domingo, 28 de agosto de 2011

Ungüento para curar - Libro 7 - Investigaciones a La Verdad - Tomo I - Pag. 97-98-99


En Sueño Profético yo decía:

¡Señor, cuántos sufren por no tener quien los oriente!

Dijeron:

Para eso es tu Enseñanza, para enseñar a amar, y una vez que amen, ya saben amar y acercarse a Dios. Niño que cae, llora y busca quien lo consuele, consuelo que no duda encuentra.

Hay quien no supo sufrir,
y sufrió cuando creía que sufría.

Hay quien llora un mal
que no ha llegado todavía.

Hay quien no sufre el sufrir
que es sufrir para toda la vida,
sufrir que Dios no consuela,
porque tú, sufrir querías.

El sufrimiento que el hombre
no te lo puede quitar,
ya es sufrimiento de Dios,
y Dios te consolará.

Te consuela y te dice
que enseñes a consolar,
pero “pa” sentir consuelo,
tienes primero que amar.

El saber sufrir es una carrera,
ya que empiezas con los apuntes
de lo que haces bien o mal.

Dios, sin darle tú el cuaderno,
ya te empieza a puntear,
y te guarda Aquí tus notas,
que luego te entregará.

Desperté, oí:

Para saber sufrir,
tienes primero que amar.

Y una vez que ames mucho,
el sufrimiento será
como agua que ha caído
donde agua había ya.

Yo me metía en algunas casas
que sufrimiento había ya,
pero mis palabras eran
ungüento para curar.

Ungüento “pa” el que quería
en el cuaderno apuntar
cosas que a Dios agradaban,
y tú te podías salvar.

Por eso, aquél que sufre,
tiene primero que amar,
para buscar el consuelo,
consuelo para enseñar,
consuelo que te interpreta
el que a este Dios no ama,
consuelo que notas tú,
y lo publica tu cara.

Todo el que el sufrimiento
le apriete en la garganta,
que busque para consuelo
aquél que a Dios ve y le habla.

TERESA DE ÁVILA


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