Mostrando entradas con la etiqueta Sienta. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sienta. Mostrar todas las entradas

domingo, 13 de noviembre de 2022

Lo buscará más el que sienta Paz su espíritu

En Sueño Profético decían:

Creerá más al que dice “Dios me dice”, el que más cumpla sus Palabras. Lo buscará más el que sienta Paz su espíritu.

Dijo uno:

El hombre no vivirá bien mientras no empiece poniéndole el primer cuido a su espíritu. El hombre, él mismo, desprecia la Paz de esta Gloria, que Dios manda para que el hombre no sea esclavo del pecado. El hombre ha cogido la Libertad que Dios le ha dado para ir en su contra, pero no para Amarlo. Si el hombre pensara en este pensar que Aquí dictan, lloraría, aunque nunca sus lágrimas hubieran bajado a su cara: “¿Qué falta le hago a Dios? ¿Para qué quiere mi ayuda? ¿Para qué quiere que no peque? ¿Para qué quiere que yo viva su Paz y que sea suyo? ¿Para qué se comunica, sabiendo que pocos Lo quieren, que desprecian a sus Elegidos y el llano lo hacen monte?”.

El hombre debería pensar lo que supondría para Dios –Poder Infinito y Eterno, que al Mando de su Palabra se hizo la Luz y el Mundo de Tierra– dejarlo en tinieblas.

Desperté, oí:

Aquí tiene para pensar el hombre: qué falta le hace a Dios.

Aquí, si el hombre meditara, vería la falta que le hace a Dios.

Hazte este pensar, que es corto: “Yo ya, desde hoy, no vivo”.

¿Crees tú que el mundo, sin ti, podría Dios seguirlo?

Pues si Dios se hace Pastor y manda apacentar sus ovejas, no le haces falta a Dios.

Es su Amor que no te deja, por si Le pides perdón después de tantas ofensas.

***

Libro 75 - Meditaciones y Palabras Directas con El Padre Eterno - Tomo VIII - C1

sábado, 27 de agosto de 2011

Nadie puede decir el sentir, como aquél que lo sienta - Libro 9 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo I - Pag. 170-171-172


En Sueño Profético decían:

Nadie puede decir el sentir, como aquél que lo sienta. Y nadie puede explicar un sufrir, como aquél que sufrir tenga. Hay cosas que el espíritu es tan dueño de ellas, que a nadie deja que lo explique, si no es su misma materia.

Las cosas del espíritu son tan grandes... son tan sencillas... son tan bellas... Pero siempre les da maltrato aquél que el Amor no sienta.

Dijo uno:

Amor con Amor,
nunca ha de tener quimera.

Amor con Amor, se une,
y ya da este Amor una fuerza,
que buscas sediento el sitio
donde el Arrobo se encuentra.

Ya el espíritu deja
que hable esta materia,
porque fue la que guardo al espíritu
antes que a la Gloria fuera,
y queda en un silencio,
obediente esta materia,
hasta que llegue el espíritu
con el Poder que Dios manda,
y da vida a esta materia.

Este alboroto con Paz,
no lo explica otra materia.

Esto quedará en los Libros,
pero el sentir, si no lo cuenta
el que recibe el arrobo,
tal vez el sentir se pierda.

¡Cuántas cosas hay perdidas
por no oírselas al que las sienta!

La Visión es comprendida,
pero el Sentir que Dios manda
con su Espíritu a una materia,
éste tiene que contarlo
el mismo que Arrobo tenga.

Desperté, oí:

Este mismo despertar
y seguir oyendo a Dios,
no lo pueden explicar
como el que Aquí despertó.

Es tan normal el pensar,
si se quiere comprender,
que no es lo mismo contar
lo que en otro se ve,
como que cuentes tú mismo
lo que sientes que no ven.

El sentir Mando y Amor,
esto queda sin decir
y sin dar explicación.

¡Cuántas cosas hay perdidas
de tantos que Aquí vinieron!

Luego vieron los Escritos,
y sin sentir los leyeron.

Luego se hacían preguntas
sin llegar a comprenderlos.

Todo era Poder de Dios,
escrito y con desprecio.
Desprecio que antes dieron
cuando llegaban diciendo:
“Yo veo la Gloria de Dios,
Dios me lleva Allí a su Reino”.

A veces salen miradas
de algunos que dicen “buenos”,
que en sus caras se queda
la ira que estaba dentro.

El sentir nadie lo explica
como el que lo está sintiendo.

Y al sufrir que tuyo es,
nadie le da el sentimiento
que tú darías al decir,
por ser un sufrir por dentro.

Para saber un sentir,
tienes que oírlo sintiendo.


***

martes, 8 de marzo de 2011

El espíritu hará que tu carne sienta menos dolor - Libro 5 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo I - Pag.141-142-143


En Sueño Profético hablaban de la enfermedad de la carne. Decían:

Si el espíritu lo tienes sano y la carne enferma, el espíritu hará que tu carne sienta menos dolor.

Yo, que tanto visité hospitales y mi vida era entre enfermos –enfermos que habían enfermado por falta de comida–, siempre vi dolerle menos la carne al que estaba su espíritu sano.

Estando un día vendándole a uno sus piernas –éstas con grandes llagas y con una supuración de olor corrompido–, me dijo:

―No crea que noto dolor. Quisiera, a veces, que algo me doliera para poder pensar en las llagas de Nuestro Divino Señor. Esto lo digo al de la cama tercera que padece esta misma enfermedad, pero que no es incurable. Su boca ofende a Dios tanto, que pido que su mal venga a mí, ya que el mal en mi carne se duerme.

Quedé con gana de llanto al oír a aquel moribundo.

Desperté, oí:

Éste tenía el espíritu ya con Dios
y dominaba la carne.

El de la cama tercera
dejó enfermar su espíritu
y se ocupaba de sus piernas.

Cuidaba lo que moría
y abandonaba lo Eterno.

Yo iba de cama en cama,
y diré mis sufrimientos:

Cuando veía la carne
sin poder seguir lo Eterno.

Y aún seguían ofendiendo
al que podía dar remedio,
remedio a lo material
y Gloria en la Eternidad.

Por muchos pobres pasé,
enfermos e incurables,
pero lo que a éste oí,
dicho con tanta dulzura,
no se oía repetir.

Cuando ya me retiré a dormir,
dormirme yo no podía.
Parece que oía decir:
“que el mal de él me venga a mí”.

¡Cuánto Amor a Dios tenía,
que antes de que Lo ofendieran,
él sus llagas le pedía!

JUAN DE DIOS


***