sábado, 17 de agosto de 2019

La Fuerza y la Caridad

En Sueño Profético hablaba la Fuerza sin que pudiera detenerla el hombre, y la Caridad de Dios al hombre.

La Fuerza y la Caridad te ponían grandes razones. La Fuerza te hacía pensar: ¿cómo ir Dios detrás del hombre? Ya salía la Caridad y te ponía las razones: que Dios daba Caridad para traer a los hombres, que era el perdonar. Sin Caridad no era perdón, era humillación, y ya no era Enseñanza de Aquí del Cielo.

Era un perdón con acecho, esperando devolver la moneda que tenías guardada. Perdón con venganza. El que así perdone, no es de Dios la Enseñanza.

Dijo uno:

¡Qué retraso lleva el hombre en aprender del espíritu, no dando a conocer estas Enseñanzas, que sirven para todas las edades, por tener todas las personas espíritu y depender de él!

El espíritu se va del cuerpo y queda vivo. El cuerpo, sin espíritu, no sirve, da miedo, y tú mismo lo llevas a enterrar para no verlo. Mucho lo quieres, mucho lo lloras –esto queriéndolo–, pero ves bien darle entierro.

Si no crees en esta Vida, no tiene sentido querer a los cuerpos. Porque se hace basura el mismo cuerpo una vez que se va el espíritu.

Desperté, oí:
¿Quién puede ponerle falta
a este Dictado del Cielo?

¿Quién dirá:
“esto no es verdad”,
cuando lo vaya leyendo?

¡Qué razones te presenta
del espíritu y el cuerpo!

Aquí, que se pare el hombre
y que piense en su cuerpo,
¿cómo lo verá el que quede
cuando ya lo den por muerto?

Y cuando pase un tiempo
y quisiera alguno verlo,
conocería su traje,
pero no su cuerpo.

Este es el final del cuerpo,
en el rico, en el pobre,
en el guapo y en el feo.

Si no adoras el espíritu,
tenle coraje a tu cuerpo.


***

Libro 22 - Investigaciones a la Verdad - Tomo III - C2

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