En Sueño Profético hablaban de la fuerza del espíritu, de la comunicación para que actúe la carne. Hablaban de muchas generaciones anteriores a ésta. Hablaban de Apariciones, de Comunicaciones, de hechiceros, de hombres que trabajan con espíritus que andan sueltos, de religiones que un hombre fue dueño por implantar sus ideas, nociones o por poner fecha a un tiempo que antes otros dijeron.
Hablando de todo esto, dijo uno:
Es de estudio y de gran provecho comparar estos Libros con lo que no sea Evangelio, con lo que otros hombres tengan escrito de Santos y de hombres buenos, de místicos y de educadores que escribieron Teología para enseñar y hablar de Dios. Ahí ves que el hombre habla de Dios, y en estos Libros ves a Dios hablándole al hombre, ves manantial de Palabras Evangélicas, ves a Dios y al hombre sin haber Aquí llegado por vivir aún con materia.
Desperté, oí:
Qué poco sabe el hombre del espíritu, cuando él, en su cuerpo, lo lleva.
Y mucho menos sabe del espíritu sin materia.
Por eso Dios da Enseñanza, a diario, de noche en la Gloria y de día a la Tierra.
Estos Escritos se apartan de Apariciones, Extasis o Revelaciones que conserve escritas el hombre.
Esto es, a diario, Evangelio para que lo estudien los hombres y lo cundan por los pueblos.
Para que el hombre no dude que el espíritu va a un sitio cuando ahí deja al cuerpo.
Pon como primera asignatura la educación del espíritu para que se amen los pueblos.
Porque Dios bajó a la Tierra para enseñarnos a querernos.
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Libro 68 - La Palabra del Creador - Tomo VII