lunes, 21 de noviembre de 2011

Sacrificio, alegría y pena - Libro 6 - Dios Manda en Su Gloria Que Enseñen - Tomo I


En Sueño Profético hablaban del sacrificio, de la alegría y la pena. Decían:

“El sacrificio existe donde falta el amor, donde el deber te obliga, donde tienes que cumplir unos mandatos que el hombre te ha impuesto y que tú haces sin amor, y entonces ya es sacrificio”.

Otro dijo:

“En las cosas de Dios no hay sacrificio, hay Amor, y ya el sacrificio lo conviertes en alegría, en alegría con gozo”.

Éste mismo dijo:

“Había una mujer en un pueblo de Samaria, que todo el mundo la conocía por “La mujer que a las cinco se levanta”. Este sobrenombre tenía esta mujer. Contaba, que si a ella la obligaran a no levantarse a esa hora, sería el sacrificio más grande de su vida. Contaba, que a esa hora rezaba y que sentía a Dios más cerca que en todo el resto del día; que su habitación la veía muchas madrugadas con Luz de Gloria; que una alegría y gozo la despertaba. Aquí era gozo para ella, sacrificio para otros”.

Seguía el mismo diciendo:

“La pena se va pronto donde hay Amor Divino. La pena entra y pronto es rechazada por el Amor. Dios no da penas, Dios no da sacrificio cuando tú seas de Dios”.

Desperté, oí:

Esta mujer madrugaba
y no era sacrificio.

Estaba tan elevada
su oración sin sacrificio,
que Dios mismo la llamaba.

Hijos pequeños tenía,
y ni se les despertaban.

Alegría iba dando
cuando amanecía el día.
Cuando la veían pasar,
de boca en boca se oía:
“¡A las cinco se levanta,
y siempre con alegría!”.

¡Cuánto tiene que amar a Dios
para hacer siempre esta vida!

Es sin duda elevación
lo que el grande Amor te obliga
a que hagas oración.

Pues si haces sacrificio,
es un cumplido con Dios.


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