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miércoles, 19 de marzo de 2025

El querer, sentido, es gran traje de Fe

En Sueño Profético decían:

¡Qué pena tiene que ser el que haya pasado la vida sin a este Dios querer, y luego quiera quererlo cuando le llegue la vejez!

Aquí hay gran diferencia con el que, desde su niñez, a Dios ponía lo primero, y hasta jugaba con Él con el sentir que tenía dentro. Luego, cuando ya fue hombre, sabía que Dios estaba en el Cielo, y en todo lo que iba a hacer Lo nombraba en su pensamiento, y su mirada, sin poderla detener, iba al Cielo. La vida le presentó grandes sufrimientos, y más seguía sus Pasos y notaba su consuelo. La muerte pedía antes de nombrar a Dios por no quitarle el sufrimiento.

Y es que el querer, sentido, es gran traje de Fe. Y ya esperas que Dios, todo lo que Le pidas, te lo dé.

Mi cuerpo pasó esto que he contado, y hoy me mandan en la Gloria dictarlo. Yo siempre veía ponerse castigo al que era joven y a Dios tenía en olvido. A éstos les recordaba vejez y les hacía pensar que cómo luego a Dios llamar.

Desperté, oí:

Mi manera de pensar
y mi forma de vivir,
hoy me mandan en la Gloria
que sea dictada por mí.

Dejé la vida con muchos años,
pero joven para Dios yo viví.

Yo no podía callar
cuando oía decir:

“Yo soy joven. Cuando sea viejo,
ya amo a Dios y el mundo lo dejo.
Ahora quiero vivir libre.
Luego, ya, a todo le daré desprecio”.       

Y estas palabras me oían:

¡Qué pena tiene que ser
el que haya pasado la vida
sin a este Dios querer,
y luego quiera quererlo
cuando llegue la vejez!

Esto es negarte el carro
cuando te haga falta,
y cuando no tenga ruedas,
regalártelo.

A Dios tienes que quererlo y amarlo
sin poder remediarlo.

Porque tu sentir
siempre Lo estará buscando.

Es mejor empezar
a querer a Dios de niño,
y de mayor
que el querer vaya aumentando.

Y ya te llega vejez,
y para Dios eres párvulo.

UN ESPÍRITU DE SU GLORIA


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Libro 40 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo VI - C6

lunes, 20 de enero de 2020

El traje del espíritu

En Sueño Profético decían:

No puede tener disculpa el que haya conocido este Caso y haya podido ponerlo al alcance del mundo entero. El día que su cuerpo muera, dará cuentas al Rey del Cielo.

Esto no es para el cuerpo, esto es para que el cuerpo sepa que existe otra Vida, que jamás tendrá entierro. Que cuando al cuerpo lo vean muerto, será otro traje más que queda en la Tierra. Que este traje es el traje del espíritu. Que cualquier traje del cuerpo puedes conservarlo siglos y siglos. El traje del espíritu, por mucho que lo quieras, le das desprecio echándolo a la tierra.

Dijo uno:

Para que no olvides esto, son estos Escritos. Que primero son al espíritu, y después los pasa el espíritu al cuerpo.

Desperté, oí:
Si el mundo que el hombre tiene por único, enseñara de éste, Eterno, el malo no sería tan malo y el bueno sería más bueno.

Esta Enseñanza, si la estudias, ves que lo único que Dios quiere es que el hombre no pierda su Gloria.

Nombraban en el arrobo el cuerpo: traje del espíritu.

Al espíritu, mal trato; y al traje, buen cuido.

También hacían responsables a los que lo habían conocido y le habían puesto fronteras ocultándoselo al mundo.

Muchos, ya no se conocerían quienes eran si sus cuerpos los sacaran de lo sucio de la tierra.


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Libro 30 - Investigaciones a la Verdad - Tomo IV - C6

martes, 19 de agosto de 2014

Con traje de un gran guerrero

En Sueño Profético decían:

Es alegría pensar: “Sabiendo lo que es pecado, yo no peco”. Es alegría en la Tierra y buena hucha en el Cielo.

Dijo Agustín:

Los pecados se revisten a veces con traje de un gran guerrero, te amenazan y te tratan de cobarde.

Yo traté a pecadores que no dejaban de pecar porque decían que se encontraban más fuertes haciendo el pecado, y más contentos. Que estaban tristes, y cuando estaban en todo el fango metidos, ya vivían sin pensar en la realidad de la vida, que era morirse, enterrarlos, y ya todo terminó. Que así vivían y se sentían fuertes, contentos y poderosos.

Un día, cuando éstos terminaron este relato, después de que los escuché como a otros que también hicieron pecados, les dije: “Ya que yo he oído vuestras palabras, quiero que un momento quedéis atentos a lo que os voy a pedir, y es, que cuando notéis la cobardía de querer pecar, miréis al Cielo y, sin voz, decid: “Dios mío, quítame este pensar y acción de pecado; que yo no ayude a ponerte a Ti Calvario”. Esto les hizo frenarlos, y ya empecé a contar algo de mi vida pasada. Terminé pronto de ésta, y empecé contando la que vivía cuando dejé de pecar, cuando le quite el Calvario al que yo nada Le daba ni para nada me quería. Tan sólo al decir mi nombre, la Gloria la ensuciaría. Les conté un arrobo de un día que yo me creía que me había quedado muerto porque a mi cuerpo lo veía rígido y sin movimiento; quería pedir Perdón por lo malo que había hecho, y no podía decir las palabras en este Cielo; tan sólo me veía Allí, sin llanto y contento de ver a la Gloria esperar al hombre sin merecerlo.

Desperté, oí:

No volvieron a pecar los hombres
que en el pecado vivían.

Cuando oyeron a Agustín
hablarles de sus dos vidas.

Una, cuando hacía pecados
como ellos los hacían.

Y la que estaba viviendo,
creyendo no merecía.

Es el hombre el que pone
a Dios sufrir noche y día.

AGUSTÍN DE MÓNICA


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Libro 12 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo II - Capitulo 1

martes, 16 de marzo de 2010

El traje del Amor a Dios - Libro 80 - Investigaciones a La Verdad - Tomo XIII - Pag. 20-21-22


En Sueño Profético se vio mucha gente. Ninguno era igual. Si tu mirada parabas algo veías que a uno faltaba y a otro sobraba. Esto era en los cuerpos, en la materia.

Ya dice uno:

Los cuerpos no pueden ser iguales. Pero el espíritu, amando a Dios, todos son iguales. Todos piensan en la muerte a sabiendas que es Vida Eterna con Dios.

Estando oyendo estas palabras se vio un cementerio y una voz salía con eco, por encima de los cipreses, con estas palabras:

Por mucho que cuides el cuerpo, cuando lo abandone el espíritu su sitio es el cementerio, casa triste donde cada uno tiene su armario para meter el traje que ya no sirve. Que por buen armario que le compres, el traje acaba roto y sucio.

Los espíritus que amaron a Dios obligaron a su cuerpo a llevar uniforme con recato y pudor, y la cara contenta dando gracias a Dios porque al pecado despreciaron.

Desperté, oí:

Decían en la Gloria que el cuerpo nadie podía remediar cómo era.

Pero que el espíritu, si lo visten con el traje del Amor a Dios, eran más que gemelos, todos iguales.

Aquí es todo despreciando títulos, dinero y cargos.

Que todo hace falta en la Tierra, pero una temporada mientras dura la materia.

Que por culpa de esto nombrado, la mayoría de los hombres pierden la Gloria.

Ten siempre presente al cementerio y al ciprés.

Esto, para que cambies mañana, si así no pensabas ayer.

Hay tres sitios para tu cuerpo y espíritu.

Para el espíritu dos, para el cuerpo sólo uno: cementerio, armario triste donde se guarda el traje que ya no sirve.

Los dos del espíritu son: Gloria con Dios, o Infierno, casa de los demonios.


***