En Sueño Profético decían:
Hay quien peca y hay quien disgusta a Dios.
Hay quien busca a Dios y hay quien con Él vive.
Hay quien pide el perdón y hay quien sufre por no llegar a pedirlo. Este último ama tanto que sufre, sube la cuesta de la vida y no le cuesta trabajo porque siempre está pensando:
– ¿Qué importa subir el cerro si a Dios lo siento a mi lado? Tal vez, si no lo subiera, viviría haciendo pecados y llegaría el momento de arrepentirme de todo el mal que hubiera hecho, que es el que estoy evitando.
Dijo uno:
– Este último que han nombrado soy yo. Yo viví vida con materia y el sufrir estaba siempre en mí acampado. Pero mi preocupación era: “Dios mío que yo no llegue a Pedirte el perdón, que sé que me perdonarías, pero cuánto sufrirías por culpa de mis pecados” Yo vivía tan feliz por mi cerro caminando y cuando ya no podía, porque me podía el cansancio, mirada echaba a Arriba y había veces que oía las pisadas de sus Pasos.
¿Cómo puedes hacer pecados si amas así?
Desperté, oí:
Cierto que Dios da el perdón a los pecados que hace el hombre, pero es mucho mejor vivir pensando:
Si peco, cuánto hago que sufra Dios. No sería yo el mismo antes de pedirle el perdón. Todo por no practicar las Palabras de este Dios, todo por querer vivir en separación de Dios.
Es mejor que el hombre piense:
Aunque Dios me dé el perdón yo no hago los pecados, no por mí y sí por Dios.
El pecado muchas veces se presenta cuando vas subiendo el cerro sin oír los Pasos de Dios.
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Libro 69 - Dios No Quiere, Permite - Tomo VIII