viernes, 25 de mayo de 2018

Pon al espíritu de joya y al cuerpo de estuche

En Sueño Profético decían:

Deberían tener siempre en su memoria lo que ven y lo que leen, que se ve que no es de la Tierra. ¿Quién puede convertir pan en agua? Esto no lo puede hacer nadie, aunque le pusieran muerte y el hacerlo fuese él salvarse, o algo que dio su cuerpo, que el nombre es hijos o padres. Pues si esto exigieran para salvarlos, al patíbulo irían sin poder salvarlos.

Dijo uno:

Dios hace Presencia dando premio, limpiando conciencia y recordando que su Palabra tiene que ser lo primero.

No tiene sitio, ni en la cabeza ni en el espíritu, la duda de dónde serán estos Escritos.

Deberían olvidar el nombre con el que al llamarlos contestan, antes de olvidar este Caso que hoy nadie presentar puede.

A más contra y rebeldía tengan los que no quieren que esto así sea, más hará Dios su Presencia.

Que de Esto disfrutará más el que a Dios más quiera.

El hombre no ama a Dios y Le pide cuando el momento le llega que las puertas le han cerrado por enfermedad o por no tener influencia aquel que tenía por grande.

Desperté, oí:
Repetían en la Gloria,
que el que lejos de Aquí está,
no es lo mismo
que el que día y noche
está viendo esta Verdad.

Éstos serán más responsables
cuando su cuerpo ahí dejen
y otros digan: “está muerto”.

Tu cundir y caminar
ponen silencio en el trueno.

Los espíritus del mal
intentan coger
a los que más le sirven
al que Dios, a diario,
este Mando le da.

Que esto pasó,
está pasando y pasará:
que la última palabra
puede Dios no hacer llegar.

Si el hombre pensara
en el Poder de Dios,
amaría y haría oración.

Y en esta oración pediría:
“Señor, que mi Amor sea por amarte,
no por miedo ni por temor,
o porque mi carne enferme
y no tenga curación”.

Hay quien pone la mirada al cielo,
en el relámpago o en el trueno.

O cuando la Tierra se abre,
o cuando las aguas cogen
caminos que no son suyos,
que son caminos de caminantes.

Pero que llevan la fuerza
para arrastrar a las ciudades,
sin miedo a que los castigue nadie.

Si el hombre,
a la cabeza le diera el sitio
que debería tener,
todo lo comprendería,
lo que es de espíritu
y no es para la materia.

Entonces pondría,
al espíritu, de joya,
y al cuerpo, de estuche.


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Libro 31 - Te Habla el Profeta - Tomo IV - C6