jueves, 20 de agosto de 2026

Vamos a oír al Maestro

En Sueño Profético vi una calle sin casas, era la espalda de donde estaban las casas, eran murallas que parecían de las mismas casas. Había unos hombres hablando, pero no entendía lo que hablaban para luego contarlo.

Se quitó la Visión y dijo uno:

Ya viene la Enseñanza del hombre. Estos hombres que hemos visto, igual se vieron una mañana hablando del Maestro. Pasaba Él con dos de sus Discípulos y viendo que guardaron silencio, fue este el saludo del Maestro:

   —Es lástima que tengáis que veniros aquí, a este silencio, a referir mis Palabras y que no den salvación a muchos. Que puede que al oíros dejen de pecar y se salven. Si así vais a seguir, no id a oír mis Palabras, porque podéis pecar más que el que no va porque no Me ama.

Siguieron andando y llegaron a una plaza y había uno con gran corro, y el Maestro quiso llegar, cuando sólo se oía con grande voz: 

   —Ese hombre es Dios del Cielo. Yo voy siempre detrás y todo lo que Le oigo lo digo donde más puedan oírme. Que a veces cuentan mejor que yo el hecho que yo oí. Pues no me alboroto y me entran un gran contento porque ya se que hay otro que habla bien del Maestro”

Fue aparecer el Maestro y salirse del corro que tenía, porque le avisaron, y decir:

   —Maestro, he cogido tu sitio pero sin saberlo. Me puse a hablar de lo que Tú hablas y cuando acordé me vi dentro.

Desperté, oí:

Aquella mañana quiso el Maestro enseñar con los mismos hombres a los hombres.

Unos oían su Palabra y se escondían, porque a sus nombres podía perjudicarles el nombre del Maestro, para opinar. Aunque siempre terminaban diciendo: “son Palabras con fuerza que no ha dicho nadie”.

Al segundo que el Maestro pilla hablando de Él, él y unos amigos oían para que otros oyeran.

Y se ponían a hablar en el sitio donde más gente acudiera.

Lo mismo acudían escribas que el que cuidaba la tierra y cosecha recogía.

Cuando dicen “el Maestro viene”, se creía haber hecho mal con la gente que allí había.

Se sale y dice: “Maestro, es tu sitio. Empecé sin saber que Tú venías”.

Siempre buscaba los sitios donde más gente acudía.

El que guarda la distancia de Dios en sabiduría iba a sitios solitarios por si preguntas le hacían.

A éste le dijo el Maestro que seguirlo sin predicar y ocultándose, no le servía.

No te ocultes ante el hombre de las Palabras de Dios, que son la Salvación del hombre.

¡Qué alegría le dio a Dios cuando oyó la gente: “Maestro es tu sitio”!

Y del corro se salió con alegría y contento al oír su Voz.

Fue la Mano del Maestro la primera que en su hombro descansó.

Los que no querían decir “vamos a oír al Maestro”, nunca pudieron decir “sentí su Mano en mi cuello”.

No se oían otras palabras que el abrazo del Maestro.

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Libro 74 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo IX - C4 

miércoles, 19 de agosto de 2026

Verá el hombre que Dios hace sus Caminos

En Sueño Profético decían:

En lo material se buscan los hombres por tres cosas, que son éstas: una, por el título; otra, por el dinero; y otra, por el pecado.  Si Aquí no hay esa mercancía mundana que el hombre tanto valora ya ven que es Dios el que la introduce donde no quisiera el hombre que está en su contra.

Dios con el “ve” que le da al hombre sabe que el hombre lo acecha, pero Dios lo deja como insecto paralítico, como puñado de arena que no se levanta del suelo y el paso la pisotea.

¿No están viendo en este caminar que el Instrumento a todos los sitios llega faltándole las tres cosas que el hombre busca en la Tierra, porque le dio su valor en esa estrecha y corta vereda? Pues esto es porque aquí va y actúa el Mando de Dios.

Dijo uno:

Coge el principio de todo y verás presentación con fuerza. Fue el Padre y el Hijo, que el Hijo presenta al Padre y ya el Padre manda al Hijo con el Espíritu en forma de paloma. Éste fue el principio de este “jamás final”, por ser Dios Único y querer que quede clara su Enseñanza, dicha en su misma Gloria, para que el hombre eche paso atrás cuando piense: “Dios Espíritu y Dios Carne no pueden tener reforma y a pesar de los siglos que hace desde que hizo el Cielo y la Tierra todo sigue igual. El Cielo con su Gloria, que es su Presencia, y la Tierra con el pecado por la Libertad que Él deja”.

Desperté, oí:

Aquí verá el hombre que Dios hace sus Caminos.

Y que, como Dios que es, no le estorban las montañas, ni los mares, ni las honduras.

Pues si esto no le estorba, ¿qué significan los hombres por grandes títulos y nombres que se pongan de una historia?

Luego les llega el momento, sin fecha, ni día, ni hora, y dejan los pergaminos y los títulos les sobran.

En estos años pasados tiene el hombre que pensar para hacerse examen de conciencia.

Y en este pensar, pensar se querrá quitar y, entonces, con más fuerza pensará.

Y verá a Esto llegar donde el Dueño quiera.

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Libro 69 - Dios No Quiere, Permite - Tomo VIII 

martes, 18 de agosto de 2026

Fuente divina

En Sueño Profético decían:

Haz comunicación de estos Escritos Aquí dictados, en embajadas y consulados, para que el mundo sepa, en su tiempo, lo que Dios de Aquí a ahí manda.

Que no dejen esta Nueva –como cuando Dios se hizo Hombre– para el día que tu materia falte, porque a preguntas y síntomas es el Elegido el que tiene que responder, no luego el que coja el Libro. Pues, sobre síntomas y Enseñanzas, que serán las preguntas, hay para hacer varios Libros, para facilitar la Enseñanza al espíritu.

Tu tiempo sea para cundir este Imposible que ve el hombre. Tu tiempo sea para los que te busquen y se ofrezcan a quitar pinchos y obstáculos del Camino de Dios, para Gloria de Él, y para que pronto llegue al último cuarto de Tierra esta Enseñanza de Salvación del espíritu.

Dijo uno:

Ya pasó el tiempo del temor y de las dudas del hombre. Ya ven la Existencia de esta Gloria y la obediencia ahí en la Tierra por parte del Instrumento.

Ya, que no pase día sin que conozca las ansias de cundir: ¡Dios habla en mí! ¡Dios me dice que entere al hombre de su Existencia! ¡Teólogos y seglares necesitan esta Fuente divina, Manantial que el hombre debería custodiar por la salvación del mundo!

Desperté, oí:

La falta de Amor a Dios que tiene el hombre, hace que no sepa de esta Gloria.

Y la sobra de pecado, quiere que Esto nadie sepa.

¡Hombres que andan de pie y su espíritu arrastran como culebras!

¡Hombres que buscan pecado y lo de Dios siempre niegan!

¡Hombres que saben que mueren y que luego todo dejan, y no hacen por acudir donde Dios Mensaje deja!

Dale valor a tu tiempo y que tu tiempo ya sea para el que te quite peso o para el que te abra puertas.

¡Pero puertas de lo que el hombre llama fronteras para separar la Tierra!

Ya, si pides, no es pedir, porque todo lleva de sobra.

Es cumplir este Mandato, que a diario dan en Gloria.

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Libro 73 - La Palabra del Creador - Tomo VIII 

lunes, 17 de agosto de 2026

¡Cuántas maneras hay de que enferme el espíritu!

En Sueño Profético hablaban de las enfermedades que puede tener el espíritu  y de las formas de cogerlas. Hablaban de sus peligros, de sus curaciones, de los que buscan el mal y de los que a ellos el mal les busca. Decían:

Estar endemoniado no es estar enfermo, pero si no te curas te acometerán sufrimientos y la enfermedad te irá corroyendo.

Dijo otro:

Hay quien no tiene esta enfermedad y, con facilidad, la va repartiendo a los espíritus que no se alimentan practicando la Palabra de Dios. Estos espíritus tienen facilidad por ser aceptados como buenos en su vivir y en sus actuaciones, pero sin cumplir los Evangelios. Éstos transmiten dosis de veneno para el espíritu con el que tratan, si éste tampoco cumple los Evangelios. Pero el que cumpla, haciéndole servicio a Dios en lo que dejó dicho y ahora está diciendo, éste no quiere amistad con el que tienen por bueno, porque lo puede enfermar, transmitiendo pensamientos o aceptando palabras que no van con los Evangelios.

Luego está la enfermedad que te tienta y te pone tu pensar en cosas que están lejos, que esta enfermedad te llega para que no seas bueno. También está la enfermedad de a los que cogen, sin saberlo, para que llegue sufrir donde cumplen los Evangelios, queriendo hacer la guerra porque la Paz va en contra de ellos. Éstos tienen enfermedad, a veces, por poco tiempo, hasta que les llegue el pensar y abracen los Mandamientos.

Desperté, oí:

¡Cuántas maneras hay de que enferme el espíritu!

Pero el hombre cree que si su cuerpo está sano y las leyes del hombre cumple, no tiene el espíritu malo. Si él vive en silencio, sin vida que dé escándalo.

Todo es por falta de saber, porque nunca le enseñaron que para ser hombre bueno, que para dar consejos y para tomarlos tiene que amar a este Dios practicando los Evangelios.

Cuando digan que eres bueno piensa si tú cumples lo que Dios dijo y lo que hoy está diciendo.

Si esto no lo cumples, tú sabes que no eres bueno.

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Libro 66 - Investigaciones a la Verdad - Tomo XI 

domingo, 16 de agosto de 2026

Pedir para que más Lo quieran

En Sueño Profético decían:

No hay alegría mayor que Dios conceda el pedir que Le pides, porque es pedir para que más Lo quieran.

Ya dijo un espíritu de la Gloria:

Aquí ya se están cerrando las puertas a los sufrimientos y en su lugar se ponen alegrías. Alegrías como la del servicio que están haciendo los que están aquí unidos, trayendo prólogos de Obispos que en los Libros están publicados. Pues ningún otro ha podido hacer lo que han hecho y están haciendo los que están aquí unidos.

Desperté, oí:

Ya se dice con Mando de Dios que pronto estén los Libros publicados con los prólogos de los Obispos.

Los que están aquí unidos y dispuestos a hacer este Mando, también se pueden decir “elegidos”.

Otra vez, estando escribiendo el Mensaje, dictado en la Gloria, los Humos Divinos hacían niños con alas y la Imagen de Dios se veía transparente.

Esto, sin ver los Humos Divinos, es difícil contarlo.

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Libro 71 - Te Habla El Profeta - Tomo IX 

sábado, 15 de agosto de 2026

Las alegrías sin Paz no son alegrías

En Sueño Profético decían:

Las alegrías sin Paz no son alegrías ni con gran capital. Pues teniendo capital y faltando la alegría con Paz de la Gloria, el capital más sufrimiento de peligro da.

Dijo un espíritu de la Gloria:

Yo conocí a uno que en el mesón donde yo entraba nos juntábamos a la misma hora. Éste tenía gran capital y por tener tanto dinero la Paz despreciaba y no quería saber nada de donde viniera la Paz, porque decía:

    – Yo tengo dinero y no deseo nada. Con dinero compro todo lo que me haga falta, porque al dinero nada se niega.

Éste tenía dos hijos ya mayores, uno con 17 años y otro con 15. La mujer sufría porque siempre estaban con voces y riñas, era difícil que le ayudaran por no oír las riñas que a la familia le daban. El dinero era el defensor de este hombre, y decía: “Yo seré feliz toda la vida”. De la Iglesia no quería saber nada y su mujer le hacía caricias para que le dejara ir a misa.

Ya sigue su mujer, que su espíritu está en la Gloria:

    – El dinero sin hacer servicio a Dios se convierte en espíritus que están en contra de Dios.

Sigue su mujer, carne que Dios unió:

    – Era una noche fría de invierno cuando me levanté y el padre de mis hijos no se movía. Le vi lágrimas y me acerqué, y no me dio tiempo para preguntar cuando me dijo: “Creo que no me puedo mover, porque no me siento las piernas. Si otra vez anduviese iría todos los días a la Iglesia y el capital que tengo lo quemaría”. Llamé al médico y los dos lágrimas juntamos cuando dijo el médico: “Esto no tiene cura, es una grave parálisis. Ya que traigan un sillón de ruedas y que haga lo que dice”. Los hijos se encargaron de su petición y estas eran sus palabras: “Mirar el dinero con desprecio para lo que no haga falta y si veis a unos necesitados ayudarles, y ya Dios será el mayor capital que tendréis”. 

Desperté, oí:

Con mucho dinero, si no pones a Dios lo primero, te falta la Paz.

Y si te pones enfermo, como el que se ha nombrado, ya tu dinero te pone más enfermo.

Pues este paralítico al pueblo enseñó que el dinero te roba la Paz de Dios.

Termina el Mensaje diciendo:

    “Dinero malo,
    que pones peligros
    y quitas Milagros.

    Te crees que sirves
    y quedas de sobra
    para el enfermo incurable,
    para apartar la vejez
    y para evitar la muerte del joven. 

    Para lo que más sirves
    es para llevar a pecar,
    y ya hacer a la Gloria
    las puertas cerrar”.

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Libro 70 - Dios Manda En Su Gloria que Enseñen - Tomo X 

viernes, 14 de agosto de 2026

Mi Reino no es de este mundo

En Sueño Profético decían:

Tú sigue llevando este Mando, que este Mando a ti te manda. Que el oír es bien sencillo, cuando el oír no falta. Y el interpretar, difícil, porque ya no es la Palabra, es la manera que oíste y le pusiste palabras, y ya salieron dos frases, una buena y la otra mala, depende la interpretación que sonará en tus palabras. Palabra y Acción de Dios son de mil formas interpretadas.

Dijo uno:

Se van a citar Palabras dichas por el mismo Dios Hombre a los hombres en la Tierra:

 – Haceos niños y entraréis en mi Reino.

El hombre de grandes estudios y que siempre había vivido aprendiendo, no podía interpretar que allí no le valía su “sabiendo”. La mayoría pensaban: ¿Pero cómo comprender un niño mejor que yo?...
 
 –Yo he bajado de mi Reino para busca al pecador, no para el justo. Al justo lo quiere el hombre. Al pecador lo maltrata y deja que más se vean sus pecados. Y si puede los aumenta.

Ya muchos Lo ofendieron cuando dijo:

 –El que Me quiera, coja su cruz y Me siga.

Él les dio a comprender, que no porque Lo siguieran, no tendrían sufrimientos. Él siempre les hablaba para la Eternidad. Les hacía comprender, dónde había Amor, que el camino de materia era corto. Y que estando con Él, el espíritu y el pensamiento quedaban purificados para vivir con Él en su Gloria.

Desperté, oí:

Al que Dios le manda, le hace interpretar antes de que lleguen Palabras.

Le hace sentir la Voz, sin que eco dé garganta.

Le da la Sabiduría para que el profesor aprenda.

Y la “Palabra de Dios”, si no es dicha por Él, la conoce y no respeta.

Dios la enseña para que lea lo que de Él recibe, dormida o despierta.

Y le hace publicar sin que el hombre intervenga.

¡Qué cierto que el Lenguaje de Dios, sin Amor, no hay quien lo entienda!

 –Mi Reino no es de este mundo –dijo Dios, siendo el Dueño de la Tierra.

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Libro 73 - La Palabra del Creador - Tomo VIII