viernes, 30 de octubre de 2015

No debí pecar

En Sueño Profético hablaban del pecado.

Dijo Agustín de Mónica:

Hay quien cree que no peca porque no hace lo que otro pecador está haciendo. Hay quien cree que su pecado lo quita dando dinero. Y hay quien cree que peca porque tiene que pecar. Y hay quien está pecando y sufriendo por pensar que no debería pecar. Éste ya puedes decir que a Dios está llamando. Pero Dios no responde hasta que tú te encuentras retirado del pecado.

El que mucho ha pecado es el que ve a más haciendo pecados. Esto lo ve cuando el ya no peca; entonces va recordando y buscando a pecadores, pecadores que tú quisieras que dejaran de pecar, que tú quisieras que sintieran la Voz de Dios. Pero para sentir, tienes primero que llamar. Esta llamada la hace el espíritu y la pronuncia la lengua.

Yo vi un día a uno que siempre que me encontraba por la calle me decía: “Agustín, ¡quién pudiera pisar el pecado como tú lo has pisado!, ¡quién pudiera buscar a los pecadores y hacerles ver el mal, acarreándolos al camino sano! ¡Tú sabes lo que tienes, Agustín, con saber que Dios te ha perdonado? Éste ya no podía ir a donde hacían pecado.

Yo, a Dios, le pedía palabras,
y Él, allí, en su Cielo,
bien que oía a Agustín,
y Agustín sentía consuelo,
y me mandaba palabras
para convertirlo en bueno.

Le contaba mis arrobos   
y mis Visiones del Cielo;
le contaba el Perdón
y el sufrir mío de dentro;
le contaba cuando oía,
por la noche en el silencio,
al hombre sin caridad,
ofendiendo a Dios del Cielo;
le contaba el sí y el no
que yo llevaba por dentro.
Siempre la terminación era
oírles yo esto:
¡Agustín, tú eres del Cielo!

Desperté, oí:

Este contar de este sí y este no,
era mi gran sufrimiento.

El “no debí pecar”,
era mi mayor tormento.

Y el no poder arrancar
de mi mente el mal ya hecho,
era lo que me ponía,
a mí, mi mismo tormento.

El sí, era la alegría,
que a veces tenía más peso.

Más peso porque podía
anular remordimiento.

Pero me ponía furioso,
si yo el sí no lo merezco.

Otra vez la misma lucha
de seguirte yo ofendiendo.

¿Quién soy yo para decir,
esto es mal, y esto bien hecho?

¡Ay Dios que quieres al hombre
aunque mal te haya hecho!

Esto lo supe por mí,
cuando Lo tuve en desprecio.

No te guíes del pecado
que otros vayan haciendo.
Pisa el tuyo con fuerza,
y entrarás en este Cielo.

AGUSTÍN DE MÓNICA


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Libro 5 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo I - C2