miércoles, 10 de marzo de 2010

Cementerio - Libro Recopilación - Meditaciones y Palabras Directas con El Padre Eterno - Pag. 791-792


En Sueño Profético me presentaban muchas escenas: unas ocurridas, otras que estaban ocurriendo y otras que ocurrirían.

Vi un cementerio y explicaban cómo el hombre recordaba lo enterrado. Unos con llanto de amor; otros con llanto de cumplimiento; otros con llanto a la conciencia, sin poder esconder el llanto; otros lloraban el bien que al morir perdieron; y otros tenían el llanto al leer el testamento.

Ya dijo uno:

Son pocos los que lloran pidiendo la Gloria de éstos. Son pocos los que sufren pensando el sufrir que a Dios mandaron estos que se dicen muertos. Son pocos los que ayudaron a la curación del espíritu y después buscaron al médico. Son pocos los que siendo buenos, cuando tuvieron ahí vida, les dieron trato bueno.

Todo esto que se ha hablado en la Tierra se llama cementerio. Cementerio: casa triste donde se guardan los cuerpos, que de la mayoría ya no hay nada, sólo el sitio donde estuvieron hasta que pasó a polvo la carne sin movimiento.

Cementerio: casa triste o alegre en el recuerdo. Que en esa casa no entró el espíritu, que el espíritu está en la Gloria, donde la palabra muerte se nombra para que ahí entiendan cuando se habla de vivos o cuando se habla de muertos.

Cementerio: casa del bueno y del malo, donde todos juntos tienen entierro.

Aquí, en la Gloria, está la Casa de Dios, que es donde vive el espíritu. Pero Aquí no entra el malo. El malo tiene su sitio y no es como el cementerio, donde lees un panteón y sabes que era malo y junto a él ves y lees otra inscripción, ésta de un gran santo. Éste entra en el infierno, que es el cementerio del malo, del que no quiso ser bueno. Éstos jamás están juntos: los demonios con los santos. Los santos son los que viven en la Casa de Dios Padre, en la Casa de Dios Hijo y en la Casa del Espíritu Santo. Santo para la Tierra, que Aquí, en la Gloria, al ser del Padre no se precia decir Santo.

Desperté, oí:

Hablaban del cementerio
y de muchas cosas más,
pero al final yo oía cementerio.

A la casa de los malos
le decían Infierno.

Decían cosas en la Gloria
que nos las dictaron luego,
porque no serían comprendidas
y formarían revuelo.

Le formarían revuelo
los que las cosas de Dios
las tienen en el cementerio.

Este Mensaje te hace que pienses,
queriendo o no queriendo,
porque si hoy estás vivo,
mañana puede que otros te vean muerto.

Debería el hombre meditar
en la Gloria en lo primero,
y ya hablaría del cementerio:
sitio donde entierran los cuerpos.

Y que la pena se la dieran
el que despreciara la Gloria
con su mal comportamiento.


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