domingo, 9 de octubre de 2016

Cuando la Enseñanza es de Dios

En Sueño Profético decían:

Cierto es que según tú eres, enseñas. Luego, viene el aprender o querer ensuciar la enseñanza, cuando es buena enseñanza, cuando la Enseñanza es de Dios.

Dijo una mujer:

Si las madres enseñaran al hijo a amar a Dios, y el padre no practicara lo que Dios no manda, llegaría el día que el pecado se acabaría por no tener vivienda.

Estas palabras siempre las oí en mi casa a mi padre, que era hombre de constante adoración a Dios y justo en los caminos del hombre. Era licenciado en derecho, y siempre andaba entre leyes. Se cundió cómo vivía y cómo hacía el trabajo, y más lo buscaban para consultarle antes de tener que buscarlo. A cada uno le hacía un historial de preguntas, y los enseñaba con ejemplos, y salían dando la razón y pidiéndole la cuenta. Nunca les dijo tal precio. “Déme lo que echara en su cuenta”. Si no tenían dinero porque era el exponer de una herencia, pronto se ponía de pie y decía: “¡Dios vaya en vuestra compaña! ¡Si heredáis, ya me pasaréis la cuenta!”. Si otros iban con pleitos que no estaban en regla, él no cogía ese trabajo; les ponía mil razones para que antes de irse a otro sitio, comprendieran que Dios no estaba delante, y ya era pleito perdido cuando dejaran la carne. El defendía la ley de primero a Dios amarle; segundo, enseñar a amar; y tercero, el respetarse. El dar ejemplo a los hijos, decía que había que premiarles, sobre todo al que llegaba sin cultura para nadie y preguntaba contento: “¿Habéis cumplido con Dios? ¿Habéis insultado a alguien? Que lo primero de todo sea para a Dios adorarle”. A éstos, decía mi padre, que había un premio que darles.

Desperté, oí:

Esta Enseñanza de hoy
es tan fácil el aprenderla,
que si la lees,
no aprendes sólo para ti,
la aprendes y también la enseñas.

¡Qué Paz daría este hombre,
dejando leyes en Tierra!
            
Cogía las de este Cielo,
y les aclaraba las cuentas
que no merecían los pleitos.

Él tenía su carrera
para acarrear al Cielo.

La Enseñanza la juntaba
de amiga con el ejemplo.

Si los mayores enseñan,
los chicos no hacen nada mal hecho.


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Libro 14 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo II - C1