En Sueño Profético yo decía:
“Señor, aunque el hombre me mande que calle, Tú dame fuerza para que no calle”.
Se acercaban muchos, pero sin piernas, y como transparentes, y decían:
Tu silencio no lo conseguirá el hombre, por ser Dios el que les permite que te atropellen.
Tu presencia confunde al que silencio te ponga.
Si el hombre no oye al espíritu que Dios arroba, ¿cómo el hombre va a saber de Aquí?
El hombre, todo lo que sabe, es por espíritus que han vivido las dos vidas.
Desperté, oí:
Si aceptas lo de ayer, ¿cómo no aceptas lo de hoy?
Si tú hoy no aceptas, no hables del Dios de ayer.
Ama a Dios, pero no dudes.
Si dudas, no amas. Y si amas, no dudas.
El amor con dudas, no es amor, es traición.
***
Libro 7 - Investigaciones a la Verdad - Tomo I - C8
No hay comentarios:
Publicar un comentario