miércoles, 10 de agosto de 2011

Premiados por Dios, maltratados por el hombre - Libro 7 - Investigaciones a la Verdad - Tomo I - Pag. 42-43-44


En Sueño Profético vi un grupo de gente. En este grupo había monjas, frailes y, unos, vestidos con vestimentas antiguas, y también había otros más o menos vestidos como hoy visten –entre ellos, niños–. Todos eran normales, cada uno en su vivir cuando tuvieron materia.

Dijo uno:

Todos éstos fueron premiados por Dios y maltratados por el hombre. Éstos, todos murieron de una forma normal, aunque ayudó el sufrimiento. Y éstos –y vi otro grupo–, los mató el hombre. Sacaron uno de todos aquellos y dijeron:

Éste fue destrozado y matado a pedradas. Esto lo pone el hombre como ejemplo de un deber que tenía que hacer el hombre, ya que el someterse era prueba de que Dios, a aquél, se manifestaba.

Aparecieron unos Pies clavados en una Cruz, y la Sangre caía al suelo. Dijo el mismo que explicaba:

¿Es que para ver era Dios, tenía el hombre que hacer que estos Pies fueran clavados?

Piense el hombre si Dios Padre así lo quiso, y si se hizo Hombre y se quitó el Dios sin Poder Poderoso. Pues si así no fue, y no vino para ser maltratado y crucificado, ¿cómo va a querer que al que Él elija para hablar de su Gloria, el hombre siga aún maltratándo?

¿Qué acusación el hombre le haría a Juan de Dios por su vida de Dios vivida en Él –esto en el enfermo y hambriento, el retroceso de Agustín en salvar pecadores, Tomás, en la Inmensa Teología, Domingo, en la sin igual predicación, Teresa, la mujer que salta todas las vallas que el hombre le pone, por cumplir la Palabra de su Dios; Amor de Fuego que corre, prendiendo el mismo calor?

Desperté, oí:

Dios te manda su Palabra,
no para que la juzgues tú.

Dios no quiere que maltrates
al que te hable de Aquí.

Dios quiere que te retires,
que eso ya es elegir.

Lo mismo que hizo Judas,
cuando vio que iba a morir.

Dios no deja ahí de hablar,
porque Dios es que vive Aquí.


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