martes, 4 de septiembre de 2018

La Sabiduría de Dios

En Sueño Profético decían:

La Sabiduría de Dios no tiene final y a ella jamás puede llegar el hombre.

La Sabiduría de Dios es el Poder Divino el que la compone.

Querer a esto llegar es querer bajar la Luna para que viva en la Tierra, y para que el venero, donde la Luna está, tenga el agua su nacimiento.

Ante las cosas de Dios, diciendo este Nombre, tienes que humillar el saber que tienes. Es todo lo mismo y nada es igual. Pongamos este ejemplo:

Numera las caras que has visto y que sigues viendo: ninguna es igual, ni tampoco los cuerpos. ¿Quién podría hacer en algún trabajo esta variación desde que Dios hizo el mundo, el universo, la creación de vidas, el sitio para que viva el espíritu cuando ya no tiene cuerpo?

Es sencillo comprender lo que Dios puede hacer, si piensas en todo lo que estaba hecho cuando el primer hombre pisó la Tierra.

Desperté, oí:

Ya estaba el suelo, el agua, el Sol, el aire, la noche, el Cielo (que el Cielo estaba antes).

Del Cielo salió este Mando, y Allí estaba su Dueño.

Después se hace Hombre. Se hace Hombre y no necesita al hombre para vivir en el suelo.

Y todo está a su Mando, y le deja Libertad sólo al cuerpo del hombre.

El que quiso y quiere, Lo ama. Al que no Lo quiere, Él lo aparta.

Nombraban mucho el Poder de Dios, que el hombre no puede hacer que nazca igual ninguna cara.

Ningún hombre puede engañar diciendo: “Yo soy aquel que con el que tú tenías intimidad”, ya sea extraño o familiar.

Su cara ya te presenta que cara no hay otra igual.

La Sabiduría de Dios, si piensas, te hace pensar.


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Libro 30 - Investigaciones a la Verdad - Tomo IV - C2

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