En Sueño Profético hablaban la enfermedad, la muerte y el cementerio. Se oían por alguien que defendía diciendo: “Todos le tienen desprecio y si lo piensas el cementerio es inocente”.
Dijo la enfermedad:
- Yo llevo muchos al cementerio porque ellos lo piden y lo quieren. Son más, muchos más, los que se buscan enfermedad que los que, sin quererla, del Cielo les viene.
Dijo la muerte:
- A mí muchos me buscan, más de los que Dios me da el Mando, pero cuando me presento, si es que tú no me has buscado, es porque Dios me mandó. Por otro lado, ésta es la Libertad que Dios deja para la muerte y el pecado. Luego está la enfermedad que Él permite cuando el cuerpo se ha enfermado y ya llegará la muerte sin que la paren los hombres por grandes descubridores que sean del cuerpo humano.
Dijo uno:
Una vez que Dios manda a la muerte, que es su Mando, que desprenda el espíritu de la carne, ya sobra la ciencia médica, ya no llegan aquí los llantos, porque el Mando de Dios tiene que cumplir su Mando. Que su Mando es llevarse el espíritu a la Gloria o meterlo en el Infierno, sitio donde Dios no puede hacer Presencia, porque si lo hiciera haría destrucción de la Libertad que Él le deja al hombre para que continúe apartado de Él.
Infierno: nombre que compone el mal estar, la desesperación, la angustia, las tinieblas, el fuego y tocar lo imposible.
Hay que saber que si existe aquel sitio sin Dios también existe la Gloria, donde Él habita, donde está la Paz, donde empieza la Vida, donde Dios te manda, donde el Padre espera.
Desperté, oí:
¿Quién podrá decir: “A mí no me llegan estas tres cosas: Enfermedad, muerte y cementerio”?
A todos les llegará, pero si piensas en Dios no quieres buscar la muerte.
Lloras cuando Dios la mande, pero sin dejar de amar.
¡Qué razón más poderosa tienen las palabras de la muerte!
Si el hombre amara a Dios no quitaba de su mente la enfermedad, el cementerio o la muerte.
Haría una vida buena, haría una vida sana.
Y si Dios manda la muerte me voy contento con Él, por ser ya vida y no muerte.
¡Qué falta le hace al hombre que en estas tres cosas piense!
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Libro 66 - Investigaciones a la Verdad - Tomo XI