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jueves, 9 de julio de 2020

Yo ya no tengo vacío

En Sueño Profético decían:

El que no ha sentido Amor a Dios,
debe pedir sentirlo.

El que no ha sentido Amor a Dios,
tiene que notar vacío.
Un vacío, que a más intentas llenarlo,
no lo llenas como para decir:
“Yo ya no tengo vacío”.

Sin este Amor,
los días parecen siglos.
Son días largos y tristes.

Yo tenía que sentirme algo
que rebose otros vieran,
y ya conocieran mi manera de actuar,
para que a Dios quisieran.

Yo me llamaría muerta,
el día que no sintiera esta Paz,
que es tan movida,
que descanso no te llega.

Quiero estar sola y no quiero.
Quiero que dure el éxtasis
y quiero contarlo pronto.
Quiero que amen a Dios,
pero sin guardar secreto.

Y quiero tanto a mi Dios,
que quererlo más no puedo,
y esto me hace sufrir,
porque es poco lo que Lo quiero.

Yo quisiera describir
el sentir su Amor
cómo lo siento,
pero me faltan palabras,
porque me quedan adentro.

Desperté, oí:

Por más que quise decir
este sentir de mi Dios,
cuando vivía con cuerpo,
más se quedaban mirándome
sin llegar a comprenderlo.

Yo daba nombre de Fuego,
sin poder de él retirarme
y el Fuego querer quemarte.

Triste me ponía por dentro,
porque creía ofender a Dios
cuando había días
que me parecía
que me negaba a pedir Perdón
cuando alguno me decía:
“Teresa, pide por mí,
y yo cambiaré de vida”.

Cuando más tiempo pasaba
de mis primeros éxtasis,
más fuertes eran mis palabras.

Este Amor,
el que lo pida y lo sienta,
tiene que decir su boca:
¡Cuánto sufrió Teresa!

TERESA DE ÁVILA

***

Libro 26 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo III - C7

miércoles, 9 de diciembre de 2015

El hombre habla de Dios, pero con vacío

En Sueño Profético hablaban hombres de ciencias, hombres que tuvieron gran valor en su vida corta de materia. Hablaban valorando el valor del hombre de ciencias.

Dijo uno:

Si este valor que da Dios a la inteligencia, el hombre lo aprovechara para hablar del espíritu sin materia –que es la existencia eterna–, pocos hombres se condenarían.

Pero el hombre se olvida, o hace por olvidarse, de que el traje de la carne se rompe cuando se va el espíritu, en niño o en hombre, en pobre o en rico. Pero esta despedida no la sabe ni el espíritu, la sabe tan sólo Dios.

¡Dios, Sabiduría Infinita, que quiere que el hombre olvide la materia y tenga siempre presente el espíritu!

¡Dios, que busca al hombre, y nunca niega el Perdón cuando pecaste y no quisiste pecar, y Lo llamas como refugio de tu penar!

¡Dios, que el hombre Le exige Elegidos por falta de Amor y creencia!

¡Dios, que ve el desprecio y oye ofensas!

¡Dios, que busca Amor y Amor no encuentra!

Si todo lo que dice Dios, el hombre lo practicara, se vería una extrañeza que un hombre no se salvara.

Desperté, oí:

¡Qué confianza da Dios
haciendo lo que Él manda,
que tienes la Salvación!

Hombres de ciencias hablan
esta noche en el arrobo.

Hombres que amaban a Dios
y vivían en el Prójimo.

Estos hombres de las ciencias
decían que los Elegidos,
era el hombre
el que a Dios se los pedía.     

Que si todos igual amaran,
el hombre vería normal
el oír a cada paso:
“Dios me ha dicho que yo haga”.

“Tuve éxtasis
cuando de Él me acordaba.
Lo quise tener más rato,
y yo en mí no mandaba”.

“Quede dormido y veía que me moría,
y no moría, porque era su Poder
el que me daba la vida”.

Todo esto y mucho más
podría el hombre, si amara,
oírlo, pero normal.

El hombre habla de Dios,
pero habla con vacío,
porque le falta el Amor
que tienen los Elegidos.


***

Libro 16 - Dios No Quiere, Permite - Tomo II - C8

domingo, 20 de septiembre de 2015

Saco vacío o lleno

En Sueño Profético decían:

Enseñar a amar a Dios y enseñar a pasar sufrimiento, no puede enseñarlo el que no ha sufrido, como el que sufrió y a Dios más quería quererlo.

Éstos, siempre hablan poniéndose ellos. Éstos, siempre tienen a Dios en su pensamiento. Éstos, nunca culpan: “Señor, ¿por qué pasa esto?”. Si esto lo pensaran, ya dejarían sitio para un mal espíritu, que siempre al bien va persiguiendo.

Pocas veces haces bien y no te llega consejo para que el bien no lo sigas haciendo. Pero si tu fuerza es grande, tú el bien lo sigues haciendo, y vas quitando espíritus que no son mandados del Cielo.

Dijo uno:

Los espíritus de Aquí llevan Luz, Paz y Consuelo, y hacen que los conozcan y ayudan al sufrimiento. Los espíritus contrarios te quieren quitar lo bueno.

Desperté, oí:

Busca al que mucho sufrió
y más quería a Dios quererlo.

Busca al que ama a Dios,
y te hablará de cómo amar a Dios
para vencer el sufrimiento.

El sufrimiento es
saco vacío o lleno.

Puede estar lleno
de plumas o de hierro.

Que el lleno ya es cosa tuya,
según le pongas el peso.

El espíritu del mal es contento
cuando el saco pesa mucho
y tú no puedes moverlo.

El que ama mucho a Dios,
no le importa que esté lleno.

Ya Dios le ayudará
a que el peso no quede en peso.

Y el saco lo moverás
como el aire mueve el fleco.


***

Libro 19 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo III - C3

lunes, 10 de septiembre de 2012

Lleno y vacío

En Sueño Profético hablaban de muchas cosas diferentes. Decían:

El espíritu tiene sus apetitos. El espíritu que está con Dios, este espíritu, su apetito siempre gira a glorificar a Dios, siempre tiene desgana en lo que sabe que va a hacer mal a Dios. Esta materia, mayoría de veces, no es comprendida, es una materia activa para el servicio de Dios, y con quietud para las distracciones que son hechas por el hombre. El espíritu contrario a éste, tiene su actividad en lo hecho por el hombre, y desgana y cansancio en lo que a Dios contentaría. Aquí ves “lleno” de Dios y “vacío” de Dios. El “lleno” reparte Paz. El “vacío” inquieta esta Paz, teniendo esta Paz que buscar descanso. Este descanso lo encuentra donde está Dios. Y este Dios se encuentra donde está la Paz.

Desperté, oí:

Si sientes a Dios, buscas a Dios; y como Lo sientas y Lo busques, tú Lo encuentras.

Tu materia no puede ocultar si a Dios amas.

Lo mismo que tu materia no puede ocultar cuando Lo ama, lo mismo no puede tapar cuando no ama.

Tú engañas al hombre, y Dios hará que el hombre te conozca.

Cuida a la materia para que ésta cuide el espíritu.

Si la materia no la cuidas, ésta te destrozará tu espíritu.


***

Libro 9 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo I - Pag. 150-151