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martes, 10 de mayo de 2016

No podrá llamar a Dios

En Sueño Profético decían:

No podrá llamar a Dios, en sus sufrimientos de la Tierra, el que se sienta culpable de haber querido detener esta Enseñanza para alcanzar la Gloria. Tiene que tener delante el mal que pudo evitar al leer estos Mensajes; tiene que sentir desprecio, como si otro personaje se metiera en su cuerpo; tiene que oír lamentos, como si lo persiguiera el mal que pudo no haber hecho.

Dijo uno:

Con esta clase de pecado sus ruegos no llegan al Cielo, quedan incomunicados. El pecado más grave es: Dios coger un espíritu y mandarle su Palabra para justos y pecadores, para mayores y niños, para pobres y poderosos, para enfermos de espíritu, y que por falta de Amor (porque saben que Dios existe) quisieran que guarde silencio.

Estos hombres son culpables de que el pecado haya seguido, por no haber publicado Enseñanza en el tiempo que la han desmentido.

Desperté, oí:

Tienen un daño ya hecho que no admite perdón.

Dios será el que los juzgue, sin pedirles Oración.

Estos pecadores son de odio, odian que el que mande sea Dios.

Es veneno que anda suelto con la Libertad de Dios.

Son falsos y fariseos por despreciar, siempre igual, al que a la Gloria trae Dios.

¡Cuánto sufre el Elegido al dar la Comunicación que Dios manda con Amor a ese Mundo inmerecido!

Hombres que dicen que son buenos y Dios manda al Elegido que no ruegue por ellos.

Hombres que llevan castigo cuando piensen: “Yo fui uno que quise lo prohibido”.

Pero el castigo será cuando quieran y no puedan decir: “Perdóname Dios mío”, cuando vean publicado todo lo que Aquí se ha dicho.


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Libro 65 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo V

domingo, 15 de julio de 2012

El silencio al Mensaje no podrá el hombre conseguirlo

En Sueño Profético hablaban Teresa de Ávila y Agustín de Mónica.

Decía Teresa:

El silencio al Mensaje no podrá el hombre conseguirlo. El Mensaje de Dios, ya diciendo que se calle, no es obedecer su mandato: “Que Me ves dilo, publícalo”. Si esto ocurriera dentro de un claustro, del claustro tú saldrías, aunque el hombre pusiera doble cerrojo.

Salió hablando Agustín con su gran cantidad de Amor, que silencio a todos puso con razones que explicó. Hablaban otros unas palabras que yo me quedaba boquiabierta.

Desperté, oí:

Si en el claustro Dios dijera:
“Ve y di que te hablo Yo”,
este claustro se abriría
a la orden de mi Dios.

Y centinelas y cerrojos
obedecerían su Voz.

¡Si las voces del pecado
el hombre gritando va,
para que haya pecadores,
pecadores a “manás.”!

Pues deja oír el grito
de quien puede sujetar
la fuerza de este pecado,
cambiándolo en humildad.

Si conocieras la Fuerza
del Espíritu de Dios,
no dirías que callara
al que diga “me habla Dios”.

¡Ay Señor, yo te venero
y te pido mil perdones
para el que poco te quiera
y no sepa de tu Amor!

Este Amor que Aquí no es vida
por culpa del pecador,
pecador que ahí existe
porque Aquí Tú eres Dios.

Dios, al que ahí no aman,
porque viven sin Amor,
que Tú le llamas vivir
a lo que muerte llamo yo.

TERESA DE ÁVILA y AGUSTÍN DE MÓNICA


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Libro 5 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo I - Pag. 175-176