En Sueño Profético hablaban de ayudar al necesitado, bien de materia o bien de espíritu. Decían:
Hay veces que ayudas a llevar el peso sin hacer fuerzas, hay veces que tu carga te la quitan tan sólo con las palabras y hay veces que te aumentan tu sufrir con las miradas.
Dijo uno:
Estas son varias formas de amar a Dios en el Prójimo. La ayuda material influye en el espíritu y la ayuda espiritual da fuerzas para llevar la carga del espíritu, que en la materia no se ve si a Dios tienes de frontera donde sufrir no pasa para la Vida Eterna. Por eso, el que ama a Dios al Prójimo llega y le ayuda en su carga, y ya ve la frontera. Que es Dios el que manda para que tu vivir sea con ayuda a tu sufrir mientras estés en la Tierra, que todo el sufrir de ahí es el hombre el que se encarga de que no falte.
Cuántas veces se hace un bien tan sólo diciendo “sí”, tan sólo dando una firma y acordándose de Aquí, pensando que Dios quiere que consolemos el sufrir, pensando que Dios no quiere que vivan en la Tierra sin comida y sin vestir, pensando que todos somos hermanos si con Dios queremos venir.
Desperté, oí:
Diciendo bien las palabras ayudas a llevar el peso sin hacer fuerzas.
¡Cuánto sufrir de espíritu se podía consolar si el hombre amara este Cielo!
Cómo se recordaba a Dios dando de comer al hambriento.
¡Qué pocos perderían la Gloria si se viviera Evangelio!
Que si todos lo vivieran tal vez Dios bajaría a vivir, en la Tierra, con ellos.
Si el hombre se preocupara de quitar los sufrimientos haría una buena ayuda sin notarse él el peso.
Ayuda con tus palabras al espíritu que esté sufriendo o busca donde se encuentre el desnudo o el hambriento.
Esto es para el que cumpla o no: “Piensa que Dios te está viendo”.
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Libro 69 - Dios No Quiere, Permite - Tomo VIII