En Sueño Profético decían:
El hombre cree más que Dios vivió, que vive.
El hombre que cree que vivió, Lo tiene siempre en el Cielo, sin que pueda tomar parte en la Tierra, dejando a Dios inutilizado para el vivir que él quiera.
Dijo uno:
¡Hay tantas formas de creer en Dios!
¡El hombre, que las junta,
y ves que le falta que crea!
Si el hombre creyera en Dios,
iría siempre con la mirada al Cielo.
Unas, para dar las gracias
por dejar mover su cuerpo.
Y otras, pidiendo el Perdón
por todo el mal que había hecho.
Si el hombre creyera en Dios,
no dudaría ni un momento
de que Dios está presente,
aunque ya no Lo esté viendo;
y acunaría sus Palabras en su pecho,
y luego ya su pensar,
a la acción llevaría en hechos.
Esto sería creer
que hay un Dios que no está muerto.
Desperté, oí:
Han hablado en el arrobo,
del creer, no del amarlo.
Pues el que ama,
ya cree que hay un Dios,
y el hombre debe adorarlo.
Porque al creer sin Amor,
vives dentro del pecado.
El que ama lleva siempre
la presencia del Amado.
Y siente el Fuego Divino
como lo explican los santos.
Que santos pueden ser todos,
y en cambio, no Elegidos.
Pero Dios sabrá el porqué
ya elige a los Elegidos.
Los santos son los que viven,
no a un Dios muerto,
y sí a un Dios Vivo.
A los Elegidos los saca de estos
que su Amor siempre han vivido.
Si tuvieron alegrías,
con Amor siempre buscaron.
Y si tuvieron sufrir,
más Amor pusieron en adorarlo.
***
Libro 16 - Dios No Quiere, Permite - Tomo II - C7
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viernes, 5 de junio de 2015
martes, 19 de febrero de 2013
El rudo que vivió para este Cielo
En Sueño Profético hablaban de entender las Palabras de Dios, no entenderlas, o entenderlas y no querer oírlas:
El que más las entienda no es porque tenga más estudios, más mando o más títulos. La Palabra de Dios no va a la inteligencia, como en el saber material. La Palabra de Dios va al espíritu.
Dijo uno:
Una persona, si su espíritu es de Dios, puede aprender toda la cultura que el hombre enseñe. Pero un intelectual, si su espíritu no está con Dios, no entiende el Lenguaje de Dios y queda analfabeto para todo lo Divino.
Una palabra que uno que esté en el campo, sin visitar la ciudad, le hable a un intelectual, de lo Divino, él no sabe contestar. Y ya lo miras y piensas: “debería empezar a estudiar, por si le llega el examen que en la Gloria le harán”.
Desperté, oí:
No tiene disculpa
el culto que muera
y esta asignatura
la deje en la Tierra,
sin haberla aprendido,
ni enseñar a que la aprendan.
Ahora llega el rudo,
con manos de tierra,
y dice:
“¡Dios mío!, antes de morir
ya vivía la Gloria,
porque Te tenía
siempre en mi memoria”.
“Cuando no había hombres
que tu Nombre oyeran,
hablaba yo solo,
sin que nadie oyera”.
“Miraba los montes,
el tallo en la siembra,
bandadas de pájaros
casi a la altura
que salen las estrellas”.
“Los corderos,
me hacían pensar
y mirar al Cielo”.
“Con tu Mando sale hierba
y les das el alimento”.
“Con tu mirada, la lana,
que el calor lleva a los cuerpos”.
¡Así se presenta el rudo
que vivió para este Cielo!
***
Libro 20 - La Palabra del Creador - Tomo II - Pág. 60-61
El que más las entienda no es porque tenga más estudios, más mando o más títulos. La Palabra de Dios no va a la inteligencia, como en el saber material. La Palabra de Dios va al espíritu.
Dijo uno:
Una persona, si su espíritu es de Dios, puede aprender toda la cultura que el hombre enseñe. Pero un intelectual, si su espíritu no está con Dios, no entiende el Lenguaje de Dios y queda analfabeto para todo lo Divino.
Una palabra que uno que esté en el campo, sin visitar la ciudad, le hable a un intelectual, de lo Divino, él no sabe contestar. Y ya lo miras y piensas: “debería empezar a estudiar, por si le llega el examen que en la Gloria le harán”.
Desperté, oí:
No tiene disculpa
el culto que muera
y esta asignatura
la deje en la Tierra,
sin haberla aprendido,
ni enseñar a que la aprendan.
Ahora llega el rudo,
con manos de tierra,
y dice:
“¡Dios mío!, antes de morir
ya vivía la Gloria,
porque Te tenía
siempre en mi memoria”.
“Cuando no había hombres
que tu Nombre oyeran,
hablaba yo solo,
sin que nadie oyera”.
“Miraba los montes,
el tallo en la siembra,
bandadas de pájaros
casi a la altura
que salen las estrellas”.
“Los corderos,
me hacían pensar
y mirar al Cielo”.
“Con tu Mando sale hierba
y les das el alimento”.
“Con tu mirada, la lana,
que el calor lleva a los cuerpos”.
¡Así se presenta el rudo
que vivió para este Cielo!
***
Libro 20 - La Palabra del Creador - Tomo II - Pág. 60-61
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