domingo, 22 de mayo de 2016

Más os tengo que enseñar

En Sueño Profético decían:

Por mucho que se hable de esta Gloria, se dice muy poco, si comparas Gloria con Dios.

Yo soy uno de sus Discípulos y nunca me retiré de Él; supe mucho comparado con el hombre, pero nada comparado con el Saber de Él.

Cuando de noche nos retirábamos de su Presencia de Carne –porque en Espíritu siempre lo llevábamos–, decíamos: “Mañana practicaremos lo que nos has enseñado”. Y esta era su respuesta:

Mañana habrá otra Enseñanza. Cuando falte mi Carne, hablaréis y Yo os recordaré todo lo que os he enseñado, y mi Espíritu vendrá a seguir enseñando, porque todo lo que tenía que decir no lo he dicho, porque mi Tiempo se acaba, como se acaba todo cuerpo que es materia, cuando mi Padre lo manda, que mi Padre manda que suelte el espíritu la materia”.

“Pero en Mí, Yo soy el que mando; que ya lo hablé con mi Padre, y mi Padre es el que me llama”.

“Cuando Yo venga en Espíritu, recordaréis estas Palabras y más que oiréis de Mí, porque mi Padre siempre está mandando su Espíritu para enseñar al hombre. Ahora es mi Padre en Mí. Luego, Yo seré en el hombre, como fue antes de Yo estar aquí, que Vivía Dios, pero no de Hombre. Luego ya quedo de Dios, sin que ya me vea el hombre, que me verá con Materia cuando mi Padre hable de cuando estuvo en la Tierra, y hará Visión de Él cuando se presente en Esencia y en Potencia, pero no de Carne, como ahora todos me ven
”.

Todos quedamos sin contestar, y sabiendo el Maestro lo que íbamos a decir, se adelantó a contestar donde palabras no había:

Esta Enseñanza no es nada, sin comparáis que mi Padre está sin Cuerpo, y Yo en Cuerpo Soy mi Padre”.

Desperté, oí:

Ya que los Discípulos se creían maestros, vieron que no sabían nada.

Había días que era tan Grande la Enseñanza, que creían que al día siguiente resolverían lo fácil.

Ellos no comprendían que lo que giraba alrededor del Maestro, lo fácil se hacía difícil.

Se hacía difícil porque muy pocos amaban.

Al no amar, no comprenden, y ya viene lo difícil, que difícil lo hace el hombre.

Dios no deja la Enseñanza y se comunica al hombre.

Esto no debía de extrañar, porque Él le dijo al hombre: “Más os tengo que enseñar”.

Dios enseñaba a que amaran, y su Espíritu, para enseñar, no les faltaba.

La enseñanza en la materia, para el que la aprende, tiene fin, y se cansa aquel que enseña.

La Enseñanza de Este Dios, nunca acaba para el que quiera.

Y siempre ves que no sabes, si oyes al que Él enseña.


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Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - C8