En Sueño Profético enseñaban para saber enseñar a cultos y a rudos, como Dios Hombre enseñaba en su vida pública. Decían:
Dios no puede enseñar al culto y abandonar al rudo que a Él Lo ame como Lo ama el culto. Dios aclara inteligencia con la fuerza del Amor que comprende y siente esta Existencia. Que de Aquí sale la vida para el cuerpo del hombre y para la tierra que pisa. Para lo que crece buscando vida obedeciendo a Dios para dar vida. De todo esto el intérprete es el Amor, que es el que manda la vida. A más Amor a Dios, menos trabajo cuesta el comprenderlo. A más lo sigas, más verás que es Dios en sus Hechos. A más quieras seguirlo, Él te mandará más tiempo.
Dijo uno:
Dios, como dueño del tiempo, a veces hace reparto, aunque tú no lo estés viendo. Y si dices: “yo quisiera Dios mío”, Él te manda entonces tiempo.
Desperté, oí:
Hacían en este arrobo comparaciones de cultos y de rudos, de hombres faltos y con sobra de tiempo.
Nombraban algunos nombres que siguieron al Maestro.
Unos de importantes cargos por su saber aprendido.
A otros les llamaban braceros o jornaleros, y cada día iban a un sitio, según la tierra los necesitase.
Pero para seguirlo a Él nunca el tiempo les hacía falta.
Decían: “Dios mío yo quisiera saber administrar el tiempo para que nunca me falte para ir a tu Camino, por la mañana o por la tarde”.
Haciendo a Dios esta súplica, no puede el tiempo faltarte.
Porque el tiempo está sujeto al mandar que Dios le mande.
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Libro 83 - Te Habla El Profeta - Tomo XI - C3