En Sueño Profético decían:
La duda y la desconfianza en Dios pueden traerte muchos sufrimientos.
Dijo uno:
Yo era sembrador y nunca labré la tierra, ni la sembré con dudas de la que la tierra con mala cosecha respondiera. Siempre sembraba cantando, con las mismas letras nombrando a Dios, por ser la misma tierra. Ésta era la oración que yo convertí en canto:
Sembrador, siembra con Fe,
que la Fe es el abono
que al trigo hace nacer.
¿Quién querrá mejor que tú
que el agua llegue a su tiempo?
¿Quién querrá mejor que tú
que un grano llene el granero?
Pero puede que por llenar
el granero este año,
haya muchos sufrimientos.
Yo canto y retiró el canto.
Y espero con alegría cosecha
donde no tengo grano sembrado.
Que son mis hijos,
que yo siempre los vea a tu lado.
Desperté, oí:
Este hombre hacía la siembra
y no sufría pensando:
“¿será mala la cosecha?”.
Siempre lo veías cantando,
y como el canto paraba,
porque su voz era buena,
él la letra la ponía
cada día a su manera.
Quiero cosecha en el niño,
para que cuando llegue a hombre
tenga alegría su espíritu.
Mujer, no pierdas la Fe
y que el pedir sea contento.
Porque al pedir de las madres,
la Virgen le manda premio.
Era un sembrador de Dios
conocido por el pueblo.
Decía: “Si el año para mí ha sido malo,
para otros será bueno”.
“Yo quiero estar siempre con Dios,
sembrando y mirando al Cielo”.
***
Libro 29 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo IV - C5
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jueves, 4 de octubre de 2018
miércoles, 17 de mayo de 2017
Sembrador de Dios
En Sueño Profético decían:
Las cosas de Dios son sencillas, y cuando llegan al hombre, el hombre las transforma, por falta de Cultura Divina. Las cosas de Dios son sencillas y más las comprende el que más a Dios sigue, pero que sea un seguir como sembrador que siembra y no deja lo que siembra hasta coger recolección.
Dijo uno:
Que piense el hombre: si el sembrador no se ocupara más de la siembra hasta que le llegara la recolección, y no viera la tierra ni apareciera por la tierra que sembró, hasta llegar la cosecha…(?) Pues esto quiere hacer el hombre, y lo hace con la Palabra de Dios. La oye poco y menos la practica, y luego quiere coger buena y abundante recolección. Las cosas de Dios son sembrar semilla de Dios –que son sus Palabras– y no dejar de ir a verla, porque esta siembra te llama para después darte la recolección que tú sembraste, para que la repartas.
Desperté, oí:
Hay quien toma la Palabra de Dios en los ratos que le sobran.
Otros hacen una siembra, y ya jamás de la siembra se acuerdan. Y cuando ven la cosecha, sufren porque otro la recolección se lleva.
Las cosas de Dios tienes que sembrarlas y esperar con alegría el coger el fruto que a la tierra Dios le dio.
Si sembraste y te fuiste, no te interesaba Dios.
Ya, otros llegaron, sembraron y esperan recolección.
Hazte sembrador de Dios y recibe de rodillas la semilla que te dio.
Pero nunca te retires para que otro recoja la siembra que Dios te dio.
***
Libro 29 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo IV - C3
Las cosas de Dios son sencillas, y cuando llegan al hombre, el hombre las transforma, por falta de Cultura Divina. Las cosas de Dios son sencillas y más las comprende el que más a Dios sigue, pero que sea un seguir como sembrador que siembra y no deja lo que siembra hasta coger recolección.
Dijo uno:
Que piense el hombre: si el sembrador no se ocupara más de la siembra hasta que le llegara la recolección, y no viera la tierra ni apareciera por la tierra que sembró, hasta llegar la cosecha…(?) Pues esto quiere hacer el hombre, y lo hace con la Palabra de Dios. La oye poco y menos la practica, y luego quiere coger buena y abundante recolección. Las cosas de Dios son sembrar semilla de Dios –que son sus Palabras– y no dejar de ir a verla, porque esta siembra te llama para después darte la recolección que tú sembraste, para que la repartas.
Desperté, oí:
Hay quien toma la Palabra de Dios en los ratos que le sobran.
Otros hacen una siembra, y ya jamás de la siembra se acuerdan. Y cuando ven la cosecha, sufren porque otro la recolección se lleva.
Las cosas de Dios tienes que sembrarlas y esperar con alegría el coger el fruto que a la tierra Dios le dio.
Si sembraste y te fuiste, no te interesaba Dios.
Ya, otros llegaron, sembraron y esperan recolección.
Hazte sembrador de Dios y recibe de rodillas la semilla que te dio.
Pero nunca te retires para que otro recoja la siembra que Dios te dio.
***
Libro 29 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo IV - C3
miércoles, 7 de diciembre de 2016
El sembrador
En Sueño Profético decían:
El comportamiento y la constancia hacen la fuerza para que el hombre piense que Esto es de Aquí, no de la Tierra.
Tienes que ser sembrador de la semilla que echas, que es la Palabra de Dios.
El sembrador le da el cuido al grano que echó, que es lo que tú tienes que hacer si quieres ser sembrador de la Palabra de Dios: no callar y mirar al Cielo como hace el sembrador.
El sembrador pide agua o descanso para la lluvia. Tú pides iluminación y fuerzas para callar a los enemigos de Dios. Pero unas fuerzas con Paz, aunque la Palabra lleve altura al resonar que Esto es verdad.
Ya, aquí, tienes que poner lo que más haga callar.
Desperté, oí:
Primero es presentar los arrobos como los mandan dictar.
Dando luego ya los nombres de los que estuvieron en el lugar del sitio que él ocupa.
Porque murieron o por la edad a la que el hombre ya se retira.
Luego está el vivir del Lugar que estos Mensajes recibe.
Y el responder del Prójimo, que siempre será de gigante sufrimiento lo que te encuentres.
El Lugar deja el bálsamo del contacto del Cielo.
Que de este bálsamo huye el sufrimiento, dejando el dolor dormido y claridad en el sufrimiento.
Si esto no te hace creer, reza por ti el primero, de rodillas y con la mirada en el Cielo.
***
Libro 27 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo II - C4
El comportamiento y la constancia hacen la fuerza para que el hombre piense que Esto es de Aquí, no de la Tierra.
Tienes que ser sembrador de la semilla que echas, que es la Palabra de Dios.
El sembrador le da el cuido al grano que echó, que es lo que tú tienes que hacer si quieres ser sembrador de la Palabra de Dios: no callar y mirar al Cielo como hace el sembrador.
El sembrador pide agua o descanso para la lluvia. Tú pides iluminación y fuerzas para callar a los enemigos de Dios. Pero unas fuerzas con Paz, aunque la Palabra lleve altura al resonar que Esto es verdad.
Ya, aquí, tienes que poner lo que más haga callar.
Desperté, oí:
Primero es presentar los arrobos como los mandan dictar.
Dando luego ya los nombres de los que estuvieron en el lugar del sitio que él ocupa.
Porque murieron o por la edad a la que el hombre ya se retira.
Luego está el vivir del Lugar que estos Mensajes recibe.
Y el responder del Prójimo, que siempre será de gigante sufrimiento lo que te encuentres.
El Lugar deja el bálsamo del contacto del Cielo.
Que de este bálsamo huye el sufrimiento, dejando el dolor dormido y claridad en el sufrimiento.
Si esto no te hace creer, reza por ti el primero, de rodillas y con la mirada en el Cielo.
***
Libro 27 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo II - C4
viernes, 3 de mayo de 2013
No es suya la tierra ni la recolección
En Sueño Profético decía Dios Hijo:
¡Ay del sembrador que Yo le diera buena cosecha, y quemara la recolección, creyendo que él era el dueño!
¡Ay del hombre que mis Palabras quiera ahogarlas, creyendo que Yo estoy lejos!
Esto lo dice mi Padre, aunque a Mí me estés oyendo.
Ya siguen más hablando, pero ya era otro eco.
Dice uno:
Dios nos da su Poder y su Mando, y hablamos con su Espíritu; pero en estas primeras Palabras de este Dictado, es Él, sin dar la Palabra.
Los espíritus de su Gloria adoramos sus Palabras, y cuando nos da su Espíritu y Palabras, Lo reverenciamos en escucha de su Mensaje; adoración a sus Palabras y reverencia a su escucha.
Todo es Gloria y Dios. Aquí es Dios y Gloria. Dios que su Presencia forma Gloria, y sus palabras son irrevocables. Dios que el hombre Lo llama cuando su mal no tiene remedio. Dios que constantemente recibe desprecios del hombre. Dios, que el mundo lo tiene por los pocos que a él Lo quieren.
Desperté, oí:
Estos pocos que a Él Lo quieren, son los que sufren de ver el sufrir que este Dios tiene.
¡Qué parábolas y sentencias dictan en este Mensaje!
Le dice al sembrador,
que no es suya la tierra,
ni es la recolección.
El sembrar era más suyo,
porque semilla compró.
Pero la tierra y cosecha
estaban mandadas por Dios.
Si la tierra deja estéril,
no hay recolección;
y si hay gran cosecha,
en nada podría quedar
con una nube de piedra.
¿Quién sería el sembrador
para quemar la cosecha?
¡Pues figúrate si da
sus Palabras en cualquiera
y las quiere el hombre ahogar!
El hombre no piensa en Dios,
aunque fuera por condena.
El hombre pide a diario,
que cien diluvios hubiera.
***
Libro 2 - Meditaciones y Palabras Directas con el Padre Eterno - Tomo II - Pag. 28-29
¡Ay del sembrador que Yo le diera buena cosecha, y quemara la recolección, creyendo que él era el dueño!
¡Ay del hombre que mis Palabras quiera ahogarlas, creyendo que Yo estoy lejos!
Esto lo dice mi Padre, aunque a Mí me estés oyendo.
Ya siguen más hablando, pero ya era otro eco.
Dice uno:
Dios nos da su Poder y su Mando, y hablamos con su Espíritu; pero en estas primeras Palabras de este Dictado, es Él, sin dar la Palabra.
Los espíritus de su Gloria adoramos sus Palabras, y cuando nos da su Espíritu y Palabras, Lo reverenciamos en escucha de su Mensaje; adoración a sus Palabras y reverencia a su escucha.
Todo es Gloria y Dios. Aquí es Dios y Gloria. Dios que su Presencia forma Gloria, y sus palabras son irrevocables. Dios que el hombre Lo llama cuando su mal no tiene remedio. Dios que constantemente recibe desprecios del hombre. Dios, que el mundo lo tiene por los pocos que a él Lo quieren.
Desperté, oí:
Estos pocos que a Él Lo quieren, son los que sufren de ver el sufrir que este Dios tiene.
¡Qué parábolas y sentencias dictan en este Mensaje!
Le dice al sembrador,
que no es suya la tierra,
ni es la recolección.
El sembrar era más suyo,
porque semilla compró.
Pero la tierra y cosecha
estaban mandadas por Dios.
Si la tierra deja estéril,
no hay recolección;
y si hay gran cosecha,
en nada podría quedar
con una nube de piedra.
¿Quién sería el sembrador
para quemar la cosecha?
¡Pues figúrate si da
sus Palabras en cualquiera
y las quiere el hombre ahogar!
El hombre no piensa en Dios,
aunque fuera por condena.
El hombre pide a diario,
que cien diluvios hubiera.
***
Libro 2 - Meditaciones y Palabras Directas con el Padre Eterno - Tomo II - Pag. 28-29
jueves, 27 de diciembre de 2012
Sembrador que tiene buena semilla
En Sueño Profético decían:
La Palabra de Dios es igual al sembrador que tiene buena semilla, buena tierra y que no tiene cosecha. No tiene cosecha porque no sembró. Aquí está el ejemplo –y me hizo ver el campo, un pedazo grande estaba de medio metro de altura, y al lado la tierra sin el tallo asomar–. Había un hombre con un celemín lleno de trigo, y otro dijo:
Igual que este trigo fue el que a mí me dieron, y el mismo día. Éste lo guardó, y yo lo sembré. Cuando el dueño nos lo dio, dijo antes de alargar la mano dando el trigo:
“Doy trigo y tierra para que yo vea el fruto y vosotros tengáis el beneficio en la recolección. Esto, como veréis, es satisfacción para mí y provecho para vosotros. Si no hacéis siembra, no doy trigo”.
Esto, que lo compare el cristiano, y verá puro Evangelio y auténtica parábola.
Desperté, oí:
Si el sembrador no daba el trigo mientras no lo sembraran, ¿cómo quiere el hombre que Dios hable para que callen su Palabra?
Si el sembrador quería el beneficio para ellos, ¿qué querrá Dios para nosotros?
Dios, cuando habla en un Lugar, quiere que este Lugar no calle, y sí hable y publique.
Aquí se compara con el sembrador, en que si siembras, recoges.
El sembrador guardó la semilla, pero el que Dios habla en él no puede guardar su Palabra.
El que dio la semilla no sabía que no sembraba, pero Dios sabe que no calla.
Dios hace siembra y a ti te da la cosecha.
Reverencia la siembra de Dios y no escondas la semilla que el Lugar te repartió.
Si no dejas de sembrar, no falta recolección.
***
Libro 11 - Te Habla El Profeta - Tomo II - Pag. 74-75-76
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