En Sueño Profético decían:
Tú sigue llevando este Mando, que este Mando a ti te manda. Que el oír es bien sencillo, cuando el oír no falta. Y el interpretar, difícil, porque ya no es la Palabra, es la manera que oíste y le pusiste palabras, y ya salieron dos frases, una buena y la otra mala, depende la interpretación que sonará en tus palabras. Palabra y Acción de Dios son de mil formas interpretadas.
Dijo uno:
Se van a citar Palabras dichas por el mismo Dios Hombre a los hombres en la Tierra:
– Haceos niños y entraréis en mi Reino.
El hombre de grandes estudios y que siempre había vivido aprendiendo, no podía interpretar que allí no le valía su “sabiendo”. La mayoría pensaban: ¿Pero cómo comprender un niño mejor que yo?...
–Yo he bajado de mi Reino para busca al pecador, no para el justo. Al justo lo quiere el hombre. Al pecador lo maltrata y deja que más se vean sus pecados. Y si puede los aumenta.
Ya muchos Lo ofendieron cuando dijo:
–El que Me quiera, coja su cruz y Me siga.
Él les dio a comprender, que no porque Lo siguieran, no tendrían sufrimientos. Él siempre les hablaba para la Eternidad. Les hacía comprender, dónde había Amor, que el camino de materia era corto. Y que estando con Él, el espíritu y el pensamiento quedaban purificados para vivir con Él en su Gloria.
Desperté, oí:
Al que Dios le manda, le hace interpretar antes de que lleguen Palabras.
Le hace sentir la Voz, sin que eco dé garganta.
Le da la Sabiduría para que el profesor aprenda.
Y la “Palabra de Dios”, si no es dicha por Él, la conoce y no respeta.
Dios la enseña para que lea lo que de Él recibe, dormida o despierta.
Y le hace publicar sin que el hombre intervenga.
¡Qué cierto que el Lenguaje de Dios, sin Amor, no hay quien lo entienda!
–Mi Reino no es de este mundo –dijo Dios, siendo el Dueño de la Tierra.
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Libro 73 - La Palabra del Creador - Tomo VIII