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lunes, 3 de noviembre de 2025

Paciencia es Amor

En Sueño Profético hablaban de la Fuerza de Dios en el espíritu que vive aún con materia.

Dijo una mujer:

Si tú le entregas a Dios tu espíritu para que Dios mande en él, tú dominas a la carne; tú tendrás fuerza para dominar tu lengua, tus pies y tu vista. 

Dominando a estos tres personajes, 
ya dominas tu materia, 
y ya tendrás contacto con Dios,  
porque Dios deja que tú lo tengas. 

Las fuerzas vienen detrás, 
después de que vengan penas, 
que como sientas a Dios, 
Él ya te da la receta, 
y verás la curación 
de aquel mal que te atormenta. 

Esto, su palabra es: 
a enfado darle paciencia;
y a contrariedad,
que tú el arreglo no le veas,
llamar a Dios confiando,
y ya verás su respuesta.

Un poco voy a contar de mi vida, cuando viví con materia:

Tuve cuatro hijos, los cuatro con la misma enfermedad, que se les presentaba al crecer. El mayor tenía trece años, y el pequeño tenía cuatro. Mi marido, que era hombre de poca paciencia, por faltarle Amor a Dios, se fue a trabajar con otro amo fuera del pueblo, por no vivir aquel sufrimiento, porque él no estaba preparado, por dominarlo la materia; no podía encontrarse al paso de su camino algún pedazo de juguete que los chicos se hubieran dejado; ya salía de la casa mal encarado. Las vecinas me decían: “Parece que vive solo, no se oye ni a chiquillos ni a madre”. Este era mi contestar: “Es que yo les echo tarea en los capachos”. Ellas sabían que me llevaba a la casa, de un molino, esparto, y hacía cenachos, y lo que me encargaban, rápido se lo hacía, ya que mis hijos me ayudaban, porque de verme, ellos aprendieron, aprendieron a trabajar y a rogar a Dios lo mismo que yo rogaba.

Las cinco voces se unían, pidiéndole a Dios el favor: “Señor, que siga mi padre a mi madre en paciencia, que es Amor”. Yo hacía que ellos se lo pidieran en alta voz.

Desperté, oí:

Esta madre sabe,
que Dios oye sin que tú
le des voces al Cielo.

Esta madre lo que quiere
es unir a sus hijos al ruego,
al ruego que ella hacía,
que era ruego de consuelo.

Sabía que Dios oía,
antes a niños que a mayores.

Sabía que Dios veía
el sufrir de todos malos
y el tesón que ella tenía.

Si los ruegos de los niños
podían servirle al padre,
¡por qué no enseñarlos ella,
cumpliendo el deber de madre?

No cabe duda que fueron
los ruegos de madre e hijos,
cuando un día, al anochecer,
el padre llegó y le dijo:

Ya vengo para quedarme,
y además vengo contento,
porque a Dios se lo he pedido,
que no culpe nunca al mal,
si el mal Dios no lo ha querido.

Dios cuando te manda el mal,
es un mal por ti pedido.

Pero el vivir de la Tierra,
es vivir y no es sufrido.

Si siempre vives con Dios,
es sufrir, pero es olvido.

***

Libro 6 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo I - C3 

domingo, 23 de junio de 2024

Pídele a Dios paciencia

En Sueño Profético decían:

Se van a decir los valores que más valen para traer a este Cielo: el recato y la paciencia ponen a Dios contento. El recato va despidiendo al pecado. Y con la paciencia pueden ver que lo que hicieron antes no estaba bien hecho.

Dijo uno:

Mi madre tenía siempre estas palabras en su boca: “Pídele a Dios paciencia, que no te falte. Que por falta de paciencia puedes hacer que la Gloria pierdan”.

Pues yo crecí y me hice hombre comprendiendo que la paciencia puede hacer, al que coja mal camino, que para atrás vuelva. Que yo así lo hice. Por circunstancias de familia me eché a la bebida, y cuando llegaba a mi casa, mi madre en mi cuarto se metía, y esto yo le oía:

“Hijo, no importa mi sufrir si fuera un bien para ti. Pero es un mal sin remedio, y a Dios le pido la muerte para que vuelvas a ser como antes, que oía en toda la calle: ¡Qué hijo tienes tan bueno! ¿Qué le hablas?, ¿qué le dices?, para que yo coja tu consejo”.       

Ella contestaba:

“Quererlo, y esperarlo sin escandalizar, como yo veo que escandalizan otras madres”.

Desperté, oí:

Cuando pasaba la noche y al trabajo me iba –que mi trabajo era llevar a unos trabajadores que en unas fincas había–, no me podía olvidar de la paciencia de mi madre, que mientras me vestía para irme, me decía:

“Hijo, deja la bebida, no por mi sufrir. Si mi sufrir fuera un bien para ti, yo a Dios Le pediría que me agrandara el sufrir.

Yo sé que quieres quitarte de la bebida, pero las “juntas” que tienes no aman a Dios, ni ellos ni sus madres”.       

No podía dormir el día que sin beber estaba, de acordarme de la paciencia que mi madre gastaba.

Yo bebía, pero el cuerpo no lo decía.

Lo decían las horas de llegar a acostarme y dejar la comida.

Pues a pesar de esto, decía: “Hijo, yo sé que no es tu culpa, que son los amigos que te guían”.

Paciencia y más paciencia mi madre repartía.

Por ella estoy en la Gloria, y más que la conocían.

También esto era de ella:

“Señor, no te enfades, que yo sé que estás conmigo aunque no vea tu Imagen”.

***

Libro 40 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo VI - C7

sábado, 2 de septiembre de 2023

La Paciencia

En Sueño Profético hablaban de la vida de este Elegido.

Hablaban pidiendo cuentas al que conoce este Caso y ve la vida tan trabajosa que el Elegido lleva, y lo fácil que la vive.

Dijo un espíritu con Mando de Dios:

Si aquí se valorara con precio lo que vive el Elegido, no se podrían pagar las pocas horas de sueño que éste duerme. Y esto no unos días o unos meses. Esto ya pasa un número grande de años. Y oculto no puede estar, por la gran cantidad de visitas que tiene desde las primeras horas del día hasta la noche. Aquí está todo a la vista: la verdad o la mentira. Si Esto fuera mentira no podría estar oculto tantos años, diciendo que Dios la trae a su Gloria y en cada arrobo no falta el Dictado. Se pueden comprobar las pocas horas de sueño y el Dictado de todo lo que Dios habla, diciéndole: “Di mi Nombre y publícalo”.

Si el hombre hubiera podido presentar algo parecido a estos Escritos o cambiarles una sola Palabra, ya estaría diciendo a escala mundial que Esto era mentira. Pero la Verdad de Dios y su Poder acabarían con el mundo antes de que el hombre le pusiera silencio a lo que hablan en su Gloria para que el hombre aprenda y viva esta Enseñanza, que es la que da la Vida Eterna.

Desperté, oí:

Se ha hablado de las pocas horas que duerme este Elegido, y de que no hay quien diga: “Yo duermo las mismas horas”.

Si esto lo hicieran tan sólo una semana, se darían por enfermos.

Pues después de este valor de espíritu, está la Paciencia, persona que sin visión se presenta, que es otro valor que premia la Gloria.

El sufrimiento lo tiene oculto, callado, y el nombre de Dios va pregonando, porque abraza el Permitir que Dios en este sufrir está dejando.

A estos sufrimientos le pueden las curaciones que a sus peticiones Dios envía.

***

Libro 48 - Investigaciones a la Verdad - Tomo VIII - C6

jueves, 20 de octubre de 2022

La paciencia

En Sueño Profético decían:

Se ve más que aquí habla Dios por las fuerzas que se ven en el Elegido, por cómo todo lo recibe con Paciencia y Amor.

Dijo un espíritu de la Gloria:

La paciencia sola no puede llegar donde llega la Paciencia con Amor de Dios.

La paciencia sin Amor de Dios, puede coger camino de compasión y llevarte al camino malo.

Al que elige Dios, en todo lo ves diferente, porque lo ves pisando Tierra, pero su espíritu vive con Dios. Este espíritu tiene dos viviendas: una, el cuerpo. Otra, la Gloria. El que no es Elegido, sólo el cuerpo tiene de vivienda su espíritu. Si esto muchos lo pensaran, verían en la forma de vivir del Elegido, la Fuerza que Dios le daba. Y es que sin esta Fuerza no saldría en público esta Grandeza.

La Virgen, siendo la Virgen, tuvo mucho que sufrir. Si haces este recuerdo, tú ya no tienes sufrir.

¡Es pena que la Gloria la vean pocos y que Dios sufra por querer que todos la vean!

Desperté, oí:

Se van a seguir diciendo las Palabras que se decían en la Gloria para que más recuerden a Dios:

“Señor, Quiero que me des mando. Pero Te pido, Señor, que me castigues si no lo hago”.

“Yo ya no puedo vivir si no vivo para tu Mando”.

Son pocos los que esto piden con espíritu y cuerpo entregados.

Estas son peticiones que en la Gloria han dictado para que el que quiera las aprenda.

El que las aprenda y las practique vive libre de pecado.

La noche se hacía larga pensando en la mañana.

Para leer el Mensaje que tanta alegría me daba.

***

Libro 48 - Investigaciones a la Verdad - Tomo VIII - C7