martes, 8 de marzo de 2011

El espíritu hará que tu carne sienta menos dolor - Libro 5 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo I - Pag.141-142-143


En Sueño Profético hablaban de la enfermedad de la carne. Decían:

Si el espíritu lo tienes sano y la carne enferma, el espíritu hará que tu carne sienta menos dolor.

Yo, que tanto visité hospitales y mi vida era entre enfermos –enfermos que habían enfermado por falta de comida–, siempre vi dolerle menos la carne al que estaba su espíritu sano.

Estando un día vendándole a uno sus piernas –éstas con grandes llagas y con una supuración de olor corrompido–, me dijo:

―No crea que noto dolor. Quisiera, a veces, que algo me doliera para poder pensar en las llagas de Nuestro Divino Señor. Esto lo digo al de la cama tercera que padece esta misma enfermedad, pero que no es incurable. Su boca ofende a Dios tanto, que pido que su mal venga a mí, ya que el mal en mi carne se duerme.

Quedé con gana de llanto al oír a aquel moribundo.

Desperté, oí:

Éste tenía el espíritu ya con Dios
y dominaba la carne.

El de la cama tercera
dejó enfermar su espíritu
y se ocupaba de sus piernas.

Cuidaba lo que moría
y abandonaba lo Eterno.

Yo iba de cama en cama,
y diré mis sufrimientos:

Cuando veía la carne
sin poder seguir lo Eterno.

Y aún seguían ofendiendo
al que podía dar remedio,
remedio a lo material
y Gloria en la Eternidad.

Por muchos pobres pasé,
enfermos e incurables,
pero lo que a éste oí,
dicho con tanta dulzura,
no se oía repetir.

Cuando ya me retiré a dormir,
dormirme yo no podía.
Parece que oía decir:
“que el mal de él me venga a mí”.

¡Cuánto Amor a Dios tenía,
que antes de que Lo ofendieran,
él sus llagas le pedía!

JUAN DE DIOS


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