En Sueño Profético decían:
La constancia en las cosas de Dios va diciendo quién eres. Te da fuerza y consigues que más hombres sean como tú eres. La constancia te la da el Amor que a Dios le tengas, porque el Amor de Dios te mantiene y te da constancia y serenidad para que más hombres sean como Él quiere.
Dijo uno:
Mucho repetía Jesús, en su Enseñanza, estas Palabras:
“Sed constantes en lo que os estoy enseñando. Si así no lo hicierais confundirán mis Palabras con las palabras que cada hombre defiende. Mis Palabras y las de mi Padre son las mismas por haber un solo Dios y una misma Palabra, un solo Hijo y un Espíritu, que todo sale del Padre. El que aprenda lo que Yo enseño también enseñará, porque Yo le doy el Poder y las fuerzas”.
Y terminaba repitiendo:
“Sed constantes en las palabras y en la acción para que no confundan esta Enseñanza con la enseñanza del hombre”.
Desperté, oí:
Qué seguridad da el Mensaje leyendo el principio del Dictado.
La constancia en las cosas de Dios va diciendo quién eres.
Qué cierto que el hombre pasa todo el tiempo que vive reformando su enseñanza.
Aquí está la diferencia: Actuación y Palabras del Cielo o de la Tierra.
Apréndete las del Cielo, que siendo siempre las mismas, son dichas según el momento.
En el Amor te las cambia, en el sufrir te da aliento y, siendo el mismo Dios, cada día hay algo nuevo.
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Libro 68 - La Palabra del Creador - Tomo VII