En Sueño Profético decían:
Si estás pecando y buscas obediencia puedes dejar de pecar. Si no estás pecando y huyes de la obediencia puede cogerte el pecado porque tú sitio le has dado.
Dijo uno:
Hay varias formas de abrirle la puerta al pecado y por eso hay varias formas de pecar, aunque pecado es pecado. Hay quien busca el pecado y hay quien peca porque el pecado lo siguió a él haciéndole ver que no es pecado y queriendo envolver el pecado en la envoltura de lo que envuelve lo bien hecho, diciendo que esto no es pecado. El que se envuelve con el traje de pudor jamás peca, porque el pecado se retira. El que su carne ofrece al pecado usando el desnudismo está pecando y andando el camino de la condenación. Dios perdona, pero no hacer lo que Él tiene mandado es vivir fuera de su protección, es vivir en mano contraria.
El espíritu y la carne tienen su alimento y su veneno. El alimento para que no muera el espíritu es hacer y vivir lo que Dios tiene dicho. Y si no quieres matar tu carne no bebas veneno. ¿Cómo podría complacerte un farmacéutico vendiéndote poca dosis de veneno a diario por amistad que tuvieras porque tú quisieras comprarlo, con tus ejemplos y razones, para irte envenenando? Pronto te haría justicia, porque sabría que vendértelo era matarte y dándotelo a probar ya te estaría envenenando, y acabarías echándolo a empujones.
Pues, ¿cómo quieren que Dios, hombres necios de la Tierra, diga sí a los pecados y rechace obediencia?
Desperté, oí:
Para no matar la carne el hombre analiza los alimentos.
Para no matar la carne tú haces por enterarte de aquello que mal le sienta a tu cuerpo.
Qué ejemplo el del veneno, que aunque tú quieras comprarlo no te lo da el farmacéutico.
Y todo para morir, porque morir sólo muere el cuerpo.
Si el espíritu lo cuidara el hombre dándole buen alimento con obediencia y recato, pisaría Tierra y viviría Cielo.
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Libro 66 - Investigaciones a la Verdad - Tomo XI