domingo, 6 de septiembre de 2015

Espíritu con cuerpo y sin cuerpo

En Sueño Profético hablaban del espíritu, de cuando vive con el cuerpo o de cuando ya dejó el cuerpo. Decían:

Cuando el espíritu vive con el cuerpo, es controlado. Si tu acción es del Mando de Dios, tu espíritu es mandado por espíritus de la Gloria.

Cuando los espíritus del mal ya no viven en materia propia, ellos buscan maldad o mala acción para allí acampar y ya ser visitantes de ese espíritu. Cuando ven ejemplo y vida de Paz, también intentan emborronar el bien o borrarlo. Pues para eso son estas Enseñanzas, para no dejar al espíritu con libertad, obligando a la materia a que vaya en contra de Dios.

Dijo uno:

Si tu acción es de Dios, y también por dentro –aunque ésta tan sólo la ve Dios–, ten por seguro que dejas al espíritu del mal en fracaso. Pero el hombre enseña al hombre a todo lo que está en contra de Dios, y ya es el hombre enemigo de Dios; bien con cuerpo o después de dejar el cuerpo, que entonces es cuando hace más daño a Dios, por no poderlo encerrar ni castigar el hombre.

Hombre malo con cuerpo: espíritus que luego vive libertad para hacer mal en materia débil, porque el espíritu ha admitido lo que no está en la Doctrina de Dios. Lo malo abunda porque el malo enseña a que se haga el mal. En cambio, el que es bueno y hace el bien, encuentra pocos para seguirlo. Y muchos buenos que no son buenos, al bien que hacen van persiguiendo.

Desperté, oí:

Si los buenos fueran buenos,
le podrían a los malos.

Si los buenos fueran buenos,
verían a los malos, malos,
y no nombrarían progreso ni adelanto.

Ni se nombrarían los tiempos,
ni se premiaría el pecado.

Los mismo que se ve al cojo
y al que le falta el brazo,
hace siglos,
desde el empiezo del mundo,
y se nombra cojo o manco,
lo mismo es el pecado.

La pierna, si falta, es cojo;
y manco, si falta el brazo.

Y al Infierno siempre irá
el que viva en el pecado.

Los buenos, que se creen buenos,
llevan a pocos a la Gloria,
porque a buenos no han llegado.


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Libro 16 - Dios No Quiere, Permite - Tomo II - C6