En Sueño Profético decían:
Dios nunca puede equivocarse. Dios nunca quitará sus Palabras para poner otras mejores, porque si las hubiera mejores, habrían estado ocultas a su Sabiduría, y ya Dios no sería Único en Espíritu y en Cuerpo.
Aunque Dios es sólo Uno, Él hizo reforma cuando se hizo Hombre, pero a la materia, no al espíritu. Esta reforma fue enseñar, con su Presencia de Carne, igual que la del hombre, al hombre, con el ejemplo; enseñar que en Él todos eran sus hijos y que el Amor se repartiera como Él repartía la vida, sin diferencia de clases. Dios buscó a los pecadores y enseñó a quitar del que estaba pecando. Se hizo Servidor del hombre, para que cuando a Él Lo sirvieran, no pensaran que servían a Dios porque era Dios. Él quería que el servirlo fuera por Amor, no porque fuera Dios. Él quería que lo hicieran llegando Amor primero que acción. Si falta Amor, la acción queda incompleta, y la falta de Amor hace que el Amor no siga, y ya haces acción con diferencia de clases.
Desperté, oí:
Dios bajó a la Tierra a enseñar sus Palabras y a que las practicara la materia.
Ha dejar un Testamento Nuevo de Dios y de Hombre.
Porque el Antiguo Testamento era sólo de Dios sin Cuerpo, de Dios Espíritu, de Dios Palabra.
Él no bajó a borrar equivocación que, antes de hacerse Hombre, tuviera.
Pues si Dios es Único en Sabiduría y Poder y con sus Palabras hizo el mundo, ¿quién se atrevería a borrar una Palabras que hubiera dicho?
A todo lo que Él le puso nombre de pecado, quedará por siglos sin fin siendo pecado.
Él dejó grandes Palabras escritas que Aquí ahora dictamos:
“Amaos como Yo os he amado”.
“Perdonad si queréis ser perdonados”.
“El que no cumpla mis Palabras, no entrará en mi Reino”.
“Porque ya sabéis que vivo de Dios y de Hombre”.
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Libro 73 - La Palabra del Creador - Tomo VIII
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