domingo, 25 de febrero de 2018

Yo sí lo acepto

En Sueño Profético decían:

Si tu actuación no fuera del Cielo, no sería de Dios la Enseñanza.

Dios Hombre enseñaba a los Discípulos con las mismas Palabras que a cualquier hombre le hablaba. Pero como a ellos les hablaba entendían pocos, porque Amor faltaba. Tenía que decirles que lo que vieran recto, podía estar torcido sin ellos verlo. Pero que viéndolo Él, ya el Amor les haría verlo.

Un día iba Jesús con sus Discípulos atravesando un pueblo, todos llevaban sed y también el Maestro.

Ya, a la salida del pueblo, había unos esperando en un caserón que se recogía el ganado. Al llegar, todos pidieron agua, y también unos que detrás de ellos venía.

Cogió el Maestro la jarra que aquella familia, primero, le dio al Maestro, se fue unos pasos atrás y se la dio a uno de los últimos que detrás de Él iba. No pusieron buena cara los que le sacaron la jarra, y el Maestro dijo estas Palabras:

   –Si no veis bien que le dé agua al sediento, ¿cómo hablaréis de Mí cuando al pecador que Me busque veáis que le pongo el Brazo en el hombro y le doy mi Gloria, y al que Me conoce de niño la pierda y por mi Padre sea arrojado a la profundidad donde el Perdón no llega?
Desperté, oí:

Si el Instrumento que Dios elige para enseñar, quisiera comprender, tampoco comprendería.

¿Cómo comprender que el Maestro deje con sed a sus Discípulos y acuda al que nunca habían visto con Él?

Este hombre quería creer lo que de Él le contaban.

Dejó la faena y venía de larga distancia. ¡Tenía que traer más sed que el que había abandonado la casa después!

Se presentó con estas palabras:

“¿Puedo seguirte Jesús? Porque yo quiero creer por cosas que a mí me pasen, para luego en el pueblo callar al que mal yo oiga hablar del Maestro. Que ahora no callo, pero se defienden diciendo que no Te conozco”.

Cuando cogió la jarra dijo: “Yo ya creía esto”.

“Ahora quiero servirte. Mi mujer y mis dos hijos, puedes contar con ellos”.

El darle Jesús la jarra convierte a medio pueblo. ¡Quién podía saber esto!

Tenías que oírlo hablar y decir: “yo sí lo acepto” sin tratar de razonar.


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Libro 23 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo IV - C7