jueves, 15 de marzo de 2018

Señor, mándame, que Tú eres mi Dueño

En Sueño Profético decían:

Ofrécete a Dios, diciendo: “Señor, mándame, que Tú eres mi Dueño, no sólo de mi persona, que eres Dueño de lo que le da la vida a mi cuerpo, y también, de aquello que yo más quiero, que no podría darle vida si se le enfermara el cuerpo, con muerte llevándose vida.”

“Señor, mándame, que eres mi Dueño. Si tu Mando despreciara, dale castigo a mi cuerpo, viendo que otro hace el Mando que yo le puse el desprecio”.

“Quiero tu Mando Señor, porque sé que Tú eres mi Dueño, Dueño de mi acción, Dueño de mis secretos, Dueño de mi pensamiento. Y siendo Dueño de todo, dejas la Libertad para que el que quiera Te quiera, y para el que no busque tu mandar y el Mando Te lo desprecie. Si yo despreciara Mando, no creería que era Dios el que a mí me daba el Mando”.

Desperté, oí:

Pídele Mando al día
y que el día le pida a la noche Mando.

Y siempre tendrás tiempo
y nunca llegará cansancio.

Porque el cansancio tiene su Dueño,
Dueño del mar
y Dueño del viento,
Dueño de tu pensamiento,
que si tú amas
no harás Mando mejor hecho.

Dios, Dueño del vuelo
que lleva el ave
cerca del Cielo.

Dios, Dueño de dueños.
Y Él, por ser Dios,
no tiene dueño.

Pide el Amor
y Él manda Premio.


***

Libro 32 - La Palabra del Creador - Tomo III - C2