miércoles, 1 de octubre de 2014

Pedir a Dios sin pedir

En Sueño Profético hablaban de buscar a Dios por Amor, o de buscarlo para pedirle lo que ya nadie te da. Son dos formas de pedir a Dios. Hay quien pide sin pedir, sabiendo que Dios es Dios, y por mucho que tú Le pidas, en Él no disminuye el dar.

La voz de Teresa se oye ya:

Es que pedir a Dios lo que en la Tierra ya no te dan, no es del agrado de Dios este pedir. Hay quien mientras el hombre le va saliendo al encuentro de su pedir, no pide a Dios del Cielo. A mí me extraña este pedir. Voy a aclarar la palabra de “pedir a Dios sin pedir”:

Esto es pedir diciendo:
Señor, ¿yo qué te voy a pedir
que Tú no sepas
lo que yo te iba a pedir?

Tú al hombre se lo das,
y el hombre me lo da a mí,
y ya depende del hombre,
y Dios te da sin pedir,
pero tienes que tener
siempre, siempre este pedir.

Yo era mi pedir a Dios
tan constante en el pedir,
que nunca moví mis labios
para pedirle que me hiciera
lo que el hombre ya imposible
le era el poder darlo.

Tiene que ser doble pena
dejar a Dios en olvido
hasta que sufrir te llega.

Tiene que ser doble pena
el no amar al que da todo.

Tiene que sentir vergüenza
el que llame a Dios del Cielo
cuando el hombre lo encarcela.

Desperté, oí:

Yo me extrañaba de aquel
que en el mal a Dios llamaba.

Yo me extrañaba del vivir,
a Dios siempre dándole la espalda.

Y cuando el hombre desprecia,
intenta darle la cara.

Aquí no existe Amor,
de ese Amor que sin palabras
Dios sabe que tú Le pides,
un pedir sin hacer falta.

Un pedir que no hace falta,
pero sin poder vivir
sin sentir este Sentir,
que da Paz y Confianza.

El que viva sin pedir
porque nada le haga falta,
que no le diga vivir.

Yo creo que el grande Amor
es un vivir sin palabras,
pidiendo a Dios que te dé,
y luego no pides nada.

¡Ay Señor, qué diría yo
que pidieran sin palabras!

TERESA DE ÁVILA


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Libro 11 - Te Habla El Profeta - Tomo II - Pag. 110-111

martes, 30 de septiembre de 2014

Vida material intachable

En Sueño Profético decían:

Cuando Dios elige para enseñar de Aquí, el que elige, no es normal en la forma de comprender ni en la forma de actuar, y ya ves claro que de Aquí son sus reacciones. Esto, el estudio que tiene es ver su comportamiento con el Prójimo, y ver en la forma que va resolviendo todos los obstáculos que Dios permite. El que quiera hacer este estudio, tiene que tener en cuenta que si la vida material del Elegido es intachable, es normalísimo que Dios lo elija, y si Dios lo elige, ¿quién es el hombre para comparar este hecho con otro anterior?, si Dios eligió a Teresa de Ávila, a Juan de Ávila, a Juan de la Cruz y a infinidad de contemplativos y místicos, y santifica a millares que quieren santificarse. Pues cómo Dios que es, hace las cosas sin comparaciones. El hombre tendría que tener esto en cuenta y no guiarse por místicos anteriores al presente. Estas comparaciones son cuando es el hombre el que actúa, pero cuando la actuación es de Dios, es reverencia y Borrachera Divina.

Desperté, oí:

El místico, sea comparado con el místico; el contemplativo, con los miles de contemplativos; los santos, con los innumerables santos; y el Profeta, con ninguno, porque el Profeta es el que da algo actuando Dios.

Nosotros, los místicos y santos, sabíamos y sabemos lo que Dios quiere que sepamos.

Yo, Juan de Dios, digo, que el que el mismo servicio que yo hice haga, no se someta a estudios, porque ya mi documento Dios me dio: “Por vuestras obras verán que sois cristianos”.

A mí me lo dio el Maestro, Maestro Eterno y Enseñanza Divina.

A Dios no pueden examinarlo, porque Dios es Saber Único, Infinito y Eterno.


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Libro 5 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo I - C5

lunes, 29 de septiembre de 2014

Analfabeto de la primera Enseñanza

En Sueño Profético decían:

Vive el hombre por Dios, y ¡qué poco nombra el hombre a Dios!

A más cultura, más querer que el Nombre de Dios quede como algo que perteneció a otros tiempos. Cuando debía de ser, el hombre que no practicara la Palabra de Dios, tener forzoso un documento con estas palabras: “soy analfabeto de la primera Enseñanza”. Y con este documento, que no pudiera entrar en sitio que diera mala enseñanza. Aunque él a Dios no amara, pero que fuera una exigencia del hombre, como las muchas que el hombre tiene que cumplir, aunque este cumplir le moleste. Pero mientras las cumple, se está acordando de cómo tiene que comportarse para ser un buen ciudadano.

Si esto lo hace el hombre y lo exige para el cuerpo, que da servicio un poco tiempo, ¿qué debe de enseñar y exigir al espíritu, que es eterno?

Dios no puede porque es Dios y quitaría Libertad. Pero el hombre, exigir la Enseñanza de Dios y practicarla, sería un deber normal que hasta debían de exigirlo los cristianos.

Desperté, oí:

Esto no sería pedirle al hombre, ni exigirle que amara a Dios y a su Gloria.

Esto sería un deber del hombre: enseñar los peligros del espíritu, igual que se enseñan los peligros que matan al cuerpo y los peligros que te apartan de vivir con hombres buenos.

Esto sería enseñar a vivir Dios primero que todo.

Si pones el Nombre de Dios en tu boca, y si Esto lo oyen amándolo, este Nombre ya se cunde y Vida te va dejando.

Dios es la Vida que deja al cuerpo que vas llevando.

No hay saber ni invento que a Dios Le quite este Mando.


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Libro 20 - La Palabra del Creador - Tomo II - Pág. 217-218-219

domingo, 28 de septiembre de 2014

¡Cuánto va a llorar el hombre!

En Sueño Profético decían:

La soledad de espíritu jamás puede llegarte.

En la soledad de la materia, compadécete del que no te ayudó pudiendo ayudarte. Que del que te compadezcas, ya puede ir a Dios dando gracias y pensar en reformarse.

Pues tanto su compasión como negar el Perdón es Mando que a ti te hacen.

No quiere el hombre saber, el que por bueno se tiene, que tú eres nube con Mando, que recoge agua y llueve.

Dijo uno:

Yo creo que al hombre le falta este pensar que no ha hecho: que cuando Dios hace un Mando por medio de un Instrumento, ya llega de Dios el Mando. Que aceptándolo, ya llegas a comprenderlo. Como no lo comprenderás es poniendo tu “yo” primero, con un nivel cultural que no hace falta en el Cielo.

Este Cielo lo que quiere es que practiques lo Eterno, que lo Eterno es lo del espíritu.

La cultura es para el cuerpo, para que el cuerpo no arrolle lo que el hombre ha dispuesto. Luego, cuando unos mueren y otros van naciendo, la cultura es reformada. Hombre culto que respeta la medida de otro sexo. Y hombre culto que cultura es que no exista el respeto.

Desperté, oí:

¡Cuánto va a llorar el hombre,
con lágrimas o sin lágrimas,
cuando se vea sin remedio
para volver al camino
que antes le dio desprecio!

Era para que de rodillas,
con rodilleras de clavos,
fueran buscando el Mensaje
que Dios manda Aquí dictarlo.

Se nombra más la cultura,
porque cultura con Dios,
ya estaría el  mundo enterado
de que Dios se comunica.

Se comunica a diario
para enseñar a vivir
sin aceptar el pecado.

Si el hombre creyera en Dios,
tendría que divulgarlo.

Porque creer y callar,
tú mismo te estás condenando.

Una señal que haga el Cielo,
si es fuera de lo normal,
pecas si guardas silencio.

El hombre, lo del espíritu,
lo pone después que el cuerpo,
porque está lejos de Dios
y no practica lo Eterno.


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Libro 19 - Dios Manda en su Gloria que Enseñen - Tomo III - C2

sábado, 27 de septiembre de 2014

Reformar a Dios

En Sueño Profético hablaban del espíritu y de la reforma que el hombre estaba siempre intentando: reformar su Leyes, que esto era reformar a Dios. Decían:

La Ley del espíritu es la que tiene que hacer la carne, pero el espíritu no va vivir al mando de la carne. Vivir el espíritu al mando de la carne, es separación de Dios.

Dijo uno:

Si lo eterno es el espíritu, justo es que vivas Ley de espíritu. ¿Cómo vas a cortar el dedo y cuidar el anillo; dar palos a la cabeza para mantener los rizos? Esto es lo que intenta el hombre con sus grandes adelantos, que le mande la carne al espíritu, y ya Dios quede anulado. ¿Cómo puede el hombre pensar que hay otra vida, y que la Ley del hombre, con la carne queda enterrada? La Ley del espíritu es Aquí presentada con el espíritu, o la ley que no fue aceptada; por eso es fracaso la Ley de Dios reformada. ¡Que reforme el puente dejando el agua clara! ¿De qué serviría el puente si el agua enturbiara, no para un día, sino para siempre, y que esa agua sirviera para beberla los hombres?

¡Qué adelanto en fracaso! Este sería su nombre. Pues cambiar a Dios sus Leyes, es animal de los montes, porque el domesticado sabe esconder los dientes, por tenerlo enseñado aquel que dueño se siente.

Desperté, oí:

Tiene que poner el hombre,
aunque a este Dios no quiera,
sus Leyes, y que las cumpla
mientras viva ahí en la Tierra.

El que con Amor las cumpla,
luego tendrá Vida Eterna.

El que las cumpla por ley

y sin querer a la Gloria,
a la Gloria no se viene.

¡Pero tampoco se muere!

Él se entrega a los espíritus
que amigos fueron de ellos.

Ponían en la Gloria
ejemplo tan claros,
que claridad molestaba
y tenías que aceptarlos:

¡Que cuide primero el hombre
el cuello que la corbata!

¡Y que no bese el fúsil
después de que salgan balas!

¡Que se avergüence el decir:
“De Dios no se habla en mi casa”!

Son pocos
los que practican las Palabras

que jamás Dios cambiará,
aunque el hombre

sus Palabras no las quiera.

Cuando vivan sin el sol,
sin el agua y sin la tierra,
les cambiará las Palabras.


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Libro 16 - Dios No Quiere, Permite - Tomo II - Pag. 67-68-69

viernes, 26 de septiembre de 2014

11 lo fueron

En Sueño Profético decían:

Dios, cuando vivió de Hombre, tenía a los Discípulos porque los necesitaba para cundir su Enseñanza y para que dieran testimonio de su Vida, de su sufrimiento, de su Poder y de su Perdón.

Dijo uno:

Había sitios adonde Él mandaba, pero Él no iba. Había sitios adonde Él mandaba sus Palabras, pero Él no iba a decirlas. Porque no era su Presencia para el que no Lo creía, pues Él estaba con el que Lo amaba y llevaba Palabras por Dios dichas. Si el Maestro iba como Dios del Cielo, ya no hacían falta los Discípulos.

Estas Palabras eran muy oídas por el que Lo seguía:

“Pensad, que Yo, aunque soy Dios, vivo de Hombre. Y aunque me veáis de Hombre, soy Dios. Siempre actúo de Dios, pero el que me vea, ve a un Hombre. Verá, que lo de la Tierra, a Mí Me hace falta, menos el pecado; que bajo del Padre para salvar al hombre. Me verán cansado y mis Pies con polvo. Me verán que recibo el sufrimiento que mi Padre no ha mandado”.

“Todo esto tiene que pasar el Hijo del Hombre, porque el hombre no ama a Dios Padre, hoy, al Hijo del Hombre”.


Desperté, oí:

Se oía hablar a los Discípulos de hechos que el hombre Le hizo a Jesús en su paso por la Tierra, pero no lo dictan.

Eran de tal sufrimiento,
que no los comprenderían.

Fue cuando los mandó a orar
y se formó gran revuelo.

Él tenía sus Discípulos, pocos,
porque más no quisieron.

Nunca se oyó del Él un número.

¡Es que más no Lo siguieron!

Tenían que ver, sin estar,
lo que Él iba diciendo.

Y comprender de Palabras
lo que Él ya estaba haciendo.

¡Que no lo veían los Discípulos,
que ellos lo veían luego!

Aceptando su mandar,
pocos sirven al Maestro.

¡Piensa en el número 12,
que después, 11 lo fueron!


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Libro 15 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo III - C1

jueves, 25 de septiembre de 2014

Brazos de un mismo cuerpo

En Sueño Profético decían:

Debería ver la vida del Elegido,
el que no lo cree,
para que creyera;
y el que lo cree,
para ayudarle hasta llegar al Calvario.

No sabes si el Sol calienta,
hasta que te has encontrado
al Sol en horas de fuerza
y sin la sombra de un árbol.

Por eso hay muchas cosas
que si no has visto o pasado,
no puedes hablar de ellas;
refieres lo que otro vio,
con verdad o con engaño.

Dijo uno:

El que lea estos Libros,
verá que el Dictado
y el vivir del Elegido
son brazos de un mismo cuerpo,
mandados.

El espíritu escribe
y el cuerpo lo va firmando.
Que la firma, es el hombre
el que al Elegido exige.

En amando, lees y firmas,
y cundes a grandes voces:
“Dios existe, Dios es Vivo”.

Dios no le teme al hombre
que cree que Le corta su camino.

Desperté, oí:

Entre despierta y dormida
oía Palabras,
y contestar no podía.

Y si ahora no las dictan,
perdidas se quedarían.

Fue despertar del arrobo
y decir lo que ella no podría.

Pues a la materia cansada
o alboroto de la Tierra,
le cuesta trabajo, no al espíritu.

El espíritu es la vida
que se encuentra con el cuerpo
que casi siempre domina
para ir en contra del Cielo.

Si el hombre creyera en Dios,
no podría hacer lo que hace.

Si no amaba, por temor,
bien tendría que portarse.


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Libro 17 - Investigaciones a La Verdad - Tomo II - C2