martes, 9 de agosto de 2016

La Nave del Maestro

En Sueño Profético vi una nave con dos puertas; una puerta estaba enfrente de la otra.

Dijo uno:

En esta nave, oí más de una vez al Maestro hablarles a sus Discípulos. En esta nave se sintió gozo y se enjugaron sus ojos los que oían al Maestro cuando decía los martirios que le tenía preparados el hombre. Él sabía el sufrir del Padre por estar en el Hijo, pero no podía hacer de Dios hasta que el hombre viera cómo había vivido Dios y la Muerte que el hombre a Dios le daba; cómo Dios quería al hombre, y cómo el hombre lo maltrataba; cómo Dios buscaba al hombre, y el desprecio que el hombre le tenía.

Aquí, en esta nave, se vieron muchos rostros tristes cuando tocaba hablar en estas Palabras:

Poco tiempo ya queda para que no me veáis entre vosotros. Poco tiempo os queda para que me busquéis y Yo os responda lo que mi Padre me dice, que ya Yo supe en la Gloria”.

Cuando esto oíamos,
no muy bien lo entendíamos,
pero mejor era no entenderlo.

Si alguno preguntaba
al que tenía de compañero,
el que había comprendido
no quería darle este sufrimiento,
pero si al otro veía
limpiarse con el pañuelo,
ya no quería palabras,
ya comprendía en los hechos.

Pues a pesar de todo,
si mirabas al Maestro,
te daba la fortaleza
de vivir sin alimento,
de sediento que si mira,
nota beber en venero.

Esta nave fue conocida
por “La Nave del Maestro”.

Desperté, oí:

No necesitó palacio,
este Dios cuando fue Hombre,
para enseñar su Palabra.

Una nave, y unos bancos
había alrededor, por dentro.

También había una mesa,
donde se ponía el pan,
comida y pocos platos.

Casi siempre era un lío,
lo que le llaman sustento.

Cada uno desliaba su lío,
y poniéndolo en medio,
se oían varias voces:
¡Ya podéis ir comiendo!

El que mejor la llevaba,
según de donde viniera,
se la ofrecía al Maestro,
para que Él la comiera.

El alargaba su Mano,
como Dios que allí no fuera.

¿Quién podía comprender,
que en Soplo el daba Vida,
y agua sin tú beber?

¡Y que era Vida Eterna,
y dejar de padecer!

Que el hombre después gritara:
¡Si eres Dios, baja de la Cruz
y castiga al hombre!

Nadie puede comprender,
si preguntas a Dios haces,
pero sí sabes que es Dios
cuando el sufrir se lo calle.

Se lo calle, dando tiempo,
para que puedas Salvarte.

Para comprender a Dios,
primero has de olvidarte,
de que no llevas razón.

De que no llevas razón
para a Dios preguntarle.

Deja el camino de Dios,
y haz por acompañarle.


***

Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - C8