lunes, 5 de noviembre de 2018

El espíritu es mi guardián

En Sueño Profético decían:

Si el pecado te llegara diciendo “no soy pecado”, repasa los Mandamientos, si los habías practicado, y verás que tienes engaño.

El pecado es para el espíritu como para el cuerpo el disparo, la horca o el cuchillo por los dos filos afilado.

Dijo uno:

Se está comparando engaño al espíritu, engaño al cuerpo. ¿Quién aceptaría normal ponerse delante de un  fúsil o cañón, en manos de uno que fuera a disparar, diciendo: “¡No pasa nada! ¡Cortecillo más o menos…! Pero no tiene importancia para el bien que luego vas a pasar”?   

Ahora, dos manos derechas, tú ponerte en medio, en cada mano un hacha, y los dueños de las manos te dicen: “¡No…, esto no mata! ¡Si el filo no está afilado!”.

Ahora, sigue este comparar: una botella lacrada con un letrero pegado diciendo: “Es veneno puro, por laboratorio pasado”. Y un químico de fama te dijera: “Bébelo, que es una broma que han dado”. ¿Crees que la beberías por mucho que te dijeran “no es malo”?

Esto es querer conservar el cuerpo, que sólo es temporal.

Desperté, oí:

Aprende a cuidar el espíritu para que siempre digas: “Yo hago lo que quiere su Dueño.

Que el espíritu es mi guardián, y yo el engaño desprecio.

Si el pecado se presenta con el engaño, yo pienso en los Mandamientos y mi espíritu nunca será engañado”.

Lo mismo que el peligro para el cuerpo es rechazado, rechaza todo lo que el hombre ofrece diciendo: “esto no es pecado”.


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Libro 30 - Investigaciones a la Verdad - Tomo IV - C2