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martes, 7 de octubre de 2025

Da de comer al hambriento

En Sueño Profético hablaban de seguir al Elegido por Dios, de comprenderlo y de gozar al presenciar sus hechos.

Dijo uno:

Yo viví con un ventero que con Dios, de noche, tenía Sueños Divinos. Este hombre había llevado una vida de grande sufrimiento. Sus padres lo tuvieron pidiendo limosna hasta los 12 años, hasta que el dueño de la venta se lo llevó con él por darle lástima más que por hacerle falta. Al poco tiempo enfermó el ventero. El chiquillo le cogió también cariño a este matrimonio, y no quiso volver con los padres, pues allí sólo oía palabras que ofendían a Dios, y los tratos entre los padres siempre eran violentos, reverso del ventero que todo era unión: si él decía una palabra, la mujer la acentuaba; los dos trabajaban sin descanso; y todo el necesitado que allí llegara, encontraba refugio de palabras y comida. Pues allí se hizo hombre el pedigüeño y fue el dueño de la venta –que si fama tenía de gente buena, más creció siendo él el dueño–, que ya la heredó él en vida por querer el matrimonio premiarlo por su inigualable comportamiento. Éste, me contaba, que todas las noches, cuando subía del despacho, antes de acostarse, rezaba a Dios, y que éstas eran sus primeras palabras: “Señor, no puedo vivir años que pudiera darte gracias, tantas gracias como tengo que darte por tanto bien como me mandas del Cielo”. Pues este hombre me contaba que muchas noches veía a Dios y su túnica lo rozaba. Se despertaba muchas mañanas con la caricia de su Manga rozando su cara, y que miraba el reloj y siempre era la misma hora. Este hombre me contaba grandes frases y grandes Visiones, que las guardaba del que de él se reía. A los que en Dios creíamos y Lo amábamos, en el trato que nos daba cuando entrábamos en la venta, nos sellaba la verdad.

Desperté, oí:

Disfrutó del ventero el que a Dios amó y Lo siguió, y Dios hizo que Lo sintiera.    

A éstos no los despertaba el Brazo que acariciaba la cara del ventero.

Siempre tenía la olla
de un cocido bien hecho.

También su mujer e hijos,
siempre estaban contentos.

Sabía que él vivía
para dar gracias al Cielo.

Aquel que lo conocía
y le copiaba su vida,
sin duda vive en el Cielo.

Él fue dueño de la venta
para que fuera creciendo
lo que siempre Dios te dice:
Da de comer al hambriento”.

***

Libro 6 - Dios Manda En Su Gloria que Enseñen - Tomo I - C5 

viernes, 13 de mayo de 2022

Levantad al caído y dar de comer al hambriento

En Sueño Profético decían:

Si copiaran del Elegido, no podrían vivir sin hacer lo que Dios dijo y sigue diciendo, y puede que también fueran Elegidos: “Levantad al caído y dar de comer al hambriento”.

Dijo un espíritu de Dios:

Dar de comer al hambriento fue dicho para los que no sabían en qué gastar el capital que tenían.

Levantar al caído, pueden hacerlo todos los que crean en la Existencia de Dios y vivan poniendo en todo el Amor de Dios. Éstos, con Amor y Caridad, levantan al caído, le pagan gastos y le dan palabras ofreciéndoles Caridad con Paz y con petición a Dios por si merecen el Perdón.

Decían en la Gloria, que Elegido con esta Enseñanza, no podían poner a ninguno como éste.

Dios quiere que el Elegido piense que el que cree en Dios no puede vivir sin oír al que trae Dios a su Gloria, y si éste es una jerarquía de la Iglesia, tiene que ser él el primero que pregone lo que Dios dice en su Reino a un espíritu que arroba y le da Mando para que pregone estas Palabras.

Desperté, oí:

Dios no deja de decir que se cundan estos Mensajes, porque el que crea en Dios y los lea, ya no podrá olvidarlos.

Este sentir, el que lo sienta, no puede callarlo y no le importa no tener carrera de estudios para enfrentarse a directores de academias.

Decían, que cuando Dios dice una Palabra, ya quedan como párvulos todas las universidades.

Para Dios no hacen falta títulos. Para Dios lo que hace falta es decir: “Mándame lo que yo pueda hacer, retirándome de todo”.

***

Libro 55 - Investigaciones a la Verdad - Tomo IX - C6

sábado, 9 de marzo de 2013

Seguro que reinaba la Paz y escaseaba el hambriento

En Sueño Profético hablaban del comportamiento que el hombre tiene, tan malo, con Dios.

Repetían mucho:

¡Hombres sin amar a Dios
o sin miedo al Poder Divino!

¡Hombres que le están pidiendo a Dios
que mande diluvio o fuego!

¡Hombres que emplean estudios
para acabar con el mundo,
sin pensar en este Dueño,
que fue el que el mundo hizo!

El hombre debía de hacer stop
y pensar en los dos mundos,
y ya, con este pensar,
odiaba esos estudios
que sirven para matar
lo mismo a hombres que a niños.

¡El hombre Le pide a Dios
que mande diluvio o fuego!

Dijo un espíritu de Dios con su Mando:

Si el hombre pensara en la maquinaria de su cuerpo, que en el momento más preciso se puede quedar muerto, no podía inventar nada que arrebatara la vida, que tan sólo es Dios el que manda.

Si el hombre pensara en que después de su invento esta Vida lo aguarda, y que aquí no hay razones para decir: “Señor, yo inventé destruir a personas y mundo, a todo lo creado que Tú al hombre diste, porque el hombre era malo”.

Si el hombre cree que esto, en sus últimas, le va a servir, que empiece reformando para no destruir. Y el hombre, que viva hasta que muerte llegue de Aquí.

Desperté, oí:

Estos hombres de talento,
debían de utilizar
el talento para el espíritu.

Seguro que reinaba la Paz
y escaseaba el hambriento.

Seguro que el odio
habría quien moriría
sin conocerlo.

Y a Dios, siempre Lo llevaría
el hombre de compañero.

Con un día de alimento
que necesita la guerra,
se remediaban muchas vidas
que mueren en la miseria.

Si el hombre hiciera parada
en lo que le llama invento,
sí se podía decir
que el hombre creía en el Cielo.

Pero en la forma que actúa,
ni cree, ni tiene miedo.

Estas Palabras no están dichas
por ningún hombre con cuerpo.

Están dictadas en Gloria,
donde no entran los cuerpos.


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Libro 20 - La Palabra del Creador - Tomo II - Pág. 101-102-103

sábado, 7 de agosto de 2010

“Dad de comer al hambriento y vestid al desnudo” - Libro 87 - La Palabra del Creador - Tomo IX - Pag. 98-99


En Sueño Profético se vieron muchos niños. Ninguno estaba triste. Todos estaban contentos por su forma de jugar y por sus gritos, llamando el que estaba cerca al que estaba lejos.

Dijo uno:

Si te paras y los miras, como libro en tus manos, te enseñan. Si uno tiene un juguete, a todos dueños los hace y ves al dueño contento. Si se ponen a comer delante del que no tiene comida, solos no se la comen, aunque muchos les guste. Si no es necesitado, parte la mitad y él sigue normal jugando. Pero si lo ve pidiendo y con los zapatos rotos, da lo que tenga en sus manos y al mayor le llorisquea para que le dé para él darlo.

Estos chiquillos, de ocho y diez años, actúan sin maldad, que es lo que Dios le pide al hombre: que sea hombre de cuerpo, pero con espíritu de niño. Pues el mayor puede hacer lo que se ha visto en el niño: dar la mitad de lo que coma si el hambriento le ha pedido.

Desperté, oí:

Estos niños que se han visto estaban en la plaza de un pueblo, donde jugaban cuando no tenían colegio.

Los padres se conocían y a los hijos más merienda les echaban porque sabían lo que hacían.

Luego les iban contando: “¡Hoy se ha comido mi merienda el que su madre viene a casa llorando y tú le llenas la cesta!”

“¡Mañana me llevo más si yo voy a merendar, porque me ha dicho que me espera aunque comida no lleve, porque ya es mi amigo!”

Si esto hicieran los hombres, harían lo que Dios dijo: “Dad de comer al hambriento y vestid al desnudo”.


***