lunes, 18 de junio de 2018

La fuerza del bueno es Dios el que se la manda

En Sueño Profético hablaban de cosas diferentes unas de otras. Eran diferentes, pero iguales todas para la Enseñanza. Decían mucho estas palabras:

Se ayudan más los malos a los malos, que los buenos a los buenos. Por eso repiten en Gloria, que si el bueno fuera bueno, el malo no sería tan malo.

Recibiendo mucho bien, el mal lo vas retirando de aquel que recibe el bien. Pero el bueno no practica Palabras que son de Dios. No practica ni se ofrece a ofrecer lo que no es suyo, aunque diga: “el dueño soy yo del dinero o del sitio que salen los síes o los noes. Si están lejos de Dios, se reservaran los síes y abundarán los noes.

Los buenos, si fueran buenos y lo bueno practicaran, lo bueno podría a lo malo estando ahí con materia, y el mal se iría achicando.

Dijo uno:

¿Qué debería hacer el bueno que por bueno tiene el hombre, cuando tuviera en sus manos un caso como éste, que es Sedante para la materia y Medicamento para el espíritu?

Desperté, oí:

Cuando Dios se hace visible
en Imagen o en Acción,
se quedan al descubierto
los buenos, los malos
y los que quieren a Dios.

Los buenos quedan parados,
con reserva en interior.
Los malos forman la guerra,
queriendo agrandar los noes.

Los que aman quedan solos,
pero como llevan a Dios,
uno que ame con ganas,
queriendo cundir este Amor,
la fuerza que Dios le manda
agiganta la razón.

Una docena de buenos,
si el ser bueno lo practicaran,
la hoguera del mal del mundo,
seguro que la apagaban.

Porque la fuerza del bueno
es Dios el que se la manda.


***

Libro 25 - Meditaciones y Palabras Directas con el Padre Eterno - Tomo III - C2