martes, 21 de octubre de 2014

Éste lleva la estela y al Prójimo va sellando

En Sueño Profético decían:

El que dice “yo tengo Comunicaciones de Dios” puede mentir, pero el que no acepta también puede equivocarse.

El que no acepta tiene más ventajas para saber si es verdad (si quiere saber Verdad) que el que miente. El que miente, si lo sigues, pronto verás que Dios lo descubre, porque su acción no es igual a las palabras que dice, y será cobarde ante un examen que le hicieran de esta Gloria. Su fingir se iría acortando y no podría sellar su decir en el Prójimo por ser el Sello que Dios mandó con sus Discípulos.

Dijo uno:

Todos en los que Dios se comunique, tienen que vivir en el Prójimo para tener contacto con Dios en Comunicación y en Acción. Dios que manda Aquí, en el Cielo, y Dios que espera ahí, en la Tierra, pero todo está unido a Dios.

El que Aquí no es mandado para que ahí cuente y diga no puede actuar siempre igual, con el mismo Amor, con la misma fuerza y con la misma Paz que para el que quiera deja, porque de Aquí la lleva ya.

El que no quiere aceptar, si quiere, Verdad le llega. Y cuando se ponga a hablar, en vez de desmentir, que diga: “No quiero saber Verdad, y a sabiendas es Verdad. Yo digo Esto es mentira sin Evangelios mirar”.


Desperté, oí:

Tiene más en contra de Dios el que no acepta que el que dice mentira.

El que no acepta sin investigar y cerrando los ojos poco interés demuestra, y puede que pierda la Gloria por su falta de interés de que le hablen de esta Gloria.

El que quisiera decir mandatos, sin ser mandatos, como no era de Dios pronto acabó tapado, y no le importa perder la Gloria si es del Infierno mandado.

El que Dios trae a su Reino y le manda que lleve algún Mandato del Cielo, éste lleva la estela y al Prójimo va sellando.


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Libro 65 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo V

lunes, 20 de octubre de 2014

Ojos abiertos

En Sueño Profético decían:

El ciego puede ver lo que no ve el que vista tiene.

Hay cosas tan verdaderas, que la vista no hace falta.

Comparemos una de ellas:

Para amar a Dios del Cielo,
los ojos cierras primero.

Si quieres saber por saber,
ver por ver,
e investigar por investigar,
ten por seguro
que vista y saber
no te sirven para “na”.

El ciego puede ver
lo que tú con vista no ves.

El ciego, con su palito,
puede el peligro ver,
que tú teniendo vista,
caíste más de una vez.

El ciego puede ver
lo que tú con vista no ves.

El ciego ya ve la Gloria,
¿“pa” qué más vista tener?

Decía un ciego ya santo,
que si hubiera tenido vista
sin hacer servicio a Dios,
mil veces vivir y ser ciego,
y luego verse con Dios.

¿Para qué quieres la vista,
si no sientes el Amor,
y por más que veas claro,
no ves la Huella de Dios?

Yo, con mis ojos sin ver,
cierro y veo resplandor,
y sé donde Dios elige,
porque éste antes amó
al Prójimo y al humilde,
porque allí estaba Dios.

Yo veía esto sin ver,
por llegar su Resplandor.

Tener vista, ya es un premio,
premio que viene de Dios,
pero ensuciando este premio,
ciego te quedas “pa” Dios.

Desperté, oí:

Este santo, que era santo,
antes de quedarse ciego,
era santo para hablarle
a todo el que él veía viendo.

Porque él veía a aquel
que hablaba de Aquí del Cielo.

Si tienes ojos abiertos
y dices que vista tienes,
¿cómo no ves que Dios habla
en el Lugar que Él quiere?

Hay más ciegos que con vista
la Voz de Dios desconocen.

Pues si dices que no ves,
cuando Dios dice que veas,
no te tengas porque ves,
y a Dios pídele que veas.

Dios, cuando se deja Ver,
da el Ver a la inteligencia,
que le da un Ver tan claro,
que supera la Vivencia.


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Libro 2 - Meditaciones y Palabras Directas con el Padre Eterno - Tomo II - C5

domingo, 19 de octubre de 2014

“Yo creo, pero no creo”

En sueño Profético decían:

El que Dios elige, antes amó. Dios lo premia y el hombre lo maltrata, lo maltrata e insulta a Dios, lo insulta y le pide cuentas. Esta es la reacción del hombre que sabe que existe Dios.

El que en Él no cree, vuelve la espalda y no da palabras. El que Lo ama, bendice el momento en el que oyó Palabras directas en el Instrumento de esta Gloria, confirmó sus ansias de saber qué hacer para tener a Dios contento, y se quitó su pesadilla: el pensar que Dios no habla en estos tiempos que se vive sin Amor, contando y refiriendo lo que a otros les pasó.

Este que ama y que antes amó, pidió que Dios en la Tierra hiciera una Aparición. No la pedía para él, la pedía para el mundo, para achicar los pecados que el que peca no los ve. Éste busca las Palabras que lleva el que Aquí traen, pero no queda en silencio, camina, allí las dice, allí las lleva. Éste, jamás pondrá duda, porque duda con entrega no existe. Ésta es la reacción de devolver Amor a Dios del Cielo, de admitir una creencia en la que tú decías: “yo creo”.

Desperté, oí:

¡Es el hombre el que enmienda
el Amor de Dios del Cielo!

¡Es el hombre el que dice:
“yo creo, pero no creo”!

Ésta es contradicción
que no le va a hombres buenos.

El que cree, antes amó,
y ya acepta lo que Dios hace
con aquel que Él quiere.

Nunca se verá enfadado
por creer que a aquél prefiere.

Él alberga este pensar:
“Dios lo hace porque Él quiere”.

“Algo verá allí mejor,
aunque no lo vean los hombres”.


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Libro 11 - Te Habla el Profeta - Tomo II - C5

sábado, 18 de octubre de 2014

Yo me vestía de novia

En Sueño Profético hablaba Teresa de Ávila. Decía:

¡Qué poco se ocupa el hombre
de saber cómo habla Dios!

¡Qué pocos sienten el ansia
de que les hablen de Dios!

¡Qué pocos buscan su Eco,
para saber cómo es Dios!

Yo, más veces iba diciendo
lo que me estaba pasando,
que ya el que lo sabía,
me llamaba preguntando.

Estudiar sin acaloro
lo que sufre este que habla,
te da un resumen justo,
sin que suenen sus palabras.

Esto lo dicta Teresa,
que es la misma que hablaba
en el Sueño sin materia,
porque Dios es el que manda.

A mí me dieron sufrir
para que no hablara y callara,
pero yo oía el decir,
y mis palabras sonaban
con ese Eco de Aquí,
que resuena donde Él habla,
y ya no me importaba a mí
que nadie me preguntara.

Yo me vestía de novia
cada vez que Dios me hablaba.
Yo me vestía de novia
porque el Amado esperaba,
que antes Lo esperaba yo,
cuando en éxtasis me dejaba.

Yo llamo vestir de novia
al estar enamorada
de este Amor que no comprende
aquel que el Amor lo tasa
con el amor de la Tierra,
que es corto y pronto pasa.

El Amor que es puro Amor,
este Amor nunca se acaba.
Cuando se termina ahí,
Aquí en la Gloria se agranda.

Desperté, oí:

Yo me vestía de novia
porque mi Dios me esperaba.

Yo me vestía de novia
porque a Él tan sólo amaba.

Esta vestimenta era
la vestimenta del alma.

¡Ay traje que me ponía,
que todos podían ver!

¡Ay traje que me servía
para hacerme padecer.

Este traje es de novia
del Espíritu de Dios.

Este traje, el que lo use,
se ve en la Gloria con Dios.

Este traje es de Amor,
de Pureza y Confianza.

Este traje se lo pone
aquel que mucho a Dios ama.

Amando mucho a este Dios,
te puedes vestir de novia
con el traje del Amor.

TERESA DE ÁVILA


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Libro 12 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo II - C5

viernes, 17 de octubre de 2014

La Tierra es el enemigo del Cielo

En Sueño Profético decían:

Dios da para el espíritu y para el cuerpo. Y el bien que Él da, ya sirve para lo Eterno.

Pero cuesta grande trabajo llegar esto a comprenderlo.

Todo lo que hagas por Dios, Él te dobla el bien que has hecho. Que este bien puede ser al espíritu o a mantener el cuerpo.

Dijo un espíritu con Mando de Dios:

Si el Elegido manda y exige, no manda y exige él. En este mandar y exigir, ya pone su sufrimiento.

Sufrimiento que debería quitarle a muchos el sueño. Sufrimiento que, si piensas, es para dar fruto a otro; es querer que sepa el mundo lo que Dios dice en el Cielo; es querer que no se pierda ningún espíritu que tenga cuerpo; es querer de avaricia, para acarrear al Cielo; es un querer no comprendido como no te desprendas del suelo, como no veas que la Tierra es el enemigo del Cielo, presentando cosas falsas, nunca con deseo de querer saber del Cielo.
 

Desperté, oí:

La Tierra le da importancia
a aquello que dice el hombre:
“esto, hoy, no hay quien lo haga”.

Porque aquél que lo hizo,
de su cuerpo ya no hay nada.

Y si no hay cuerpo,
entonces le da importancia.

Pero que esta importancia,
de la Tierra no pasa.

La importancia hay que darla
a aquello que no se acaba.

Al que ahí hizo el bien
con el Mando que Dios manda.

Y Aquí Dios le sigue mandando
para que siga Enseñanza.

La enseñanza de la Tierra,
el hombre la abraza, la reverencia
y la paga a grande precio.

En la Enseñanza del Cielo,
el hombre hace sufrir
y la paga con desprecio.


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Libro 20 - La Palabra del Creador - Tomo II - C7

jueves, 16 de octubre de 2014

Si Dios habla, es normal

En Sueño Profético decían:

Lo normal es normal por la normalidad que tiene. No hay cosa normal, que haciendo su actuación, normalidad se esconda. Todo lo que el hombre haga normal, se avala solo.

Apareció una mujer amamantando a un niño, tan normal, que dijo el que explicando estaba: “¿a quién le extrañaría esta escena de esta madre enamorada de su hijo? Y sin verle una falta, ángel del Cielo le dice, y fijo que Dios no se enfada. Porque no se enfada Dios por lo normal que le habla. Cien veces que la observarás, la verías siempre mirándolo, y por ninguno lo cambia. No tendrías que preguntarle si es hijo de sus entrañas. Esta pregunta haría, sus ojos llenos de lágrimas. Y un marido enamorado de una mujer muy santa, que con su Amor a la Gloria, los pecadores quitara, ¿no sería esto normal, que este hombre la amara? Que no amaba a la mujer, que amaba al que ella amaba. ¿Quién aquí preguntaría: “tú a tu mujer la amas”? Viendo esto tan normal, la pregunta no hace falta.

Aquí cuento yo una estampa que yo y otro observamos un día cuando íbamos por el campo:

Iban unos zagalillos
con unas cabras pastando,
también un hombre con ellos.

Pues a los tres los observamos,
y normal fueron pasando.

Los zagalillos corrían
como pájaros volando,
hasta hacían canturreo
con el aire de sus brazos.

Las cabras,
con su cabeza por el suelo,
y su hocico rebuscando,
mientras el cabrero, lento,
su vara iba pelando.
Las cortezas de la vara,
sus lentos pasos pisando.

¡Qué normalidad hacía
esta estampa en el sembrado!

Desperté, oí:

A todo lo que es normal,
normal tienes que nombrarlo.

Esto no sería normal:
si al cabrero ves saltando,
las cabras sin hocicar,
y los chiquillos llorando
sin fuerzas para jugar.

Estudia lo que es normal,
y verás normal hablando
a Dios en cualquier lugar,
que ya no verás normal
a la persona actuando.

Es normal lo que es normal,
porque Dios está actuando.

Si Dios habla, es normal.

Lo que no es normal
es que el hombre dude
después de llamar.


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Libro 14 - Dios Manda en su Gloria que Enseñen - Tomo II - C1

miércoles, 15 de octubre de 2014

Dios: Amor, Libertad y Perdón

En Sueño Profético decían:

Creer en Dios y pensar en la muerte, te retira de muchas cosas que ibas a hacer, y este pensar te detiene.

No puedes pensar en Dios, diciendo: “¿por qué esto consiente?”. Porque si esto lo piensas es porque no tienes presente lo que a Él Le hizo el hombre y Él se lo permitió. Se lo permitió y se lo sigue permitiendo, porque el Permitir de Dios es porque sólo hay un Dios, una Gloria y un Infierno; una vida corta para el cuerpo y una eterna para el espíritu.

Dios deja la Libertad para que en esa vida breve el hombre piense dónde, después, vivir quiere. Menos los niños, que si no llegan a hombres, ellos a la Gloria vuelven. Por eso, Dios Hombre dejó dicho que el hombre se hiciera hombre sin dejar de ser niño; que no viviera maldad, como les pasa a los niños; que practicaran el Amor al Prójimo, y ya tendrían sitio en su Reino. Al que Lo quiere, no se lo niega. Pero no obliga a que su Reino quieran.

Desperté, oí:

Dios: Amor, Libertad y Perdón.

¡Qué hermoso el que,
de estas tres cosas,
dos desprecie y una coja!

No es que desprecie el Perdón.
¡Pero qué alegría más grande
el que nunca ofendió
a sabiendas de que a Dios
sufrir podía llegarle!

Muchos vivieron pecado
hasta que Perdón pidieron
y ya se convirtieron en santos.

La Libertad es la que te empuja
a que te olvides de Dios.

Te pone escenas y estampas
que te llevan a la distracción,
haciendo lo que Dios no manda.

Todo es, el pensar poco
que esa vida es corta.
Pero si no amas a Dios,
se hará larga y pesada.

Es el Amor puesto Aquí
el que te hace pensar
que, sin Dios,
no puedes llevar la carga.


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Libro 18 - Dios No Quiere, Permite - Tomo III - C1