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jueves, 21 de mayo de 2026

Dios quería oír que era Dios

En Sueño Profético hablaban del Elegido por Dios y ofrecido antes por él. Decían:

El Elegido no hace mal al que no lo cree. El que no lo cree, sí hace mal al Elegido. El Elegido no dice mentira, porque él no dice nada suyo, él repite lo que Dios quiere que repita. En la mayoría de las Comunicaciones, Dios no vuelve a actuar, y ya no hay repetición. 

El que no cree, no puede hablar nada que sea favorable para este Lugar, en el que el Espíritu de Dios habita en el momento de la Comunicación de esta Gloria.

Dijo un Discípulo de Dios Hijo:

Estas Palabras fueron dichas varias veces por el Maestro:

El que no cree que soy el Hijo de Dios Padre, no puede honrar mi Nombre, ya que me tratará de falsificador y embustero. Ya, todo lo que quieran halagarme, es ofenderme. Yo hago lo que mi Padre hace en Mí”.

Estas Palabras tuvo el Maestro que decirlas cuando le decían que era un hombre bueno, pero no Dios.

Desperté, oí:

Dios no quería oír que era bueno. Dios quería oír que era Dios.

Si creían que era Dios, se quitarían del pecado, Lo buscarían y aprenderían a amar.

Si creían que el Padre Lo había mandado, habían creído antes en el Padre.

Si creían en el Padre, creyeron y oyeron a los Profetas que el Padre habló en ellos antes de hablar en el Hijo.

No creer en Dios Hombre, era no haber creído en nada que hubiera ido de Dios.

Era oír y olvidar; olvidar cuando no se ama, y cuando no crees que Aquí estaría el mismo Dios que ahí no oíste.

Ama a Dios, y no digas que es bueno.

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Libro 8 - Dios No Quiere, Permite - Tomo I - C2 

martes, 23 de julio de 2024

El hombre está falto de oír

No podía dormirme pensando qué hacer para llevar a todo el Mundo estos Mensajes que Dios a diario da a mi espíritu. Pensaba en el dinero y me venía odio. Pensaba en el hombre y no me atrevía a pedir a Dios el perdón. Empecé a rezar con grandes ganas y quedé dormida.

En Sueño Profético decían:

El odio está justificado. El perdón no ajusta al que lo sabe y vive el silencio. Tus palabras sean duras como Aquí Dios las da. Estos Arrobos tiene que oírlos la Cabeza de la Iglesia y darles el curso que antes dé su conciencia.

Dijo uno:

El hombre está falto de oír, que Dios está Vivo, por el que Él trae su espíritu a esta Gloria cuando aún vive con cuerpo. Como este Caso no podrá presentar ninguno otro igual, justificando temas teológicos y estando el Instrumento, en cualquier momento, con la Sabiduría Divina a flor de boca.

Cuanto más silencio se les dé a estos Dictados de la Gloria, mayor será la condenación. Si el agua que cae en la fuente intentarás ocultársela a caminantes sedientos, a la Gloria no llegarías. Pues piensa en ocultar durante tantos años lo que deberían gritar.

Desperté, oí:

Que no confundan las letras por tener la misma altura.

Que el seglar puede cundir, aunque en él igual no diga, para los que van andando por donde la Iglesia dice.

Tus palabras sean duras. Esto es para que el hombre vea que no son palabras tuyas.

Que el Mensaje sea dicho como Aquí lo han dictado.

El empiezo del Mensaje también en la Gloria lo han dictado para que comparen espíritu con libertad antes de ser arrobado.

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Libro 75 - Meditaciones y Palabras Directas con el Padre Eterno - Tomo VIII - C5

lunes, 15 de abril de 2024

¿Quién puede ver y oír a Dios?

En Sueño Profético decían:

Todo el pensar que le llegue al Elegido, el que esté a su lado ve que es Mando de Dios, porque su saber es de párvulos. Pero cuando Dios arroba su espíritu, ya la Enseñanza nadie la sabe, porque es Visión diciendo: “¿Quién puede ver y oír a Dios?”.

Pues fue en un momento cuando se vio otra vez la nube que bajaba del Cielo del cuadro de la Última Cena que Dios Hijo tuvo con sus Discípulos. Ya se vio la mesa y todos los Discípulos sentados. Estaban con cuerpo, vestidos con sus túnicas. De momento se presentó Dios Hijo, Maestro, como Él quería que Le llamaran sus Discípulos, y dijo:

“Todos los que estáis sentados esperando oír mi Mando, cuando alguno quiera cambiar las palabras que estáis diciendo, decid: “Estas Palabras no tienen cambio, porque son dichas por Dios, aunque se oiga el Maestro”. Si aceptáis las palabras que dicen, para ponerlas en las mías, ya olvidad mi Presencia y mis Palabras y no os sentéis más al lado de mi Mesa, porque es un mal grande querer cambiar estas Palabras que son dichas de Dios Padre, en Dios Hijo, que soy Yo”.

Fue terminar estas palabras y todos se pusieron de pie. Santiago y Felipe, sus lágrimas no podían detenerse y sus manos mojadas se veían.

Desperté, oí:

No se puede decir la grandeza de la Visión y las Palabras que Dios Hijo decía a sus Discípulos. Aquí, con su Túnica y su Voz, repetía mucho que querer reformar sus Palabras, ya era como si otro Dios hablara.

“El que no acepte mis Palabras, ya ensucia mi Enseñanza. Y va enseñando lo que es de otro mundo, donde no existe Gloria”.

No se puede olvidar cómo estaba Dios Hijo, con su Túnica, y sus Palabras con un Amor tan grande que su Voz retiraba y acercaba.

Acercaba el Amor tan grande que sentías, y retiraba el pensar:

“Yo quisiera, Señor, hacer más de lo que hago, para que el Mundo sepa que estás vivo con Cuerpo”.

Éstas son palabras que si sientes Amor de Dios las abrazas.

El sueño me lo retiraba, cuando desperté, el pensar en el Arrobo, en la Voz de Dios y su Presencia con su Túnica. Esto no se quita de mi pensamiento.

Igual que la carne que Dios me unió, que estaba en su despacho, como cuando copiaba los Mensajes.

Era su cuerpo, con su traje, tan normal, que su voz la sentía como cuando su cuerpo vivía. Que en todos los momentos del día no puedo olvidar estas palabras que Dios quiere que se digan: “Ana cuídate, cuídate, que tu cuerpo le hace falta a tu espíritu para la Obra que estás haciendo en el Prójimo”.

Estas palabras las dice un espíritu de la Gloria en mi espíritu.

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Libro 64 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo VIII - C7

martes, 5 de diciembre de 2023

Dios no puede oír a los que dan aquí desprecio

En Sueño Profético decían:

Los ruegos y peticiones del Elegido son con Amor y confianza pedidos. Nunca es la petición con exigencia pedida. Y al terminar la petición, le siguen estas palabras: “Señor, Tú eres mi Dueño. Lo que no me concedas, yo Te lo sigo pidiendo, porque así, siempre te tengo en mi pensamiento”.

Dijo uno:

El contacto de Dios se ve de muchas maneras. La primera es querer que todos tengan lo que tú tienes, y cuando te hagan un bien, tú pagarlo con creces. Éste es un contacto. Luego, le sigue éste: el que no cree que Dios esté con Cuerpo en su Gloria, no busca ni obedece al que Dios arroba su espíritu y luego lo manda al cuerpo con estos Mensajes. Si tú amas a Dios, no puedes tener intimidad, ni de espíritu ni de cuerpo, con el que piensa como se ha dicho.

Lo que sí está claro es que, el que cree al Elegido, la Gloria ya la ha ganado, porque pasó que da, con alegría le es consultado. Esto ya es tan grande, que no sabes qué hacer para que a todos les llegue este Saber.

Desperté, oí:

Dios premia al Elegido, y el Elegido reparte lo que Dios le ha concedido.

Todo el que en Esto cree, se ofrece y ayuda en lo que puede.

El que no cree, no busca al que Dios elegido tiene. Y aunque tenga de sobra, no dice: “yo quiero ayudar en lo que pueda”.

Que esto se ha visto y se está viendo: que los que más pueden, más dan desprecio.

No hay alegría mayor, que recibir el cien por el uno que se dio.

Los que hoy siguen tus pasos, dieron el uno, y ya están recibiendo el ciento.

Esto, sin Amor a Dios, no puedes comprenderlo.

El Amor te hace noble y a tu espíritu lo deja al descubierto. Y ya le pides mando al que Dios trae a su Reino.

La actitud del cuerpo deja al espíritu al descubierto.

El espíritu es el que le manda al cuerpo.

Los que tienes a tu mando sienten que Esto es del Cielo.

Y Dios te concede lo que pides para ellos.

Dios no puede oír a los que dan aquí desprecio.

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Libro 47 - Dios No Quiere, Permite - Tomo VI - C2