En Sueño Profético hablaban de oír el consejo de Dios, de aceptarlo y de cumplirlo, y de cómo conocer lo de Dios para aceptarlo.
Dijo uno:
El Consejo de Dios es: ir lumbre apagando, odio a la desesperación, horrorizarse del pecado y desechar todo consejo que a Dios no pueda encontrarlo.
El hombre siempre lleva dos consejos: uno bueno y otro malo. El malo te exige más, hasta llevarte al pecado, si tú no dices: “¡Consejo, échate para otro lado, que yo voy a vivir consejo de la Paz del Amor a Dios y del milagro!”. El consejo que lleva el mal, lo sabes tú al albergarlo: dedos que tienes deformes y no vas al cirujano, que puede que esta deformidad te la quite si en él vas confiando. Esto es consejo de Dios: buscar al que te da aliento, siempre en la línea de Dios. Si no lleva este camino, di: “No es consejo de Dios, es consejo del espíritu del mal, que va minando la roca, con el saber de la maldad, para que pierdas las Gloria, y te pone unas razones: que la lumbre es para el frío y para el calor el aire; el agua, para el sediento; y la silla, para el descanso del caminante.
Desperté, oí:
Todas estas razones que el espíritu del mal pone, como no vienen de Dios pueden hacer daño al hombre.
Es mejor cortar consejo, cuando pienses: ¡Dios no quiere que mal hagan los cristianos!
Rogar por los pecadores es lo que hace La Madre para enseñar a los hombres, y abrazar el sufrimiento.
Dios Hijo da Ejemplo al hombre si lo ves en el Madero.
Los Discípulos sufrieron, pero nunca se alejaron del consejo del Maestro.
Los mártires fueron mártires por despreciar el consejo de los espíritus malos.
El mal consejo, al sufrir, le da consejo satánico.
A Dios, estando en el Huerto, quiso Satanás tentarlo.
Pide consejo a la Gloria, y oirás a Dios contestando.
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Libro 73 - La Palabra del Creador - Tomo VIII