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sábado, 2 de octubre de 2021

El mal no quiere que el bien exista

En Sueño Profético decían:

El mal no quiere que el bien exista.

El mal persigue y engaña para retirarte del bien que vivas.

El mal te pone caminos de espinas. Que si los entiendes, los pinchos no pinchan.

El mal se achica cuando tú a Dios lo buscas y Dios sale a tu encuentro. Y ya ves lo que es malo y lo que es bueno.

Dijo uno:

El que Dios trae a su Gloria para enseñar de ella, no puede equivocarse en el consejo que dé. Porque si haces parada en el pensamiento, verás que viene de Dios y Dios quiere lo mejor para sus hijos. Tú ofreces lo que Dios te hace ver para el bien del espíritu y del cuerpo. Que este bien, si llamas a Dios, el mal retira.  

Desperté, oí:

Todo lo que consigas es para bien del hombre.

Pero tienes que decir: “Señor, el comprender, Tú lo pones”.

El mal –decían en la Gloria– siempre se adelanta cuando el bien va a triunfar.

El que Dios le da su “Ve”, recibe grandes alegrías y esconde el sufrir.

Un sufrir al pensar que a Dios el hombre poco Lo ama y poco Lo busca para adorar sus Palabras.

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Libro 41 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo III - C1

domingo, 15 de septiembre de 2019

Querer engañar a Dios es peor que no querer que exista Dios

En Sueño Profético decían:

¿Cómo puede el hombre que tenga este Caso cerca, no acudir a las Palabras que el Instrumento lleva, si en la segunda Palabra ya está viendo que no es ella?

¿Cómo pueden rezar el Padre Nuestro y pronunciar “venga a nosotros tu Reino”?

En el rudo es la ignorancia. En el culto es que a Dios en el rezo Le estás mintiendo. Porque si piensas en los años que todos los día Dios baja del Cielo este “Evangelio Diciendo”, al saberlo y no acudir, no reces el Padrenuestro. Esto es pedir a Dios Luz, darte Dios la Luz y tú cerrar los ojos como si Dios no te hubiera oído. Éste es pecado de desprecio, que es el peor de los pecados.

Desperté, oí:

Decían en el arrobo, que el desprecio, el hombre, no lo tenía por el peor de los pecados.

El desprecio a Dios es meditado, es sentido y desafiando.

Hay pecados grandes que no sabes cómo pasaron.

Pero el no querer saber lo que Dios a diario está diciendo, es pecado meditado.

Que si el que no acude, pudiera, dejaría mudo al Lugar que Dios le habla y enseña para que el hombre no pueda ni una palabra quitar ni reformar.

Querer engañar a Dios es peor que no querer que exista Dios.


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Libro 24 - Dios No Quiere, Permite - Tomo IV - C6