sábado, 22 de enero de 2011

Chaqueta destrozada, botón nuevo - Libro 5 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo I - Pag. 17-18-19


En Sueño Profético decían:

¡Qué falta hace la Enseñanza del espíritu!

El hombre, con su ignorancia, ofende a Dios. Esta ofensa es dándole preferencia a lo material, y ya, después, como un complemento, al espíritu, o sea, por si hay Dios.

Dijo Tomás:

Yo siempre vi querer más a un hijo, a aquellos padres que primero enseñaban al hijo a conservar el espíritu; a que el espíritu se comportara de acuerdo con las clases de la Escuela de Dios, clases que aprendes y nunca se olvidan. Esta Enseñanza es la que sirve, Enseñanza que siempre perdura.

El que se ocupa de lo material y deja lo espiritual como objeto en cuarto trastero, éste no cree en este Dios.

Aquí no puede decir: ¡Bueno…!, ¿para que quiero yo lo espiritual si tengo que morirme? Contestación a la pregunta: ¡Ahora es cuando te hace falta, cuando tú dices que mueres!

¡Ay, si morir fuera como tú quieres…!: el hombre no podría estar junto; se devorarían unos a otros. El Amor de los que aman templa y sujeta a los que no aman. Estos aman porque sienten a Dios. Este sentir viene de los Lugares que Dios habla en ellos.

Esta Enseñanza no debería extrañar, cuando es tan antigua como el comienzo del mundo. La Enseñanza del espíritu tiene que ser la primera, sin dejar paso a otra enseñanza.

No es de pensar humano, y ya dice mal del que diga o crea que es cristiano, el decir: “Ya, ¿para qué todo lo que hizo…? ¡Ya está muerto!”.

Pensar y practicar esto es no estar cierto de que existe Gloria, y alejamiento de Dios. Alejamiento de Dios, lugar con varios nombres y uno verdadero: “Lugar sin Dios”; sitio que coge el que no ama ni obedece al que Dios le habla.

El hombre, para amar, tiene que querer aprender.

Desperté, oí:

Si quieres, aprende, que esto es amar.

El hombre cuida su carne, y ofende a su espíritu dándole el mínimo de atención: chaqueta destrozada, botón nuevo.

El sufrimiento de Dios es que el hombre no quiera saber de su Gloria.

Y la lucha del hombre es no querer que Dios hable.

Aquí ve el hombre a Dios, y Dios no quiere que por Poder vean a Dios.

Esta frase la tenía yo siempre a flor de labios:

“Es pena que el hombre piense más en Dios por las sentencias que hay escritas, que por las Palabras de Amor que dice este Dios”.

TOMÁS DE AQUINO


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