra, separó a padres e hijos. El que en Él creía, entregaba al hijo; y el que no creía, pero las razones le ponían la verdad de su Nacimiento, mandó degollar a todo niño que naciera en la misma fecha que Dios tenía anunciada a humildes y a poderosos.

El que aquí quería el silencio, iba en contra del Padre Eterno, que tenía su Nacimiento y Crucifixión anunciada por los Profetas. Lugar que Dios manda que digan lo que Dios dice en ellos para Enseñanza de los demás.

Desperté, oí:

Dios hombre
tuvo que hacer en el Templo
lo que no quería,
pero el hombre se Lo pidió.

Si el Mensaje es para el hombre,
tienes que buscar
donde más Lo quieran,
más Lo respeten y más Lo adoren.

Dios no prefiere,
es el hombre el que busca,
y Dios ya elige.

Busca más con la aceptación,
que con llamarlo.

Si acepta sin elegir,
ya elegido, va enseñando.

Si el desprecio al Mensaje
lo vieras bien, sin enfado,
ya no mediaría el Amor.

Sería Poder de Dios
haciendo su Mando.

Pero no Amor de Dios
al hombre mandando.

El empiezo del Mensaje
ha sido también mandado.


***

Libro 21 - Te Habla El Profeta - Tomo III - C3