En Sueño Profético decían:
Amar a Dios no admite escondrijo. Amar a Dios es columna de cristal, que no hace falta dar la vuelta para ver que es columna sin guardar secreto chico ni grande, porque toda es de cristal, y mires por donde mires, con cristal te encontrarás. Pues esto es el Amor, cuando Amor de Dios tú sientes.
Un día –dice uno que está Aquí, en Gloria, y que va a seguir contando este Hecho de Jesús, el Salvador de los hombres–. Pues sigue mi voz –dijo otro–, pero el mismo Mando–: era temprano aquel día, cuando íbamos con el Maestro, y teníamos que atravesar unos terrenos que, a bien decir, no era pueblo, pero tampoco era el campo. Era sitio que ves una casa y tienes que andar otro tanto para ver unas viviendas que cada uno había hecho para estar más cerca de su trabajo. Pues delante de nosotros iba un arriero con un mulo y tres burros. Fue mirar para atrás, bajarse del mulo y apartar a los burros y apartarse él del camino. Cuando pasamos, se paró el Maestro, y el arriero no dejó tiempo al Maestro, porque el Maestro lo dejó para que todos vieran el Amor del arriero. Dijo aquel hombre que el Amor le ponía grande vestimenta:
–Si sé que Tú, Maestro, eras el que venías detrás, cómo mis burros y yo Te íbamos a ensuciar el camino con nuestras “pisás”.
Y quiso ponerse de rodillas, cuando Dios Hombre le dijo:
–Sigue con ese rebose de Amor, y Yo siempre iré detrás de ti, o tú irás pisando mis Pasos. Pero amando así, a todos irás enseñando.
Ya le echamos delante, y un poco, del camino, se apartó el arriero. Y otra vez dijo el Maestro:
–Ahora Yo soy el que me voy a parar para esperarlo a él y preguntarle el por qué no sigue este camino estrecho. Yo sé la contestación. Pero Yo soy Dios del Cielo.
Ya llega y le pregunta, y contesta el arriero:
–¿Cómo yo ir pisando las “Pisas” de Dios del Cielo? ¡Ésas, que queden ahí, para otro que más pueda merecerlo!
Desperté, oí:
Es lo que nunca se acaba,
el Amor que das al Cielo.
Es lo que nunca se acaba,
porque va al Dios Eterno.
¡Qué Enseñanza da a los hombres
el Amor del arriero!
Sufre porque le ensució
el camino a su Maestro.
Y no quiere pisar,
por no creer merecerlo
el ir él después detrás,
poniendo sus mismos pies
donde los puso el Maestro.
Este Mensaje es de Amor,
y fue Amor del arriero.
Era hombre de cristal,
viendo espíritu por dentro.
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Libro 13 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo II - C5