miércoles, 27 de enero de 2010

Los Mensajes de Dios No Admiten Arreglo - Libro 69 - Dios No Quiere, Permite - Tomo VIII - Pag. 49-50


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En Sueño Profético hablaban del vivir que tiene el que en esta Gloria entra cuando el espíritu aún está dando servicio a la materia. Decían:

Qué alegría el escribir lo que Aquí, en el Cielo, dictan. Que cuentan vidas pasadas, que son las mismas que hoy están ocurriendo. Pero las cuentan personas que vivieron Amor del Cielo, personas que estaban seguras de que Dios no estaba muerto, personas que su sufrir lo mandaba para el Cielo si creían que del Cielo era el sufrir, y si creían que era sufrir que el hombre había puesto pronto les venía el pensar:

- Más sufre Dios desde el Cielo. Que Dios les deja a los hombres que le den sufrir siendo Él de todo el Dueño.

Cuando lean estas vidas, dictadas Aquí y dichas muchas veces por los mismos a los que les ocurrieron, cogerán Enseñanzas sabiendo que son dichas Aquí, en el Cielo. Porque lo dicho por el hombre, sea verdad o sea cuento, no tiene este Amor puro de Enseñanza ni respeto a la Sabiduría de Dios. Dios manda que se digan sus Palabras en prosa, en verso, en palabras sin orden que el hombre haya puesto, en Parábolas que Dios nos manda para que las dictemos, en hechos verídicos o en algún cuento que sirva de buen ejemplo.

Todo esto es Enseñanza, sin ajustarse a los métodos que el hombre ahí pone que, a veces, es para entenderse menos.

Esta Enseñanza es pura y ahí no admite arreglo.

Desperté, oí:

Qué fracaso tan resonante daría el que quisiera poner reforma al Dictado.

Antes de que reformara dos letras Dios ya lo había apartado.

Antes lo hubo y ya Dios lo apartó. Y lo apartará todas las veces por no consentir, este Dios, que el hombre Le enmiende.

Dios dicta y manda.

Dicta para la Salvación.

Y manda para el que quiera esconderle sus Palabras.

Si el hombre creyera esto: “es Dios el que sus Palabras manda”, leería pidiendo perdón.


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