lunes, 22 de septiembre de 2014

Infierno en materia

En Sueño Profético decían:

Si la carne no muriera, el espíritu nunca volvería a su Dueño para vivir sólo Gloria.

Dios pudo hacer el mundo dejando la carne como objeto viejo, inservible, que con el transcurso de los miles de años se evaporara la carne como agua en charca, que queda en cieno y luego en nada, pero ya no era vivir dos en uno: espíritu y materia. Que el espíritu es el que deja a la materia por mando de Dios; que la materia ha vivido según el espíritu la ha llevado. Pues luego, este espíritu es el responsable de la vida que ha vivido la carne. Si la carne no muere, no hay Eternidad con Dios, porque el espíritu es eterno sin carne, que es lo que Dios mandó cuando permitió la carne.

Dijo uno:

El mundo, sin muerte de Dios, no tendría Gloria, porque la carne sin muerte, ni enfermedad, ni vejez que llegara, no apartaría el pecado, sería Infierno con llamas, por ser Infierno en materia. Esto, Dios, cuando hizo el mundo y formó ahí la Tierra, ¿cómo no lo iba a pensar Dios Poder, Dios Sabiduría, que del Cielo baja a Tierra? Baja en miles de formas, que ya el hombre le da nombre sin decir Dios. Él dice Naturaleza; él mira lo que él no hace y sabe que allí nadie llega; pero nunca nombra a Dios, ni dice: “esto es bajar Dios a la Tierra, esto es cuido de Dios”. Porque si el hombre cuidara, seguro que esto moriría, si quisiera darle el color o perfume que trascendiera, de los muchísimos que el hombre quiere imitar en la Tierra.

Desperté, oí:

Tiene que morir el hombre
para vivir Paz y Gloria.

Y dejar ahí la carne,
para que vaya enseñando a pensar:
“todos tendrán este fin”.

Tendrán, si tú no te cuentas
en dejar tu carne ahí.

Esto te viene el pensar
según te acuerdes de Aquí.

Hay quien lo acerca el dolor,
y llama el venir Aquí.

Esto ya es cuenta de Dios,
el momento de partir,
si tu llamada es de Dios.

Si es llamada con ofensa,
cuando te llegue la muerte,
cuenta que Dios no te lleva.

La muerte la puso Dios
para premiar al espíritu
de lo que en Tierra sufrió.

La muerte queda en la Tierra,
y el espíritu, con Dios.

Todo lo hecho del Cielo,
siempre será lo mejor.


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Libro 11 - Te Habla el Profeta - Tomo II - Pag. 126-127-128

domingo, 21 de septiembre de 2014

El que Dios habla en él

En Sueño Profético decían:

El que Dios habla en él, no precisa hacer lo que hace el que Dios no habla en él. Aquí puede tener un estudio claro el que duda ponga. Este Lugar en el que Dios habla, puede prescindir de más de la mitad de las cosas que al hombre le son imprescindibles. Este Lugar podría, de no ser la actuación de Dios, hacer uso de la Confianza y Amor que Dios le da. Dios le deja más Amor Confianza y Libertad. Pero más ama este Lugar dejando la Confianza y la Libertad.

Yo, si hubiera hecho uso del Amor, Confianza y Libertad, cuando nadie lo veía, no me hubieran quitado la palabra de demonio noche y día.

Qué cosa más natural que suprima estas palabras aquel que Dios habla en él:  “Señor, no soy digna. Y una Palabra tuya bastará para sanarme”.

Si este Lugar no es sano ni digno, Dios en él no toma aposento.

Este Dios, cuando en ti entra,
forma revuelo su Amor,
ven que las palabras son suyas,
pero te dicen que no,
que no habla Dios del Cielo,
que aquí miedo tendría yo.

¿Quién es el hombre para decir:
“aquí habla y allí no;
éste fue mucho más bueno;
y aquél mucho más pecó”?
Si nada más que ya al nombrarlo,
debes de reverenciarlo.

¿Quién se encontraría capaz
de poder a Dios juzgar?

Este Dios que nunca hace
las cosas bien para el hombre.
Este Dios que no conoces,
no por Él y sí por el hombre.

Desperté, oí:

Es pena de sufrimiento,
y es pena de más sufrir.

Es pena porque Él te ama
y tiene que consentir
que amando como te ama,
te tenga que permitir  
que desmientas sus Palabras.

Estas Palabras que suenan
a silencio y a campanas,
a alegría y a tristeza,
cuando ves que a Dios no aman.
Que yo quisiera esconder
en su Gloria las Palabras,
pero me las dice Él,
y de su Gloria me manda.

TERESA DE ÁVILA


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Libro 5 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo I - Capítulo 6

sábado, 20 de septiembre de 2014

Instinto de animal

En Sueño Profético decían:

Si al que nace no le enseñas la existencia de Dios y los caminos para llegar a su Gloria, llegará a hombre con instinto de animal, sin caridad y exponiendo razones para que el pecado vean normal.

Dijo uno:

Si el hombre hiciera una prueba, comprobaría esta verdad: estar una generación sin enseñar a los niños a hablar. Cuando éstos llegaran a hombres no sabrían hablar. Se entenderían gritando y ladrando, como hace el animal.

Ahora piensa: éstos mismos que nacen, que no vean andar. No hay que pensar mucho que utilizarían las manos por el suelo como hace el animal.

Pues esto es Enseñanza del espíritu: enseñar, al nacer, que la vida que trae el cuerpo tiene que volver al Sitio que no hay cuerpo, pero que hay Vida Eterna.

Que al salir de Aquí la vida, tú no pudiste hacer que saliera. Pero la entrada en la Gloria, Dios deja que tú la quieras.

Desperté, oí:

Tú la quieres cuando tu vida
vivió con ansiedad de volver.

Cuando cumpliste a Dios
lo que Dios no exige al hombre.

Cuando el maldito pecado
pudieron tus pies pisarlo
y tus manos retirarlo
con la mirada en el Cielo
y tus palabras alabando.

Culpaban en la Gloria al hombre
de que la maldad
acaparara a los niños
para cuando sean hombres.

Ponían comparaciones
con varias cosas distintas,
donde se da la Enseñanza.

El día amanece niño,
y cuando llega la noche
ha dejado la Enseñanza.

Para que el niño,
cuando llegue a hombre,
sepa los peligros
que la noche al mal le guarda.


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Libro 20 - La Palabra del Creador - Tomo II - Capítulo 5

viernes, 19 de septiembre de 2014

Agua del venero cuando nace

En Sueño Profético hablaban de estas Comunicaciones de Dios. Decían:

Seguid caminos
que puedan obedecer
los que no quieren que sean.

Los lejos, estando lejos,
pueden mandar a los cerca.

Pero si los cerca no quieren,
por su actuación lo demuestran.
Esto dejan enterrado
el tiempo que ellos quieran.

Dijo uno:

Ya se pasó esta estación,
chica y sin importancia,
porque no aman a Dios.

Pues ya sigue el camino
que está el mando mayor.
Llama en la misma puerta,
que después se enterarán
los que no quieren que sea.

Si puedes beber el agua
del venero cuando nace,
¿por qué volver paso atrás
a beber de la sucia que dejaste?

No le pongas ya más tiempo
a los que han podido hacer
y por no amar a Dios,
no lo han hecho.

Estos pasos pertenecen
al que enseña el Evangelio.

Desperté, oí:

Deja ese lugar
como cosa que se olvida.

Y luego verás llorar
o impotencia con ira.

El Sitio que elige Dios
y el hombre le da desprecio,
no se merece la tierra
que el grano haga nacimiento.

Ni que el agua
llegue al suelo.

Si el hombre amara a Dios,
no podría vivir
con este comportamiento.

¡Nombran a Dios sin amarlo
y cometen sacrilegio!


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Libro 19 - Dios Manda En Su Gloria que Enseñen - Tomo III - Pág. 121-122

jueves, 18 de septiembre de 2014

Ciegos, paralíticos y mudos

En Sueño Profético decían:

El hombre, cuando puede hacerle servicio a Dios, no Lo busca por temor a que le mande; que si pensara en este mandar, no habría premio que pudiera compararse, si pensara: “Él le manda a mis pies a que anden, y a mis ojos les da vista, y a mi lengua para que hable. ¿Qué le podría pagar, si esto tuviera que pagarle?

Pues seguro que hay ciegos, paralíticos y mudos, que hacen servicio a Dios y Le cumplen Evangelio, y les dan buena lección a los que podrían hacer un gran servicio a Dios, en ir por lejos caminos, llevando el Nombre de Dios.

Dijo uno:

El hombre le sirve al hombre, y no Le sirve a Dios. El hombre se cree que es suyo todo lo que es de Dios. Por qué no piensa un momento:

¡Quedarme yo ciego, paralítico o mudo...!

¿A quién le pediría el favor, para vivir en el mundo como aquel que veo corriendo?

Esto diría el paralítico: ¿Y el mudo que a otros viera, con esa facilidad, que a su lengua, las palabras sonido dieran…? ¿Y ya el ciego que tiene piernas y habla, y no se puede mover sin lazarillo que vaya...?

Si el hombre pensara esto, a Dios buscaba para que servicio le mandara.

Desperté, oí:

Pídele a Dios que te mande,
cuando tus piernas se muevan,
tus ojos vean y tu lengua hable.

Porque será gran sufrir
el que a esto le falte
y antes no quiso servir.

No es trabajo el trabajo
que has trabajado por Dios,
cuando pienses que trabajo
es hacer algún servicio a este Dios.

¿Cómo diría el paralítico,
que a andar empezara:
“Maestro, yo no te sirvo”?

¿Crees tú que al paralítico
le saldrían estas palabras?

Pues piensa hacer servicio
sin camino ni distancia.

Que siendo Mando de Dios,
ni sale el “no”, ni te cansas.


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Libro 16 - Dios No Quiere, Permite - Tomo II - Pag. 48-49-50

miércoles, 17 de septiembre de 2014

La muralla

En Sueño Profético vi una muralla no cuidada. Estaba en abandono por la mano del hombre.

Y dijo uno:

En esta muralla se paró un día Jesús el Salvador, y les dijo a los que Lo acompañaban:

“El que crea que ya ha hecho bastante, no Me sirve. Mi Enseñanza va al que cree que poco Me hace. Éste, sí Me sirve, porque siempre tendrá un sitio para mi Mando. El que dude quién soy, no se negará a él mismo. El que Me pide Mando, no duda de que soy Dios del Cielo, hecho Hombre para la Salvación del pecador y premio al justo. Tened todos ansiedad de seguir a mi Padre en Mí. Y nunca penséis por qué no manda el Maestro a otro. El que haga este pensar, esta falto de Amor, como la madre que abandona al hijo cuando a hombre no ha llegado. Al que le pese mi mandar, no Me sirve, aunque servicio Me hiciera. Pero queda sin servirme aunque él crea que servicio Me ha dado”.

Desperté, oí:

Fueron estas Palabras dichas a unos que siempre que veían al Maestro mandar a uno, se alegraban.

Querían de Él su amistad
en momentos que les convenía.

Sin pensar que el que decía:
“Maestro, cuando quieras
mándame tu mandar,
que siento la muerte lejos
cuando trabajo me das”.

Éste, que se presentaba
antes de oír mandar,
era al que Él le mandaba
y aún mandando está.

Oyeron en la muralla,
y hoy hacen el Mando del dictar.

No puede servir a Dios
el que “el hacer”,
con protestas acompaña.

No albergues nunca pensar
que diga estas palabras:

“Yo no sigo a Dios,
porque ya he hecho de más.
Ahora que sigan otros,
que antes no hicieron “na”.


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Libro 15 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy DIctados en Gloria - Tomo III - Capitulo 4

martes, 16 de septiembre de 2014

Nunca culparás a Dios

En Sueño Profético decían:

Para comprender las Palabras de Dios, tienes que amar. Si no amas, lo que Dios hace sencillo, tú lo harás difícil e imposible.

Dijo uno:

El Amor a Dios, más se ve cuando llega la contrariedad de la vida con materia.

El que mucho ama, más se acerca a Dios en la enfermedad y en los contratiempos que el hombre, mayoría de veces, él mismo se pone. Aquí es cuando asoma el Amor Divino; aquí es cuando más forma la intimidad con Él; aquí es cuando tú dices: “Señor, yo creo esto lo peor, pero cuando Tú lo haces… ¿Quién Ama más que Tú? ¿Quién tiene más Sabiduría que Tú? Pues si nadie es como Tú, ¿cómo decirte Señor por qué Lo haces?”.

Cuando el Amor a Dios ha superado el amor de la materia, es cuando se viven estas frases: “Señor, quiero amarte. No permitas que mi mente sirva nunca para culparte”.

Si piensas en Palabras de Dios, verás cosas dichas grandes. Y si no sientes Amor, ¿para qué decirte frases que escritas nos dejó Dios?

Es difícil comprender estas Palabras de Dios:

“El que Me oye a Mí, oye a mi Padre. Mi Padre está en Mí, y Yo estoy en mi Padre. Mi Padre está en Esencia, y Yo estoy de Carne. Yo he venido a juzgar a vivos y muertos. El que cumple mis Palabras, tiene Vida Eterna”.   

Todas estas Palabras formaban guerra en el que amaba y en el que no amaba.

Desperté, oí:

Estas Palabras fueron unas de las que formaron mayor revuelo:

Dejad que vaya al Padre, y vendrá mi Espíritu.

Yo he venido a curar al enfermo, cuando quiera ser curado.

Yo busco a los pecadores, por si quieren ser perdonados.

El que se avergüence de Mí, Yo lo avergonzaré delante de mi Padre.


¡Cuánto tenían para hablar
los que a Dios no Lo querían!

No podían comprender
lo que Dios ahí decía.

No podían comprender,
porque Amor no conocían.

Si tu Amor ha superado
el amor de la materia,
nunca culparás a Dios,
de lo malo que te venga.


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Libro 2 - Meditaciones y Palabras Directas con el Padre Eterno - Tomo II - C5