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jueves, 10 de noviembre de 2016

¡Qué mandar, sin ser mandar!

En Sueño Profético hablaban de seguir a Dios.

Decía uno:

Yo sí puedo decir seguro que para ir publicando la Palabra de Dios (esta Palabra, cuando Él te diga: “Tú hablas, pero la Palabra es mía”. Es distinto predicar su Palabra que la que hay escrita. Esta palabra tú la dices como puedas o quieras, pero la que Dios dice en tu espíritu, ésta la dices cuando Él la resuena en ti) tienes que olvidarte de todo porque el Amor que sientes te arrastra, y este Amor te hace que tú arrastres al que a Dios ama.

Nosotros, sus Discípulos, siempre teníamos estas respuestas para el Maestro: “Sí, cuando quieras voy”. Y ésta era muy nuestra: “Maestro, Tú mandas”.

El que oía sus Palabras no sabía retirarse de Él. Ya fuera mujer, niño u hombre, pero Lo seguían a Él. Te olvidabas de dormir, te olvidabas de comer, pero lo que nunca olvidabas era caminar con Él. No nos agradaba mucho irnos separados de Él, pero como Dios que era, teníamos que obedecer, y casi a coro decíamos: “Maestro, Tú mandas”.

Dijo Pedro:

¡Qué mandar, sin ser mandar, mandaba este Maestro, que el mandar era humildad! Yo me preguntaba a veces: ¿cómo podrá así mandar?

A esto le contestó Andrés, que así sería su mandar: “Mi mando sería sencillo por lo que amo al Maestro. Pero si no fuera por Él…. ¡ya conocerían a Pedro!

Desperté, oí:

Era sufrir y sufrir
a cambio de tanto Amor.

El que se tenga por Pedro,
el sufrir será mayor.

Será mayor en el silencio
que tiene que demostrar,
pero Dios sabe el silencio
que dentro escándalo da.

¡Este Pedro, que amó tanto,
y por Amor no callo,
cuando el hombre ofendía
al que al hombre perdonó!

Si Pedro negó al Maestro,
fue momento de temor,
que luego lloró sus culpas
y el Maestro lo abrazó.

El Maestro bien sabía
que Pedro Lo negaría.
Dios sufrió en el negar,
y luego Pedro amó más.


***

Libro 8 - Dios No Quiere, Permite - Tomo I - Preámbulo

martes, 21 de diciembre de 2010

Llora como Juan y ama como Andrés - Libro 10 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo I - Pag. 124-125


En Sueño Profético contaban un hecho de la Vida de Dios Hijo. Decían:

Regresaron un día Juan y Andrés de un cometido que les había mandado el Maestro, y Juan llegó apenado, tan entristecido que rodaban las lágrimas por su cara. Andrés quería darle ánimos y fortaleza de espíritu para que cuando llegara el Maestro no participara del sufrimiento. Corto instante pasó, cuando vieron delante de ellos a su Maestro, el que sabía lo que había ocurrido, pero quería saberlo por boca de ellos.

Dijo:

–Andrés, cuenta el trato que te han dado cuando llevabas mi Mensaje. Empieza, Andrés, que tu sufrir es el mismo, pero tu espíritu se hace más fuerte.

–Entramos en casa del gentil y nos recibió uno de sus criados, y estas palabras dijo: “¡Otra vez estáis con las Palabras de vuestro Maestro…! El será vuestro Maestro, y mi amo es mi amo, a quien sus órdenes cumplo”.

El Mensaje era el siguiente: “Id a oír mis Palabras cuando con caridad tratéis al humilde y deis comida al hambriento. No cumplir las Palabras de mi Padre es ensuciar las mías, que son las mismas de mi Padre, por ser mi Padre el Hijo.

Este gentil tenía fama de que por un mendrugo de pan que él diera, tenían que servirle con agrado; y al Maestro oía, pero no Lo amaba.

Desperté, oí:

Juan amaba tanto a su Maestro, que sufría cuando no ponían en práctica su Mensaje.

El criado tampoco amaba.

Si ama, no está con ese amo, ni insulta a sus Discípulos.

Mandarle Dios el Mensaje era para hacerlos suyos, si Lo obedecían.

Si no obedecían, ellos mismos pedían que los apartara.

Dios se comunica para que Lo amen.

Y ya amando, Él no aparta.

Llora como Juan, ama como Andrés, y ya siempre es vivir con Él.


***